Cierre provisional del Grupo de Apoyo del centro y asesoramiento personal previa cita

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Os informamos de que, a partir de noviembre, el Grupo de Apoyo de Sina del centro (sito en c/ Martínez Cubells), cerrará sus puertas hasta nuevo aviso.

Con la intención de mejorar la atención, hemos sustituido este servicio por el de asesoramiento personal previa petición de cita. Este servicio se concretará en cada caso con la asesora voluntaria correspondiente y se realizará en el lugar acordado (que, por lo general, será el domicilio de la asesora).

Por lo tanto, aquellas familias que necesiten asesoramiento en su lactancia podrán ponerse en contacto con una asesora, llamando a nuestro teléfono de información o escribiendo a info@asociacionsina.org

Os recordamos que las voluntarias de Sina no nos dedicamos de forma exclusiva al voluntariado. Somos madres y muchas compaginamos nuestras profesiones y nuestra familia con el voluntariado en la asociación. Por ello, si no contestamos al teléfono a la primera, no desesperéis.

Por otra parte, os recordamos que el Grupo de Apoyo de Benimaclet sigue a vuestra disposición los martes de 16.45 a 18.45 hrs. en el Gimnasio del Centro de Salud de Benimaclet, sito en la calle Guardia Civil n° 13.

También tenéis disponible nuestro teléfono para consultas de Lactancia Materna e información.

Esperamos de esta manera mejorar y personalizar nuestro servicio de asesoría voluntaria para las mamás que lo necesiten.

 

El amamantar no entiende de profesiones

Hace unos días que circula por Internet la foto de dos mujeres militares amamantando a sus hijos.

Ha habido, como era de esperar, reacciones de todo tipo al respecto.

Para nosotras, lo único que se observa en la foto y lo que nos inspira este artículo es que queda patente, una vez más, que dar el pecho está al alcance de cualquier mujer, sea cual sea su ocupación habitual. La profesión que se desarrolle no condiciona que se amamante o no. Es más, un estudio llevado a cabo determinó que el perfil de la mujer que amamanta durante más tiempo es el de una mujer trabajadora, con estudios superiores. Esto viene a demostrar que amamantar a un hijo no está relegado a amas de casa, como, desgraciadamente, declaran algunas voces poco informadas. Cualquiera que lo desee lo puede hacer.

En Sina, sabemos que no siempre las madres cuentan con información y apoyo para cumplir de forma satisfactoria con el objetivo de compatibilizar lactancia y trabajo. Por eso, desde hace varios años, impartimos periódicamente charlas a mujeres interesadas en informarse y publicamos en este blog las fechas y horarios de las mismas.

Si estás interesada en informarte y no hay prevista una charla, siempre puedes acudir a uno de nuestros grupos de apoyo donde nuestras asesoras, madres voluntarias que saben por experiencia propia qué es compatibilizar lactancia y una ocupación, te aconsejarán sobre las opciones que mejor se ajusten a tus necesidades.

Las imágenes que insertamos en este artículo dejan, pues, patente que trabajar y amamantar es posible (y deseable para madre e hijo) y que, además, son muchos los motivos para hacerlo. El más importante viene dado porque el momento de la reincorporación al trabajo tras la baja maternal es un hito que marca una de las primeras separaciones de las madres y sus hijos.

El continuar lactando convierte el reencuentro tras la jornada laboral, en mucho más que un abrazo. La diada recupera su relación allí donde quedó ya que no hay un acto más íntimo para una madre y un bebé que el momento del amamantamiento.

 

Desde este blog queremos agradecer a “Mom2Mom Breastfeeding Support Group” (http://www.facebook.com/Mom2MomBreastfeedingCampaign) el haber dado difusión a una imagen que contribuye a que la lactancia se normalice y se integre en la cultura occidental de nuevo.

