Cuando lo natural se convierte en espectáculo

Una portada de revista con una madre amamantando a su hijo de tres años, un presentador probando la leche materna directamente del pecho de una madre invitada a su programa, una famosa declarando que amamantará a su hijo hasta que empiece la universidad

Hace pocos años, las mujeres que lactaban eran denostadas, criticadas, señaladas. De un tiempo a esta parte, la lactancia se ha convertido en espectáculo de masas.

De ser algo que se ocultaba, de lo que no se hablaba en público, a la televisión y al papel cuché. Ninguna postura beneficia, porque la lactancia materna ni es buena ni es mala, es lo natural.

Imaginemos todas estas situaciones teniendo de protagonista a otra función biológica, pongamos el embarazo. Imaginemos un mundo en el que los niños se crearan en un laboratorio. Imaginemos un grupo de madres que defendieran su naturaleza de mujer y decidieran gestar a sus hijos y disfrutar de su embarazo.

Imaginemos el capital que moverían esos laboratorios, los intereses económicos que habría detrás de todo ello. Consideremos un marketing que consiguiera hacer creer a las mujeres que no son capaces de crear vida, de que el embarazo es un fastidio que se puede evitar y así la figura femenina permanece inalterada.

Pensemos en esas madres que optaran por una gestación normal. ¿Cómo las vería el resto de la sociedad? Snobs, raras, extremistas… Sería difícil para ellas llevar a cabo un embarazo placentero pues a la primera molestia alguien vendría a recordarles que es que se habían empeñado en un absurdo. Que si no salía bien no tenían porqué sentirse mal pues otras opciones eran posibles.

La mayoría de los profesionales de la salud dejarían de estar formados en el tema de la gestación. Ya no haría falta saber sobre ese asunto y, cuando una gestante se acercara a sus consultas con algún problema con su embarazo que las preocupase, no sabrían cómo atenderla, le darían pautas erróneas y llegarían incluso a menospreciar su decisión de ser madres gestantes, borrando también de un plumazo su derecho al duelo si su sueño se viese truncado.

Estas mujeres se agruparían, tratarían de encontrar lugares en los que compartir con iguales sus experiencias, sus inquietudes, lugares en los que buscar apoyo. Lugares en los que hubiese mujeres que, como ellas, pensaran que el embarazo es bello, que no sólo es posible sino lo natural, pues para eso somos mamíferas, y las acompañaran en su proceso, haciéndolas sentir bien con su cuerpo, disfrutar de su momento, vivirlo plenamente.

Y cuando, además, la ciencia empezara a tratar de demostrar que la gestación es lo óptimo (¡qué absurdo, tener que demostrar que lo natural es lo más recomendable!), que conlleva beneficios tanto para la madre como para el hijo, se iniciaría el cambio.

Volverían las mujeres a vestir ropa que no tratara de esconder su tripa llena de vida. ¡Qué escándalo!

Y los medios, empezarían a mostrar interés en esta nueva tendencia… Una mujer saldría en la portada de una prestigiosa revista enseñando su barriga de 41+6 semanas, una presentadora de televisión decidiría ponerse una barriga de embarazada falsa para saber qué se siente, si pesa mucho, si la figura cambia tanto; una famosa declararía que iba a mantener su gestación hasta la semana 40.

¿Contribuiría esto a normalizar la gestación?

¿Qué intentaban la revista Time, el presentador holandés y Shakira? ¿Su momento de gloria, provocar, escandalizar? ¿O pensaban realmente que estaban favoreciendo a la lactancia?

En el camino hacia la normalización de la lactancia, los cambios deben producirse poco a poco, sin sobresaltos, sin aspavientos, sin desnaturalizar lo que es un acto biológico, común a toda la especie y, por ende, natural.

La lactancia no es ni una moda, ni una rareza promovida por un grupo de mujeres, es un proceso biológico propio de los mamíferos.

No confundamos, por favor.

