Mamás de Sina XI: Azu – Historia de un voluntariado en el Hospital General Universitario

Hace un año, nuestra compañera Concha, coordinadora del voluntariado en el Hospital General Universitario, nos comunicaba que una madre se unía a ese voluntariado e iba a estar acompañando los miércoles a las madres que están ingresadas y que tienen interés en amamantar a sus hijos. La voluntaria es Azucena, Azu, y esta es su historia, contada por ella misma…
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“Ahora sé que la lactancia no es un esfuerzo,
y mucho menos un sacrificio que la mujer hace por el bien de su hijo,
sino una parte de su propia vida, de su ciclo sexual y reproductivo.
Un derecho que nadie le puede arrebatar”
(C. González)

 

Lo que me llevó a empezar el voluntariado fue mi amiga Ruth.

Recuerdo esa tarde en su casa en el pueblo: mi hijo Ángel tenía 9 meses y, por primera vez, fui capaz de hablar con alguien acerca de mi parto. El no haber tenido el parto deseado, y sobre todo, el cual deseaba vivir y protagonizar, me hizo volcarme por completo en la lactancia, disfrutarla cada segundo y, sobre todo, criar a mi hijo siguiendo todos esos instintos y sensaciones que me fueron vetados en el momento de parir. Así que, hablando de todo esto con Ruth, empezamos a hablar de Sina, del voluntariado, de mis ganas de hacer algo nuevo y que fuera provechoso para las demás madres, algo que pudiera TRANSMITIR para AYUDAR y APOYAR a otras mujeres que hubieran pasado por una experiencia como la mía. Y ese fue mi trampolín hacia el Hospital General de Valencia (lugar donde realizamos uno de los voluntariados)

¡Y por fin llegó mi primer miércoles como voluntaria de Sina! ¡Qué ganas y qué emoción! Allí, en la tercera planta, me esperaban Concha, nuestras batas, mi libreta, mi bolígrafo y mucha ilusión. Mi mejor bienvenida: Concha, ¡sin duda! Increíble fuente de sabiduría y experiencia, y sobre todo, mucha sensibilidad. Doce madres que visitamos y mucha información y formación, la sensación cuando volvía a casa era de absoluta gratificación. Esto era lo que llevaba tanto tiempo deseando hacer.

Y como todo pasa por algo, este año como voluntaria me ha hecho crecer como persona, reafirmarme como madre, como mujer, como amiga. Sin apenas darme cuenta, me ha enseñado a hacer auto-reflexiones sobre la crianza, la confianza, la autoestima y, aunque parezca exagerado, incluso a comprender el ciclo entre la vida y la muerte. Porque mientras seres queridos terminan su camino con nosotros, de repente llegas al hospital y te das cuenta de que muchos bebés comienzan la aventura de la vida fuera del útero de sus madres para acompañarnos y dar paso a nuevas generaciones. El maravilloso ciclo de la vida, que no podría ni debería empezar de mejor forma que con una lactancia gratificante para madre e hijo. Y ahí estamos nosotras, para acompañar ese momento, para reforzar la confianza de esas hembras que en muchas ocasiones se ven un tanto mermadas por su entorno. Es increíble ver en los ojos de algunas madres esa mirada de aliento que te mandan, y sobre todo, cómo cambian muchas incluso su expresión de la cara de cuando entras en la habitación y empiezas a charlar con ellas a cuando te marchas, y esto es lo que te ayuda a continuar y saber que has hecho lo único que necesitaba esa madre: DARLE CONFIANZA.

El voluntariado, como su propio nombre indica, no se remunera, pero realmente es incalculable todo lo que te puede aportar, jamás se me olvidarán dos momentos (además, los dos con la compañía de Concha): uno fue una madre que tenía su tercer hijo, fuimos a verla y estaba radiante, feliz, más que conectada con su bebé, había tenido un parto sin intervenciones, había sido ella quien había cogido a su bebé y lo había ayudado a salir de su vagina para colocárselo piel con piel; por supuesto, la lactancia era excelente… Poder vivir este relato de primera mano con los protagonistas no tiene precio. El segundo momento, fue un agarre espontáneo que Concha tuvo la generosidad de compartir conmigo… ¡Simplemente fue IMPRESIONANTE, MÁGICO y SENSACIONAL! También hay días que te marchas a casa acordándote de esas madres que no están tan conectadas con sus bebés y que no puedes más que darles recomendaciones y sugerencias desde el más profundo respeto, pero sabiendo que si no las llevan a cabo seguramente la lactancia no durará más de unos pocos meses.

Y, bueno, como en todas partes, muchas veces entras a las habitaciones y tienes una conexión brutal con las madres, que realmente no tienen ninguna duda ni problema pero puede pasar media hora y sigues hablando con ella acerca de su bebé, de la crianza, de la lactancia… ¡hay veces que no te irías de allí!

Para ser mi primer año como voluntaria (el primero de muchos espero), no puedo más que agradecer a Ruth ese impulso imprescindible para empezar este camino, a Concha por acompañarme y guiarme en el mismo, y a Sina por hacerme sentir como en mi casa y ser MI TRIBU.

¡GRACIAS A TODAS POR ACOMPAÑARME ESTE AÑO!

Azucena

2 Respuestas

  1. Estas lágrimas mañaneras son tan dulces como tu presencia, querida Azucena. Desde el primer día, tu ilusión, tus ganas de aprender y tu generosidad en dar, han hecho que ocupes un espacio en este rinconcito donde habitan mis personas queridas.
    Nunca dudes de ti… eso es lo que vas a transmitir. Las madres que visites en el Hospital tendrán la mejor de las referencias: la confianza en una misma. Luego, la Vida se encargará del resto.
    Gracias por tu compañía, gracias por tus risas, gracias por lo que tú también me enseñas.
    Con Amor.
    Concha.

  2. Azu, qué bonitooo! La verdad es que la experiencia del voluntariado nos hace crecer y avanzar a todas, muchas gracias por compartirla.

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