GT Comunicación

Charla para embarazadas “Hacia una lactancia feliz”

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En nuestras charlas dirigidas a embarazadas “Hacia una lactancia feliz”, un grupo de madres voluntarias informamos sobre las recomendaciones de la OMS y el Comité de LM de la Asoc. española de pediatría (AEPED) respecto a la lactancia materna.

La próxima tendrá lugar en TORRENT el viernes día 6 de julio de 2012 a las 10:00 horas en LA CASA DE LA DONA , C/ Mariano Pùig Yago nº 8

Intentamos mediante estas charlas que las futuras madres tengan la información adecuada para establecer una lactancia feliz para ellas y sus bebés. También tratamos de transmitirles confianza y seguridad en su propio cuerpo y en su capacidad de amamantar.

Si estás embarazada, y crees que podría interesarte, puedes acudir, ¡te esperamos! Por supuesto, los futuros papás son bienvenidos. Y las que ya sois mamás también: estaremos encantadas de atenderos.

A vueltas con la cerveza

A finales de 2010, se publicaron los resultados de un estudio llevado a cabo en Valencia, en el que colaboraron profesionales sanitarios del Hospital Dr. Peset, del C. S. Arabista Ambrosio Huici y personal de la Universidad de Medicina de la citada ciudad.

No nos hicimos eco en su momento de esta investigación ya que no vimos necesidad de comentarlo. Lo que nos ha llevado a publicar esta entrada es el relanzamiento de los resultados de dicho estudio en los medios de comunicación

En el estudio lo que se observó es que la cerveza sin alcohol incidía en las capacidades antioxidantes de la LM. Concretamente, que el descenso de esta capacidad es más lento y progresivo en mujeres suplementadas con antioxidantes (en este caso usaron cerveza sin alcohol). La conclusión a la que llegó el estudio fue la siguiente: si suplementamos con antioxidantes, disminuiremos los riesgos cardiovasculares futuros. Y como la cerveza sin alcohol tiene propiedades antioxidantes… que cada cual saque sus propias conclusiones.

 

A la luz de esta investigación, no hemos podido evitar reflexionar y haceros partícipes de varios comentarios:


– en el estudio se habla de suplementar la dieta materna con antioxidantes. ¿Con qué finalidad? Modificar la concentración de antioxidantes en la LM. Sin embargo, en varios estudios, se ha observado que hay propiedades de la LM que a priori no tienen explicación y luego se ha visto que sí que tienen un por qué. Este es el caso del colesterol. En la LM hay grandes cantidades, pero, lejos de ser perjudiciales, lo que hacen es preparar al cuerpo para un futuro. De esta forma, en un estudio se concluyó que personas alimentadas con LM han tenido a los 30-40 años niveles más bajos de colesterol que los alimentados con LA. Por lo tanto, ¿por qué no dejar que la sabia naturaleza siga su curso como siempre y la LM se regule como durante toda la evolución? ¿Por qué crear desconfianza en la perfecta e idónea composición de la LM, un alimento que se ha demostrado hasta la saciedad que es el más adecuado para todos los bebés? Además, ¿esa alteración en su composición no podría ir en detrimento de algún otro compuesto? Es decir, ¿el hecho de que haya más antioxidantes puede afectar a la concentración de otros componentes? ¿Qué consecuencias sobre la composición de la LM tendría esta alteración?

– por otra parte, en el estudio se tuvo en cuenta la dieta de las madres. No obstante, bien es sabido que la ingesta de cerveza (aunque ésta no lleve alcohol) está ligado a un consumo de alimentos poco saludables, pues suele tomarse como aperitivo acompañado de platos con un alto contenido en grasas y calorías, y de poco valor nutricional. Esto provoca que el hecho de beber cerveza acabe disminuyendo las ganas de comer otros alimentos y conduzca a que la madre no tenga una dieta ni sana ni equilibrada, algo muy importante no sólo durante la lactancia, sino también durante toda las etapas de nuestra vida.