Lactancia materna y caries

Os hacemos llegar un nuevo artículo de la Dra. Irene Iglesias, odontóloga que tuvimos la oportunidad de escuchar el pasado 17 de noviembre de 2012 en la charla que organizamos con ella sobre Odontopediatría y Lactancia y que, además, publicó en diciembre de 2011, en nuestra web, una entrada sobre caries del biberón (que puedes consultar aquí).

 

LACTANCIA MATERNA Y CARIES

 

Todos sabemos de los beneficios de la LM para la salud del niño, de la prevención de muchas enfermedades (diabetes, obesidad, asma…), además de la sensación de afecto y protección que proporciona al niño. También conocemos los beneficios sobre la madre, ya desde el mismo momento del parto pero también a largo plazo.

La OMS recomienda amamantar mínimo 6 meses y hasta los dos años, pudiendo prolongar la lactancia cuanto deseen madre e hijo.

Sin embargo, muchos profesionales consideran que las caries infantiles se deben a la “lactancia prolongada”, haciendo creer que esto es una moda, y que propicia el desarrollo de las caries de la infancia temprana. Muchos, de hecho, confunden caries de la infancia temprana con “caries del biberón” y para ellos es exactamente igual amamantar que dar el biberón.  Vuelven la vista hacia el hecho de que el destete natural en la especie humana ocurre entre los 2 y los 7 años, y que todo lo que sea destetar antes de los dos años es un destete precoz. ¿Podría ser que en esta ocasión la naturaleza se haya equivocado? ¿Podría ser que la naturaleza provea de dientes a los niños y sin embargo la LM los destruya poniendo en riesgo la salud y la vida de los niños?

Fijémonos en los animales: ¿hasta cuándo maman los animales? En su ambiente natural hasta que les parece oportuno. ¿Tienen caries los cachorros? No. Los veterinarios ven caries en animales cuya dieta se ha “humanizado”, con dueños que les proporcionan alimentos que no son propios para animales

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Hablemos de las caries.

Para encontrar una respuesta, veamos qué son las caries: llamamos caries al proceso destructivo del diente que tiene lugar como consecuencia de la desmineralización de la superficie dental. Esta desmineralización ocurre debido a que las bacterias se alimentan de los restos de glucosa que se quedan depositados sobre la superficie dental. Las bacterias metabolizan la glucosa y como producto eliminan ácidos, que son los que van destruyendo el esmalte, primero produciendo una mancha blanca, que se puede remineralizar, y luego penetrando ya en el diente. Por tanto para que haya caries tienen que concurrir varios factores:

