¡Estamos de vuelta!

publicado en: Asesoría LM, Grupos de apoyo | 0
La ciudad ya vuelve a bullir de actividad. El correo y el teléfono de Sina han empezado a recibir más consultas, algo que el verano había paralizado por el disfrute vacacional propio del periodo estival. Tres, dos, uno… ¡vamos allá!

Nuestro GAM en el centro de salud de Benimaclet se trasladó durante el mes de julio a un parque cercano, pero no hubo mamis que se aventurasen a acudir. Normal, ¡menudo calor hacía!

Así que, ahora que ya el centro de salud vuelve a abrir por las tardes, reanudamos la actividad del grupo de apoyo.

Te recordamos que estaremos en el gimnasio de la primera planta del Centro de Salud de Benimaclet (calle Guardia Civil. 13), los martes de 16.45 a 18.45 horas. Son bienvenidas las familias (sí, el papá, las abuelas, otros hijos también) tanto recientes, como menos recientes o en proyecto. No hace falta avisar, ni ser socia (aunque no vamos a negar que no nos viene nada mal en estos tiempos recibir aportaciones que nos permitan seguir promoviendo actividades de apoyo a la lactancia).

¡Así que os esperamos con ilusión!

Y os recordamos que nuestra labor es dar apoyo y ofrecer nuestra ayuda, pero ni convencer ni hacer seguir un camino que no haya sido decidido por la persona que acude a nosotras.

Cada lactancia es un mundo que construyen mamá y bebé. Nadie más.
Y cada lactancia es diferente.

Mamás de Sina X: Lidia. Año nuevo, vida nueva.

publicado en: Nuestras historias | 8

El año nuevo viene muchas veces cargado de incógnitas, de sorpresas y situaciones inesperadas. De ahí eso de ¡año nuevo, vida nueva! Sin embargo, para nuestra compañera Lidia sabemos que esta frase no va a ser sólo un dicho más, sino una realidad. Porque Lidia se va, cruza el charco y ¡lleva a Sina allende los mares! Como despedida (que no es más que un hasta luego, pues la distancia la salvaremos con la cercanía que dan las nuevas tecnologías) nos deja este regalo: su historia en Sina.

¡Hola! Me llamo Lidia y os quiero contar los últimos cuatro años de mi vida, muy ligados a Sina; pero para ello, me tengo que remontar algo al periodo anterior. Así que ¡ahí va!

Encontré esta asociación (dicho así no refleja el oasis de apoyo que es) durante mi segunda y última mastitis. Hacia 10 meses que había vuelto a Valencia, después de haber vivido cinco años intensos y felices en Alemania. Nos fuimos tres: mi marido, nuestra perra y yo, y volvimos cuatro: los tres que nos fuimos y nuestro hijo, Yago, de cuatro meses y medio.

El apoyo que recibí en mi parto y postparto fueron geniales. Parí en la semana 41 + 1 en un parto espontáneo, largo, pero sin prisas. Mi matrona, que elegí yo tras hacer una entrevista con ella y ver que congeniábamos, me visitó en mi casa diez veces, todo incluido en la cobertura de la Seguridad Social alemana. Y fue una bendición, pues, por la micrognatia de mi hijo y por compensación, tuve hipergalactia. Mi pecho producía muchísima más leche de la que mi hijo necesitaba. Esto nos causaba a mi hijo y a mí verdaderas molestias: a él gástricas y a mí en el pecho. Gracias a la atención de mi matrona y de una de sus compañeras de profesión, evité la mastitis y pude reducir mi producción (desde aquí gracias a Silke y a Jutta por todas sus atenciones y a las mamás del grupo de crianza de Ingelheim).

Así pasó un mes y medio. Mi hijo acababa de cumplir los seis meses. Un día, sábado para mayor desgracia, con los centros de salud cerrados, me comencé a sentir mal y a tener mucho dolor y fiebre. Supe enseguida que era la tan temida mastitis. Así que cogimos al niño y nos fuimos al hospital. Me hicieron un análisis de sangre y me miraron el pecho afectado (por suerte el otro resistió). Me recetaron amoxicilina y me dijeron que no le amamantara del pecho afectado. De ahí me remitieron al centro de salud para que fuera el lunes siguiente. Por suerte yo ya había leído sobre lactancia y decidí no amamantarlo de un solo pecho. Cuando vi a la matrona, me dijo que le podía dar sin problema de ambos. Con el tiempo, me di cuenta que esta matrona no tenía realmente muchos conocimientos, pero alguno sí, pues me aconsejo bien, mucho mejor y bastante más acertadamente que en urgencias. Además fue muy amable, cosa que no me ocurrió la segunda vez que tuve mastitis, ya que su compañera en el centro de salud no me quiso atender. ¿Cuál fue su explicación? ¡Que ella solo veía a mamás con bebés de menos de dos meses, y el mío tenía diez meses! ¡Qué escándalo!, ¿no? Lo bueno en esta segunda mastitis es que yo ya no estaba tan desubicada en el tema, así que en lugar de ir a urgencias de Medicina General, me fui a urgencias de Materno-infantil, y me atendieron muy bien y acertadamente.