– además, sería necesario un estudio que demostrase que esa suplementación realmente conduce a esos efectos deseados. Nos resulta un tanto aventurado basarse en los niveles de antioxidantes en la orina y en que se conoce que los antioxidantes tienen un efecto positivo en la salud cardiovascular para establecer una relación causa-efecto directa y beneficiosa. Os enlazamos un estudio de lectura muy amena sobre antioxidantes y efectos sobre la salud en el que nombran un caso que se dio con los carotenos y el cáncer de pulmón

– siguiendo con nuestra reflexión, si admitimos como cierta la conclusión de que la suplementación con antioxidantes es aconsejable durante la LM, ¿por qué ceñirnos a la cerveza sin alcohol? El estudio lo único que ha determinado es que, suplementando con antioxidantes, el descenso de la capacidad antioxidante de la leche era menor y más progresivo. Pues comamos tomates o zanahorias… más barato, ¿no?

– es más, en el estudio no dicen que se haya visto que las personas alimentadas con LM tengan un riesgo cardiovascular más alto, incluso hay investigaciones que demuestran que ocurre todo lo contrario, que la LM está asociada a un menor riesgo cardiovascular. .. entonces, ¿por qué alterar nada?

– por último, y no por último menos importante ¡dejemos en paz a la lactancia materna! Para que se dé una buena lactancia materna lo único que hace falta es una madre y un bebé. Puede que haga falta algo de apoyo si las cosas parece que no van bien, pero nada más. Si dejásemos trabajar al instinto, a la naturaleza y nos quitásemos de en medio en esa diada tan sagrada, todo iría mejor. Para una buena lactancia materna no hace falta ni cerveza sin alcohol (en todo caso el botellín para tirárselo a la cabeza a los que nos hacen dudar), ni pezoneras, ni sacaleches, ni almohada de lactancia, ni camiseta especial, ni cuna sidecar, ni copas de cera, ni sujetador de lactancia. Esto lo único que hace es poner más trabas a la lactancia como un hecho natural y más cosas en medio de una madre y su bebé.

Y un apunte final: sí que hay indicios de que el consumo de cerveza puede estimular la secreción de prolactina (debido a un polisacárido derivado de la cebada), pero, hay algo que no debemos olvidar: aumentar la producción de leche no conlleva que el bebé mame más. Incluso, el aumento de la producción de leche podría ser contraproducente, pues la leche no ingerida por el bebé podría acumularse en el pecho produciendo una ingurgitación.

 

Si una madre tiene dudas sobre su producción de leche o sobre si su bebé mama lo suficiente, lo recomendable es que busque asesoramiento en un grupo de apoyo o con un profesional experto en lactancia. No existen panaceas ni remedios caseros para una lactancia exitosa. El deseo de amamantar y el apoyo son las claves para una lactancia feliz.

GT Comunicación

 

 

Actividad antioxidante de la leche materna

Composición química de la leche materna

Antioxidantes y alimentos

Asociación de la duración de la lactancia materna exclusiva y los niveles de fibrinógeno en la infancia y adolescencia

 

 

El GAM de Benimaclet ha cumplido DOS años

Ayer celebramos el segundo aniversario en el GAM de Benimaclet.  Acudieron muchas madres, la mayoría de ellas habituales en la tarde del martes, y gracias a su  aportación, pudimos disfrutar de  una agradable merienda.

Queremos agradecer a todas las asesoras voluntarias que por allí han pasado, su dedicación y el cariñoso trato que han dispensado a todas y cada una de las mamis que han acudido con su especial problemática.

Una vez más, nos afirmamos en la conveniencia de asistir a un grupo de apoyo a la lactancia materna, las imágenes dan buena prueba de ello. Esperamos encontrarnos de nuevo el martes, y el año que viene volver a celebrarlo con todas vosotras  y con las nuevas que vayáis llegando.