  • Que haya dientes: cuando aún no ha erupcionado ningún diente no se puede producir una caries. Aún así se insiste en que se limpien las encías con una gasita.
Streptococcus mutans, uno de los microorganismos de la placa dentobacteriana
  • Que haya bacterias: sólo con que haya azúcar pegado en los dientes no se provoca caries. A un diente sumergido en un azucarero no le pasa nada. Pero las bacterias están, y no aparecen por generación espontánea: ¿de dónde proceden las bacterias que inician y hacen que progresen las caries? Pues de la madre y de los cuidadores: el hecho de probar la comida nosotros primero antes de dársela al bebé, el soplar la comida para que no queme y el dar besos en la boca al niño, sobre todo si la madre ha tenido o tiene caries activas en el último año está demostrado que es un factor de ALTO riesgo para la aparición de caries en niños menores de 3 años, ya que inoculamos involuntariamente las bacterias en la boca del niño. Por otra parte, las bacterias sobreviven de los azúcares que introducimos en la dieta: nuestra dieta actual está plagada de azúcares refinados que ni nos damos cuenta que comemos. Los alimentos con más de un 14% de azúcar son de ALTO riesgo de caries. Cuando un niño empieza con la AC ¿qué comenzamos a ofrecerle? Normalmente plátano, papillas, galletas, zumos. Todos estos son alimentos de alto riesgo. Los dientes recién erupcionados tienen el esmalte aún sin terminar de mineralizar, por tanto son mucho más susceptibles a los ácidos. En ese momento precisamente es cuando más debemos evitar el contacto directo con sustancia azucaradas como zumos.
  • El tiempo durante el cual las bacterias están adheridas al diente es fundamental: no es lo mismo comer un donuts y luego un puñado de frutos secos que al revés. Los alimentos duros realizan una labor de arrastre y ayudan, junto con la saliva, a eliminar los restos más pegajosos. Terminar de comer con un pedazo de tarta no es lo mismo que con un trozo de queso. De la misma manera, no es lo mismo que el ataque de las bacterias tenga lugar 5 veces al día que 17. El tiempo en el que el riesgo es mayor son los primeros veinte minutos tras haber comido. En esos primeros  minutos es cuando hay que lavarse los dientes. Pero la frecuencia con la que nos expongamos al riesgo es importante, así como el tiempo de contacto, aumentado en alimentos más pegajosos.
  • Y, finalmente, los factores de resistencia individual del paciente como la cantidad de saliva (reducida en ciertas enfermedades, o con el uso de medicamentos como corticoides comúnmente utilizados para el asma), un esmalte deficiente de forma congénita, una anatomía irregular de la superficie dental y otras circunstancias individuales pueden predisponer al niño a tener más caries. Aquí la higiene dental, el aporte de flúor y la conveniencia o no de colocar selladores oclusales juegan el papel más importante, pues estas medidas está demostrado que disminuyen drásticamente el número de caries presentes.

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Entonces, ¿qué papel juega en todo esto la LM?

Vamos a ver qué factores juegan a favor de la LM en cuanto a la boca:

  • Al mamar el niño aprende a respirar por la nariz, lo que hace que se estimule el crecimiento del tercio medio de la cara.
  • File:Breastfeeding.gifLa lactancia hace que al mamar la mandíbula se desplace hacia atrás y adelante, disminuyendo el retrognatismo mandibular fisiológico del recién nacido.
  • Los bebés cuanto más tiempo son amamantados menos se chupan el dedo o recurren a chupetes: hay una relación inversa entre el tiempo de lactancia y los hábitos bucales nocivos.
  • El bebé es capaz de controlar la longitud del pezón, su flexibilidad y el flujo de líquido, cosa que no puede hacer con tetinas ni chupetes.

Y concretamente, en cuanto a la caries:

  • El pezón se coloca al final de la boca, en el límite entre paladar duro y paladar blando. No toca los dientes, cosa que sí sucede con los biberones. 
  • Si el pezón no es ordeñado no sale leche de forma continua. Aunque el bebé se duerma con el pezón en la boca, la leche no sigue saliendo. No se queda leche desbordando la boca. En el mismo acto en que el pezón se exprime, la leche es ingerida. Con el biberón sí existe ese riesgo, y de hecho es el mayor peligro
  • La lactosa es el azúcar que tiene la leche. Este azúcar se metaboliza en los dos monosacáridos que lo componen gracias a la lactasa, una enzima que se sintetiza en el intestino delgado. De esta forma en la boca no hay glucosa, las bacterias no obtienen glucosa de la lactosa en la boca, sino que la obtienen de otros azúcares como la fructosa. El riesgo pues es debido a la alimentación complementaria, no a la LM. En cualquiera de los casos, la lactosa es el azúcar menos cariogénico que existe.
  • La leche materna contiene enzimas e inmunoglobulinas que inhiben el crecimiento de las bacterias que producen caries así que, de hecho, la leche materna previene la caries.
  • La leche materna en realidad hace que se deposite calcio y fósforo en el esmalte. No causa una disminución significativa en el pH, al contrario de lo que piensan muchos dentistas. La leche humana no es cariogénica a menos que haya algún otro azúcar fermentable introducido por la dieta.