Y ahí fue cuando comenzó la relación con Sina. En la sala de espera de urgencias había folletos de La Liga de la Leche. Cogí uno y llamé al día siguiente. Al estar ellas fuera de Valencia, me remitieron a Sina. Y les doy mil gracias. De hecho, haciendo un trabajo en mi formación de asesora, pude contactar de nuevo con ellas y agradecerles esa ayuda, breve, pero vital para mi. Y así fue como contacté con Sina, con Nina (¡mil gracias Nina!). Quedó conmigo en medio de la vorágine de las Fallas y me atendió muy bien. Quedé tan contenta con su ayuda y con el apoyo integral que recibí que comencé a ir todas las semanas con mi bebé.

Hice muy buenas amigas y lo que me aportó como mamá, no tiene precio: amistad, compañerismo, apoyo entre mujeres, entre mamás, un lugar donde podía ser yo, con mis penas y mis glorias, con mis angustias y miedos, sin ser juzgada, dijera lo que dijera. Pude expresar todo lo que saca la maternidad en una mujer, lo bueno y lo malo. En una frase sencilla pero profunda: me sentí arropada, aceptada. En ese tiempo, comencé a leer cada vez más sobre lactancia, a escuchar cómo asesoraban, a acudir a charlas y formaciones. Al principio lo hacía para saber más sobre el proceso que estaba viviendo y para averiguar el por qué de las dificultades que me encontraba y así superarlas mejor. Y sin darme cuenta me vi comentando con otras mamás sobre sus dificultades, aconsejándoles con lo que yo iba aprendiendo, a un nivel todavía muy básico, pero ya asesorando.

Entonces fue cuando me tentaron a ser asesora, a formarme más. Y yo me dejé tentar, con miedo pero con mucha ilusión. Así que hice el curso de Fedalma y comencé a escuchar con más consciencia cómo asesoraban mis compañeras. Me daba mucho miedo meter la pata con alguna mamá, pero me dio mucha calma saber que trabajamos en equipo. Si tenía alguna laguna o duda podía buscar información por escrito, llamando a las compañeras que estaban mejor formadas o tenían más conocimientos en un área o, llegado el caso, derivar para que fueran atendidas por profesionales de la salud. Y salió todo bien.

Ser asesora de Sina es una de las cosas que más felicidad me ha aportado en la vida. Es cierto que es una gran responsabilidad. Pero también es cierto que, como he comentado, no estás para nada sola. Formas parte de una bellísima comunidad de mujeres muy competentes, muy humanas y muy bien preparadas, que tienen un reciclaje y una actualización de conocimientos constante. Formas parte de una red de ayuda mutua que aporta mayores garantías y objetividad que si estuvieras sola. Y el aporte humano, como he dicho, va más allá de las palabras.

A mí, Sina (y ahí incluyo tanto a las compañeras como a las mamás, papás, niños y bebés que he conocido) me ha dado más de lo que he aportado, ¡mucho más! Como le digo últimamente a las mamás, esto es una cadena de favores. A mí me han ayudado a que yo sea la que resuelve las dificultades que me voy encontrando, me han dado las herramientas para ello y yo, igual no he devuelto al favor a las mismas personas, pero sí a otras. Y éstas lo harán a la vez con otras diferentes. Así lo vivo yo.

Así que, ¡muchas gracias a todos los que han recorrido este camino conmigo! No os olvidaré nunca, a cada uno de vosotros. Y como veis, no añado apenas nombres porque no quiero despistarme y dejar algún nombre por el camino. Pero voy a romper esta norma. Quiero agradecer a dos personas haber recorrido este camino conmigo.

¡Gracias Víctor! ¡Gracias Yago! ¡Os quiero con toda el alma!

Ahora, mi camino cambia de rumbo. Nos vamos a vivir a Ecuador, pero no voy a decir adiós, no. Voy a seguir siendo socia voluntaria de Sina. El único cambio es que ahora Sina va a tener grupo de apoyo en América, ¡nos hacemos internacionales! Así que, sólo digo, ¡hasta la próxima!, que virtualmente será muy pronto.

Besos a tod@s y hasta pronto.