¡Os esperamos!

http://www.asociacionsina.org/2011/10/13/el-grupo-de-apoyo-gam-matinal-de-sina-en-el-programa-en-connnexio-de-canal-nou/

http://www.asociacionsina.org/2011/06/01/el-gam-de-benimaclet-cumple-1-ano/

http://www.asociacionsina.org/2010/08/12/nuestros-grupos-de-trabajo-sina-iii-grupo-de-trabajo-de-asesoria-en-lactancia-materna/

Lactancia materna: superando adversidades

Resulta raro escribir una experiencia cuando todavía está pasando, y cuando aún queda mucho por pasar… Así que no os voy a contar la historia de mi lactancia, sino que os voy a contar cómo superamos las dificultades que tuvimos.

 

Soy una madre muy joven. Me quedé embarazada con solo 16 añitos, y tuve a mi primera hija, Marta, a los 17. Tuve mucha suerte en lo que a apoyos se refiere, no fue una situación nada “traumática” como son muchos embarazos adolescentes, yo era una chica muy madura… Pero por muy madura que fuera, era poco más que una niña. Recuerdo llorar como una magdalena cuando le di el pecho a Marta por primera vez, y ella me miró con esos grandes ojos negros... Fue la experiencia más maravillosa de mi vida. En un instante entendí muchas cosas, entendí lo que significaba el amor incondicional, lo que significaba ser madre y lo que significaba ser mujer… Pero no era más que una niña. Cuando al día siguiente le comenté al ginecólogo que tenía problemas para que se enganchara, me dio directamente las pastillas. Me dijo que tenía mucha cantidad de pecho, y que por eso le costaba engancharse, y que cuando me subiera la leche, unido al tamaño de mis mamas y al parto, iba a acabar con la espalda fatal… Además, ¡dos semanas después tenía que hacer selectividad! Y yo le hice caso y me tomé las pastillas. No quiero justificarme, sino explicar de dónde vengo.

Un año después de parir, me sometí a una operación de reducción mamaria. Era muy joven y tenía mucho pecho. Mi espalda se resentía y me lo recomendaron los médicos. Me dijeron que puede que tuviera problemas para dar el pecho en un futuro, o que quizás no tuviese ningún problema en absoluto. Honestamente, en ese momento no era algo que me preocupara.

Cuando Marta tenía seis años, nació Carlos. Esta vez era un bebé muy buscado y deseado, y aunque sigo siendo muy joven, no es lo mismo ser madre con 17 que con 23. Desde antes de quedarme embarazada, tenía muy claro que quería dar de mamar. Cada vez que pensaba en ello, recordaba los ojos negros de mi hija mientras le di por mamar de primera vez. Quería eso, lo tenía muy claro, lo que no tenía muy claro es si podría.

Fui a hablar con el cirujano que me operó (amigo de la familia) y me animó a intentarlo, me dijo que no debía tener problemas para lactar, por el tipo de operación que mi hicieron, pero que la única manera de saberlo era intentándolo… La verdad es que me animó mucho, y pensé que sí que sería capaz. Yo pensaba que el único problema que podría haber es que mis conductos estuviesen seccionados, la leche no fuese capaz de salir y me provocase una mastitis. Cuando fue pasando el tiempo y fui viendo cómo aparecía un poco de calostro en mis pezones, me llené de alegría: ¡mis conductos no estaban seccionados! Estaba claro que ese calostro había tenido que salir de algún sitio. Eso me convenció de que sí que podía. No entendía que una reducción mamaria podía afectar a otros aspectos mucho más complejos que los conductos seccionados.

Empecé a ilusionarme mucho con el tema. Leí Un regalo para toda la vida, de Carlos González; acudí religiosamente a mis clases de educación maternal donde nos hablaban de la lactancia, y gracias a mi matrona contacté con un grupo de apoyo a la lactancia en mi ciudad: Huelva Lacta. Empecé a asistir a las reuniones al final de mi embarazo, y compartí mis inseguridades y miedos, pero también me dijeron que podría dar de mamar. Con toda esta información llegué a mi parto convencida de que no tendría ningún problema, confiando en mi cuerpo, en la naturaleza humana, y en mi hijo.