En un paciente que no mama, y más en los niños, el ver que el niño está “todo el día” comiendo induce a pensar que está sufriendo un ataque ácido detrás de otro. Al dormir disminuye la producción de saliva con lo cual el arrastre de restos de comida se reduce al mínimo, y de hecho cualquier resto se queda adherido al diente hasta la mañana siguiente. Esto supone aumentar muchísimo el riesgo de caries. El niño que se duerme sin cepillarse los dientes es el perfecto candidato para tener caries.  El dentista siempre ha de insistir en que hay que cepillarse los dientes antes de irse a dormir, tanto niños como adultos. Pero el niño que mama es diferente. No es un adulto chiquitito. No funciona igual. No es extrapolable. Si simplemente el único cambio en la conducta de la madre y el niño es suspender la lactancia, no va a mejorar ni a disminuir el riesgo de caries. Mamar por la noche no supone de ninguna manera el mismo riesgo que dejar el biberón colgado de la boca del niño por la noche.

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Entonces ¿Por qué me hijo tiene caries? ¿Qué puedo hacer ahora?

Las caries aparecen porque el equilibrio entre desmineralización y remineralización se ha roto. La boca se ha convertido en un entorno ácido.  Hay que ver por qué. Hay que estudiar qué come el niño, cada cuánto, cómo están las bocas de sus padres y cuidadores, si come alimentos protectores contra la caries o no, y en cuyo caso introducirlos. Comprobar que la higiene bucal es buena y si es necesario aportar flúor en la pasta de dientes o en barnices o como sea mejor para él. Hay que estudiar muy pormenorizadamente todos los hábitos. Y mamar no es un hábito. Ni bueno ni malo. Mamar es una necesidad. Cuando se hayan controlado todos los factores externos anteriormente comentados, nos daremos cuenta que la LM no juega un papel decisivo en el inicio ni el desarrollo de las caries.

Es importante ser conscientes de que un niño con caries de aparición temprana (las que aparecen en menores de 3 años) es un niño con alto riesgo de caries, es decir, con riesgo de tener tres o más lesiones cariosas al año. Pero es más importante aún cuidar las piezas que no tienen caries, y de hecho eso es lo más fundamental, crear un entorno en la boca que permita que el resto de piezas libres de caries, incluyendo las que aún no han erupcionado, las definitivas, sigan libres de caries.

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Irene Iglesias Rubio

Odontóloga (nº Col. 40005606)

 

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:

  • Ramos-Gomez FJ, Weintraub JA, Gansky SA, Hoover CI, Featherstone JD. Bacterial, behavioral and environmental factors associated with early childhood caries.J Clin Pedi Dent 2002;26(2):165-73
  • Brambilla E, Felloni A, Gagliani M, Malerba A, García-Godoy F, Strohmenger L. Caries prevention during pregnancy: Results of a 30-month study. J Am Dent Assoc 1998;129(7):871-7.
  • Ercan E, Dulgergil CT, Yildirim I, Dalli M. Prevention of maternal bacterial transmission on children’s dental caries development; 4-year results of a pilot study in a rural child population. Arch Oral Biol 2007;52(8):748-52.
  • Isokangas P, Söderling E, Pienihäkkinen K, Alanen P. Occurrence of dental decay in children after maternal consumption of xylitol chewing gum: A follow-up from 0 to 5 years of age. J Dent Res 2000;79(11):1885-9.
  • Köhler B, Andréen I, Jonsson B. The effects of caries preventive measures in mothers on dental caries and the oral presence of the bacteria Streptococcus mutans and lactobacilli in their children. rch Oral Biol 1984;29(11):879-83.
  • Erickson PR, Mazhari E. Investigation of the role of human breast milk in caries development. Pediatr Dent 1999;21(2):86-90
  • Reisine S, Douglass JM. Psychosocial and behavioral issues in early childhood caries. Comm Dent Oral Epidem 1998;26(suppl 1):32-44.

 

 

 

El mío se micro-despierta, ¿y el tuyo?

Es la pregunta del millón, una de las razones por las que las familias acuden a los grupos de apoyo, la causante de los desvelos (y nunca mejor dicho) de millones de adultos: el sueño infantil.

A algunos padres les es difícil entender que los bebés nacen con un patrón de sueño totalmente distinto al de un adulto. Sin embargo, sí que son capaces de ver que en un recién nacido las necesidades de alimentación, el crecimiento, el desarrollo físico y neurológico están a años luz del de una persona madura (a nadie se le ocurre dar una paella a un bebé de una semana o poner a andar a un bebé de dos meses).

¿Por qué esperamos que nuestros bebés duerman igual que un adulto si los seres humanos tenemos diferentes patrones de sueño según nuestra edad (y las circunstancias vitales que nos rodean en cada momento)?

Todos entendemos que cuando el ser humano llega a la vejez, el patrón de sueño se altera. Sabemos que las personas mayores suelen pasar más horas de vigilia, duermen menos y que el hecho de que esto ocurra no es patológico (estamos hablando de mayores de 70 años).

Cuando somos padres, nuestro sueño se vuelve más ligero. Es propio de la especie el que la madre mantenga una cierta vigilia y se despierte al menor indicio de que su bebé no respira o cuando siente que algo no va bien. Y esto tampoco lo vemos como un signo de enfermedad.

Calm¿Y el bebé? El recién nacido viene de un lugar, el seno materno, en el que ha pasado nueve meses comiendo cuando lo necesitaba, durmiendo lo que su cuerpo le pedía, viviendo en una temperatura constante y alejado de sonidos que le alterasen. Cuando nace, llega a un medio en el que pocas madres mantienen durante un tiempo las condiciones que el bebé tuvo en el útero. No hay proceso de adaptación: del medio líquido en el que el bebé era mecido por el movimiento del líquido amniótico, arrullado por el murmullo de la voz de su madre, tranquilizado por el sonido de su corazón, mantenido en una temperatura idónea, pretendemos que pase a una cuna, sin contacto humano, donde le rodea aire (en la tripa de su madre se sentía abrazado y contenido), donde no tiene cerca a quien es para él la persona más importante del mundo. Y es la más importante, no sólo porque a su entender es la que le ha dado la vida y le ha acompañado todo este tiempo, sino porque es la única conocida para el bebé y, por ende, la única que para él sirve de intermediaria entre el mundo y él. La madre es la que ostenta en la conciencia del bebé su salvación; de ella depende su vida, pues él no entiende de objetos de silicona, ni de osos de peluche, ni de sábanas de hilo o mantas mullidas. Para el bebé, un ser con un instinto intacto, que se mantiene igual que hace millones de años, la madre es la que representa el alimento, la seguridad, la vida en oposición a la muerte. Una muerte que sobreviene al estar indefenso, y si la madre no está cerca, él se siente desamparado, pues su cerebro, ante la desaparición de la madre, sólo entiende que ella ya no está, pero no es capaz de inferir que volverá o que esa desaparición es pasajera.

El recién nacido nace incapacitado para desplazarse e ir en busca de alimento. Es de los pocos mamíferos que horas después de nacer no son capaces de sostenerse en pie. En la experiencia con animales, entendemos que si una perra se aleja de los cachorros, éstos giman reclamando su presencia y su calor, se detecta su miedo (el depredador puede acechar o, si la madre ha desaparecido y no vuelve, acecha una muerte certera). ¿Qué nos hace pensar que nuestro bebé tiene un instinto más evolucionado? El instinto de supervivencia funciona de la misma manera para todas las especies: el ser que se siente indefenso pide que su entorno le sostenga y ampare. Y esto es lo que siente nuestro bebé y hace que reaccione llorando (como si la cuna tuviera pinchos) cada vez que lo dejamos en ella.