Seguramente cualquier mujer que haya pasado por eso puede entender lo que sentí la primera vez que me puse a mi hijo al pecho, en el paritorio, mientras besaba sus deditos diminutos, sintiéndome la mujer más poderosa y feliz del mundo. Estaba tan segura de que podría dar el pecho, que ni siquiera tuve las inseguridades típicas de cualquier madre reciente. Me sabía toda la teoría, me había informado lo más posible, y no pensaba dejar que nadie e convenciera de que no podía dar el pecho.

Disfruté mucho de la lactancia los primeros días, a pesar de las grietas, de la subida de leche… Me daba igual. ¡Estaba dando el pecho! Y tenía toda la confianza del mundo en que todo iría bien. A la semana le pesé, y había perdido casi 200gr. peso (pero le pesé vestido y en una báscula distinta). Sabía que era una pérdida fisiológica, que era normal, y tampoco había perdido TANTO. Yo seguí dando el pecho a demanda, que era básicamente 24h al día, sin parar casi. Cuando hizo dos semanas, me acerqué a la pediatra porque tenía un ojito regular, y la pediatra (era una sustituta) decidió pesarle “para ver qué tal iba”. Bueno, pues seguía bastante por debajo del peso de nacimiento… Decidió dar una semana de márgen para ver cómo evolucionaba (ya que todos los pesos fueron tomados en básculas distintas). Me dio también unos consejos “estupendos”, como que le diera 10 minutos de cada pecho cada 3 horas (porque si no “le entraba aire”) y cosas así; realmente no entendía cómo iba a ayudar darle menos el pecho… Si quería que engordase lo lógico sería darle más a menudo, no menos. Salí de la consulta casi indignada; estaba tan convencida de que todo iba bien, que pensaba que la pediatra quería “robarme” mi lactancia. Pero realmente no estaba viendo (o no quería ver) los signos de alarma. Mi hijo había empezado a dormir más… De hecho dormía mucho. Había que despertarle para que comiera, mamaba dos minutos y se volvía a quedar dormido 4 o 5 horas si no le despertabas. Además, no tragaba. No tenía niños cerca que mamasen, así que realmente no sabía cómo mamaban los bebés; pero en internet (en la página web del doctor Jack Newman), pude ver vídeos de niños que mamaban bien y niños que no. Me di cuenta de que algo fallaba, que el niño no mamaba bien. Esa semana fue de locura: estaba TAN contenta con la lactancia que me daba pánico perderlo.

Así fue como empezó mi lucha. Tenía el número de teléfono de Carmen, la matrona que coordinaba el grupo de lactancia de mi ciudad. Me dio unos consejos y apoyo, y me ofreció un relactador por si hiciera falta. Comencé a investigar, porque no entendía cuál era el problema, y sin saber cuál era el problema no podía poner una solución. Investigando sobre la lactancia después de reducción de mama, descubrí que las ideas que tenía estaban equivocadas: el gran problema de las operaciones de reducción no era el corte de los conductos (de hecho muchos conductos cortados vuelven a unirse), sino que al eliminar tanto tejido, la sensibilidad del pecho cambia, y el estímulo del bebé no es suficiente. Estaba deshecha: al final era cierto que no podría dar el pecho. Se me vino el mundo encima y comencé a obsesionarme. Pesaba prácticamente a diario al niño y claro, los resultados no eran buenos. Empecé a sacarme leche (manualmente) después de cada toma, y a despertarle cada dos horas para mamar. Cada vez dormía más y era más difícil despertarle. Hablé con otra matrona de mi grupo de lactancia que me dio también mucho apoyo, me contó su experiencia personal y me consigió el relactador, porque era más que probable que fuera a necesitarlo. Agradecí mucho que me preguntara MIS impresiones y qué era lo que YO pensaba y quería hacer.