Ethel Barrymore, 1879-1959En las consultas sobre cuestiones de sueño infantil, gran parte del problema real radica en las expectativas y la información errónea de los padres. Los manuales sobre el sueño abundan en los estantes de la sección de crianza de las librerías y suele ser también uno de los tipos de libros más presentes en todas las casas donde hay un recién nacido. Pero no todos los libros basan su información en la evidencia científica. Ello es causa de malos diagnósticos y contribuye a que convirtamos en patológico un comportamiento absolutamente sano y natural. Muchos bebés son amaestrados en base a técnicas conductistas que tratan de paliar problemas de sueño que no son tales y las consecuencias de aplicar estos métodos duran toda la vida. Sirva como ejemplo este estudio llevado a cabo sobre el estrés acumulado durante la infancia (el uso de estas técnicas de adiestramiento lo primero que genera es estrés) y las enfermedades autoinmunes en la vida adulta.

Cuando unos padres relatan angustiados que su bebé no duerme, hay que valorar ese “no duerme”. ¿Cuántas horas duerme en total durante el día? ¿Si se despierta y es atendido de inmediato, sigue durmiendo? ¿Qué edad tiene el bebé? ¿Qué consideran los padres que debería hacer su hijo o hija?

En un niño, las fases de sueño distan mucho de seguir el mismo patrón que las de un adulto (en el libro “Dormir sin lágrimas” de Rosa Jové viene muy bien explicado). Si tenemos esto en cuenta, sabremos distinguir un micro-despertar, de un despertar. Un micro-despertar es una fase del sueño que se da siempre, pero que se aprende a gestionar con el tiempo. En un adulto, se observa que es el momento durante el sueño en que la persona cambia de postura, se tapa o destapa, se rasca… Un bebé, cuando llega a este punto de micro-despertar, busca succionar para volverse a dormir: es lo que le tranquiliza y lo que a nivel neurológico necesita. Si el bebé tiene fácil esa succión, su micro-despertar no pasará de ahí; si no encuentra el medio de calmarse, se despertará.

Bebe mamaMuchos padres, al observar este comportamiento, consideran que esto no debería prolongarse demasiado en el tiempo (es frecuente que empiecen a plantearse este tema en algún momento durante el primer trimestre de vida del bebé). Piensan que el niño se puede malacostumbrar y que pasará a ser un adulto incapaz de gestionar su sueño. No es así. El bebé que ve satisfecha su demanda es el que aprende a gestionarla. A medida que su conciencia del mundo que le rodea aumenta, va integrando la nueva información y va comprendiendo poco a poco que mamá no siempre está a mano pues es un ser separado de él, que si la necesita acudirá a su llamada (pues es lo que debemos hacer ya que así se sentirá seguro) y, paulatinamente, irá necesitando cada vez menos la presencia de la madre mientras duerme. Las palabras clave son “poco a poco” y “paulatinamente”; esta adaptación dura varios años.

Sin embargo, ¿qué ocurre si el bebé se despierta, no siente a su madre, llora angustiado y su llamada no es atendida? Pues pasará que el bebé, al cabo de un tiempo, aprenderá que mamá no siempre está cuando él la necesita, se sentirá inseguro y abandonado, considerará que tiene que enfrentarse él solo a un entorno hostil sin tener cerca a la persona en la que confía (y estas enseñanzas las extrapolará a otras situaciones); aprenderá a callar y a soportar (que no gestionar) su estrés y su miedo en silencio, pero no aprenderá a dormir.

No hay que enseñar a dormir; hay que acompañar al que duerme.

En la blogosfera maternal estamos de enhorabuena: acaba de nacer una web, El debate científico sobre la realidad del sueño infantil, en la que toda la información sobre el sueño infantil, basada en la evidencia científica, se publica y mantiene al día. Sus autoras, María Berrozpe y Gemma Herranz, madres y doctoras en diferentes disciplinas, han creado este espacio en el que os recomendamos bucear.

Como dicen las autoras en su presentación: “no hay verdadera libertad de elección sin formación e información”.

¡Feliz lectura y felices sueños!

Leche materna y contaminación ambiental

Hace unos días nos desayunamos con un nuevo descubrimiento en la red. No era el resultado de ninguna investigación, sino un artículo de un diario basado en las erróneas conclusiones que su autor ha sacado a raíz de la publicación de un estudio científico.
Pero no sólo el artículo del diario es un cúmulo de despropósitos y errores de interpretación, sino que su titular lleva a un alarmismo sin fundamento.
Ahora viene la adivinanza: ¿a qué afectaba este artículo? Pues, sí, lo habéis adivinado, ¡a la lactancia materna!
Así que vamos a empuñar nuestras mejores armas, que son la pluma y la evidencia científica, y las vamos a mezclar con una buena dosis de sentido común. ¡A ver qué nos sale!

 

Chimenea térmica de LadaLo primero que hay que tener en cuenta, cuando leemos un artículo científico sobre toxinas en la leche materna, es que ésta es un elemento que se utiliza con frecuencia para medir los niveles de contaminación ambiental, por dos motivos: por un lado, porque los contaminantes liposolubles pueden medirse con mayor facilidad en la leche materna; y, por otro, porque es un elemento en el que es más fácil hacer las mediciones y su obtención es indolora (a diferencia, por ejemplo, de la sangre).

Por lo tanto, cuando se estudian las toxinas que hay en la leche materna no se está queriendo decir que ésta está más contaminada que otros órganos de nuestro cuerpo; los resultados sobre qué niveles de tóxicos han aparecido en las muestras de leche materna estudiadas lo único que indican es que los seres vivos, que habitan la zona afectada, están expuestos por igual a unos niveles determinados de contaminación ambiental.

Dicho esto, cabría señalar que, por un lado, tanto seres humanos como animales van a estar afectados por las toxinas. Es decir, no sólo la leche materna las tendrá, sino también la leche de vaca que es la base sobre la que se fabrican las leches de fórmula.

InmunoglobulinaPor otra parte, hay que tener en cuenta que, cuando un agente extraño se instala en nuestro organismo, éste empieza a fabricar defensas contra ese desconocido. Por consiguiente, la leche materna contendrá factores inmunológicos protectores, que el organismo de la madre ha creado, que pueden atenuar los efectos de los contaminantes ambientales a los que el bebé también está expuesto.

También, si las toxinas detectadas son ambientales, debemos considerar que tanto el agua con la que se preparen las leches artificiales como la que se use para lavar los biberones y tetinas estará contaminada.

Asimismo, tal como evidencian varias investigaciones científicas, el mayor impacto que pueden tener los contaminantes ambientales sobre un bebé se da durante el periodo gestacional, no durante el amamantamiento. Es más, el amamantamiento ayuda a limitar los daños que se producen por la exposición fetal a los contaminantes.

Por último, recordar que amamantar es la forma natural de alimentar a un bebé pues es la opción más saludable y nutritiva.

No amamantar a causa de la existencia de contaminantes ambientales
puede entrañar riesgos innecesarios para la salud del bebé.

En conclusión, según determina la OMS, son mayores las ventajas que conlleva la alimentación con leche materna que los riesgos potenciales que pueden derivarse de la supuesta ingesta a través de ella de contaminantes ambientales. Debería centrarse la atención en la eliminación, o al menos la reducción, de la contaminación ambiental al tiempo que debería insistirse en que la leche materna es la forma sana y óptima de alimentar a los bebés.

 

http://www.aeped.es/documentos/recomendaciones-contaminantes-ambientales-en-madres-lactantes

 

https://www.breastfeeding.asn.au/bfinfo/breastfeeding-and-environmental-pollutants

 

http://www.waba.org.my/whatwedo/environment/penny.htm

 

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16307830