Cuando a la semana volví al pediatra, solo había cogido 40gr. y aún seguía por debajo del peso de naciminto (y ya tenía 3 semanas). La pediatra me recomendó darle “una ayudita” (odio ese término) después de cada toma de pecho.

Salí de la consulta completamente desolada, pensaba que era el final. Eran las 14h, y pensé en esperar a que abriera la farmacia para comprar la leche. Compraría leche artificial y se la daría con el relactador, después del pecho, y después de eso me sacaría leche. Ese era mi plan.El niño al poco de salir de la consulta se despertó, me lo puse al pecho y se quedó dormido al momento. Esta vez era imposible despertarlo: le hice cosquillas, le cambié el pañal y la ropa, le bañé… ¡incluso le pasé un hielo por los pies! Y nada funcionaba. ¡Me puse histérica! Cogí un biberón y le di (dormido) la poca leche que había conseguido extraerme manualmente esos días, y se lo tomó rápidamnte. Seguía con el miedo metido en el cuerpo y fui al centro de salud a hablar con mi matrona. Me puse a llorar al poco de entrar en la consulta. Me ofreció cariño y consuelo, y un sacaleches eléctrico con el que poder estimularme mejor que manualmente (que no me apañaba muy bien). Le expliqué mi plan: teta, relactador y sacaleches, y me advirtió que sería duro y que sólo yo sabría si me merecía la pena… Pero me apoyaba. También me apoyaban y me ayudaban varias asesoras de lactancia vía on-line (gracias Laura y Patricia), y me ayudaron mucho a entender qué pasaba, qué podía hacer y por qué merecía la pena.

Empecé a darle un suplemento después de cada toma de pecho; a veces con la leche que me sacaba, y cuando no llegaba, de leche artificial. Me sentía culpable por cada mililitro de sucedáneo que le daba. Había leído mil veces que cuando empiezan las “ayuditas” se acaba la lactancia, y no quería eso. La situación era la siguiente: cada dos horas o así me lo ponía al pecho, estaba casi una hora mamando (se quedaba dormido mucho), luego le daba leche con el relactador (que tardaba un buen rato) y después de eso me sacaba leche… Pero claro, para cuando terminaba de sacarme leche, ya tenía que darle el pecho otra vez. No tenía vida, no podía salir a la calle ni hacer nada. Estaba tan obsesionada con el tema que llevaba un registro de cada toma que hacía, la hora, cuánto suplemento tomaba, si era LA o LM y cuántos ml me sacaba con el sacaleches. Había días en los que me sacaba hasta 12 veces. Tomaba galactógogos, como el fenogreco o la domperidona, con el visto bueno de mi médico de cabecera, claro. Básicamente estaba relactando, pero sin relactar. Esa semana cogió 350gr. Por lo menos tenía la tranquilidad de que el niño estaba bien, y pese a todo, mi pediatra me aseguraba que el estado físico del niño era envidiable.

Estuve así varias semanas, y mi producción no aumentaba, ni con los galactógogos, ni con sacaleches ni con nada. La situación era muy frustrante, porque estaba haciendo todo lo que estaba en mis manos, y nada funcionaba. Hay mujeres que consiguen relactar completamente en el tiempo que yo llevaba intentando aumentar mi producción. Además, no entendía por qué mi hijo tardaba tanto en mamar ¡con relactador! Estaba claro que la reducción mamaria no era el único problema que había. Gracias a las IBCLCs Patricia López y Laura Villanueva, y al Dr. Briz, dieron con que mi hijo tenía frenillo, tipo III. Y además, casi en el mismo día, mi médico de cabecera me dio los resultados de unos análisis de sangre en los que se veía que tenía la TSH bastante alta (hipotiroidismo), que sabía que podía causar hipogalactia (poca leche). Los médicos me dijeron abiertamente que, en estas condiciones, sería prácticamente imposible que diera el pecho. Se me vino el mundo encima y acudí a mi grupo de apoyo. Allí saqué todo lo que llevaba dentro y lloré mucho. Ahora casi me da vergüenza reconocerlo, pero así fue. En mi entorno no tenía a nadie con quien hablar realmente de estas cosas. Mi marido me apoyaba y me ayudaba en todo lo posible, pero tampoco tenía los conocimientos necesarios sobre lactancia ni la experiencia necesaria para ayudarme. En mi grupo me escucharon y me apoyaron, y me dieron grandes consejos. Había una chica, Cinta, que también había tenido que pasar por lo mismo que yo; ella tuvo una lactancia mixta con relactador por culpa de un frenillo submucoso diagnosticado demasiado tarde. Ella me recomendó que cambiara el chip, que disfrutara de la lactancia y me sintiera orgullosa por cada día que conseguía seguir con él al pecho. Pero la verdad es que a mí me daba mucho miedo, y veía que el final estaba cerca.

Decidí que si me quedaba tan poco tiempo de lactancia, no quería perder el tiempo con sacaleches y agobios. Le haría caso a Cinta, y me tomaría las cosas con otra filosofía. Dejé el sacaleches progresivamente, los galactógogos, y lo único que hacía era darle el pecho siempre que él quisiera, y después toda la leche que quisiera en el relactador, para asegurarme de que no se quedaba con hambre. No me había rendido, no me gusta pensarlo así, pero había decidido disfrutar del proceso. Mi objetivo ya no era conseguir una lactancia materna exclusiva, sino no destetar. Y así fue pasando el tiempo, una semana y otra, un mes y otro… Tuve que “reconciliarme” con mi cuerpo, con mi lactancia, con la naturaleza… Dejé de sentir que “traicionaba” de alguna manera a mi hijo cuando le daba leche artificial. En este proceso, ambos necesitamos estar lo más cerca posible. Me ayudó muchísimo portearle, sentirle cerca y poder dar el pecho siempre que él quisiera; así como colechar, dormir abrazados y con acceso a mi pecho. Poco a poco, aunque tomara bastante leche artificial, la lactancia fue convirtiéndose en algo más natural, espontáneo y feliz de lo que nunca imaginé.

Poco antes de los 6 meses, mi hijo tomaba al menos 5 suplementos al día de 120 ml cada uno, con el relactador, y toda la teta que quisiese, por supuesto. Empezamos a introducir la alimentación complementaria. En nuestro caso, optamos por el Baby Led Weaning, que es la alimentación complementaria dirigida por el bebé, sin papillas. Básicamente se trataba de que fuese el niño el que participase en la comida de la casa, que se sentara con nosotros a la mesa y comiera con nosotros, que coma él solo con sus manos, cómo y cuanto él quisiera. Se trataba de que experimentase con la comida, que su acercamiento a ella fuese positivo, de juego, de descubrimiento, de aprendizaje. Por supuesto, introdujimos los alimentos de uno en uno, dejando margen entre ellos, y le dábamos solo cosas que fuesen adecuadas para él. Por ejemplo, le dábamos verdura en bastones cocida o al vapor, y él la cogía con sus manitas y se la comía. Lo que más me convencía de este método es que es “a demanda”, y yo me sentía mucho más tranquila así. Me parece tan importante la lactancia a demanda como la alimentación complementaria a demanda. Así que eso hice: comencé a sentar al niño con nosotros a la hora de comer, y le ponía algo de comida por delante. Antes de darle AC siempre le daba el pecho y el relactador, porque esa era y debía ser la base de su alimentación.

Descubrí con gran alegría que tenía entre manos a un comilón, y le veía disfrutar experimentando y comiendo cada cosa. Descubrí que, poco a poco, fue “regulándose” en las horas, porque empezó a pedir pecho y relactador más o menos a las mismas horas siempre. Supongo que al sentarle con nosotros en la mesa, fue estableciendo él solo unos patrones de rutina él solito. Con el tiempo, fue dejándose cada vez más leche en los relactadores… Suponía que, como iba comiendo más y más alimentación complementaria, cada vez iba necesitando menos leche artificial. Llegó un momento en el que empezó a quitar tomas. Hubo una semana entera en la que se negaba a tomar dos suplementos enteros, así que dejé de dárselos… Semana tras semana fui observando (porque me he dado cuenta de que en este proceso no he sido más que una observadora) que sus necesidades de leche artificial se habían reducido tanto que, en un momento, al poco de cumplir 8 meses, simplemente no quiso más LA. Fue un proceso tan natural, que aún me maravillo de pensarlo.

El tiempo que llevamos sin leche artificial ha sido maravilloso, y espero que la lactancia dure todo el tiempo que quiera mi hijo. Cuando echo la vista atrás, creo que no habría sido posible sin el apoyo de mucha gente, sin mi grupo de lactancia, sin mi marido y mi hija mayor, que tanto me ayudaron en el proceso. Creo que el “clan” es importantísimo para que funcione una lactancia, conocer a otras madres que den el pecho y que pueden entender qué está pasando. Por eso quiero dar un gran GRACIAS a toda la comunidad que soporta y apoya la lactancia, porque sin todos vosotros, mi lactancia y otras muchas se hubiesen ido al traste; y quiero agradecéroslo de parte del que está más feliz en todo esto: mi hijo.

Marta.

Microcalcificaciones en el pecho y lactancia: un sufrimiento y el alivio que llegó con el apoyo y la información veraz.

publicado en: Asesoría LM, Lactancia: problemas | 0

Recibimos estas cariñosas palabras de una madre y su hija, que nos autorizan a compartirlas en nuestro blog.

Os escribo en nombre de Laura, mi hija de 4 años, que sigue siendo lactante gracias a vuestra información y quiere que os cuente su historia para animaros a seguir trabajando por la lactancia.

En una mamografía que me hice este verano, la radióloga apreció unas microcalcificaciones y me remitió al especialista para dictaminar si eran de origen benigno o cancerígenas.

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Prácticum de psicología en Sina. Paula y Rebeca.

publicado en: Asesoría LM, Historia de Sina | 2

Ha empezado un nuevo curso y después de los buenos resultados del trabajo de Cristian (nuestro alumno de psicología en prácticas) que el curso pasado terminó por todo lo alto exponiendo una comunicación libre sobre “El papel del psicólogo en los grupos de apoyo” en el congreso de FEDALMA, este curso la Universidad de Valencia ha decidido ofertar dos plazas para Sina que en seguida fueron ocupadas por Rebeca y Paula, dos estudiantes llenas de energía y con muchísimas ganas de aprender.

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Cuatro IBCLCs en Sina, las cuatro primeras IBCLCs de la Comunidad Valenciana.

publicado en: Asesoría LM, Historia de Sina | 16

POR FIN.

Nos acabamos de enterar y tenemos que contarlo ya. Porque ellas lo merecen. Porque Sina también lo merece. Porque hay tanto trabajo e ilusión detrás, que a veces se piensa que nunca llegará un reconocimiento.

Pero sobre todo, porque Laura, Paloma, Ruth y Teresa lo merecen. Y hoy, ellas SON IBCLCs.

Porque hoy queremos que sean las protagonistas de nuestras miradas y porque todas estudiamos y viajamos con ellas a Madrid al examen el pasado 25 de julio. Porque para llegar hasta aquí hemos necesitado una asociación consolidada y con un buen equipo remando a una.

Esperamos que próximamente nos cuenten sus emociones.

Nuestra más emocionada y grande ¡¡¡¡ENHORABUENA!!!!

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