Mejor informarse antes: las cesáreas programadas tienen riesgos emocionales. Por Cristina Silvente.

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EL MIEDO AL PARTO MULTIPLICA EL NÚMERO DE INTERVENCIONES

http://www.elconfidencial.com Cristina Silvente*  (05/10/2011)

www.themandalajourney.com

Pueden existir muchas razones por las cuales una mujer puede optar por una cesárea programada. Dependiendo de esas razones, el efecto psicológico de la cesárea sobre la mujer será distinto.

La primera de ellas puede ser la desinformación. A menudo se menosprecian, por parte de los profesionales y de los medios de comunicación, los riesgos para la madre y para el bebé de una cesárea programada.

De ello lleva tiempo alertando la Organización Mundial de la Salud (por ejemplo, Informe de Salud 2005; ver también riesgos de la cesárea según CIMS (Coalición para mejorar los servicios de la maternidad).

De modo que si el único asesoramiento con el que contamos es el de un profesional que magnifica sus beneficios y no nombra los riesgos, la elección es clara.

El tratamiento de algunas noticias también favorece la imagen beneficiosa de la cesárea que hay en la sociedad: cuando la atención al parto ha sido excesivamente intervencionista, implicando daños en el bebé, lo que se remarca siempre es “no se hizo una cesárea a tiempo” sin nombrar el cómo se llegó a esa situación, con lo cual es fácil la asociación: parto vaginal= peligroso, cesárea=salva vidas.

Es evidente que la cesárea es una intervención que ayuda en algunos casos, como por ejemplo, cuando existe placenta previa oclusiva, preeclampsia o eclampsia o algún problema en el bebé que requiere que salga pronto.

Convendría que los profesionales actualizaran su formación y se les proporcionara facilidades para ello.

Por otro lado, uno de los factores que más ayudan a que se extienda el número de cesáreas es el miedo. Miedo al parto, miedo al dolor, miedo a sufrir.

Toda nuestra vida hemos escuchado aquello de que el parto es el dolor más horrible que existe, la bíblica “parirás con dolor”, la ausencia de historias de partos placenteros (que sí están recogidas en la historia de la obstetricia y matronería), el hecho de que tenemos grabada a fuego la idea de que el parto es muy peligroso, hacen que cualquier opción que aporte seguridad y confianza sea la ideal.

Muchas mujeres arrastran historias de mucho dolor y sufrimiento y es comprensible que eviten al máximo volver a experimentar nada que se le parezca. A veces pueden ser miedos de los que incluso no tengan consciencia, sólo saben que ni quieren oír o pensar en pasar por un parto.

Algunas mujeres crecen con una gran necesidad de controlar su vida y los sucesos que acontecen, dependiendo de cómo haya sido su crianza, del apego que se haya construido y de las experiencias que hayan tenido.

Esa necesidad de control puede hacer que una cesárea programada sea una buena elección para la mujer. El nacimiento deja de ser algo inesperado, incierto, para ser algo bajo control, limitado a un día y una hora, y con mayor control también sobre las reacciones del propio cuerpo.

Dependiendo de cómo hayan ido los partos anteriores, el miedo a un parto futuro puede hacer a la madre pedir o aceptar una cesárea programada, por ejemplo, en los casos que hayan sido traumáticos o en los casos de parto después de una o más pérdidas.

Frida Kahlo. La máscara (1945). Óleo sobre lienzo, 40 x30'5 cm.

El trauma ha quedado grabado en estructuras cerebrales relacionadas con la memoria emocional. No se le puede decir a la mujer que esta vez no pasará nada, porque tuvieron una experiencia real y certera de que sí puede pasar, y en el caso de muerte perinatal, el peor de los miedos se hizo realidad. No es posible convencer así sin más a la mujer que confíe sin antes haber desensibilizado y procesado la experiencia anterior.

En todos los casos sería conveniente valorar conjuntamente las diferentes opciones, los riesgos y beneficios de cada una y dar recursos a la mujer para que se sienta más segura y fuerte, incluso ayuda psicoterapéutica en casos de trauma.

Pero, ¿qué efectos puede tener en la mujer una cesárea programada?

Los efectos físicos de la cesárea, el dolor de la cicatriz, las complicaciones, pueden tener efectos emocionales. No es lo mismo atender a un bebé con dolor que a uno sin dolor.

Un dolor sostenido puede provocar depresión.

Si la cesárea se programa muy pronto, el cuerpo de la mujer no se encuentra preparado hormonalmente y puede que la llegada del bebé coja a la mujer “fuera de juego” y experimente sentimientos ambivalentes respecto a su hijo/a, con la consecuente culpabilidad por no poder sentir ese amor inmediato y maravilloso que esperaba. Si la mujer no se siente acompañada y apoyada, esto podría alargarse en el tiempo.

Si la cesárea se ha programado ciertamente por una razón de peso, la mujer necesitará un tiempo de acomodación y adaptación, que será más fácil si no se niegan sus sentimientos de pena, rabia y desesperanza y si logra apoyarse en sus recursos y capacidades.

Es importante que pueda decidir algún aspecto de la cesárea, como el hecho de estar acompañada o de que el bebé permanezca con la pareja en caso de no poder estar con ella.

Si la cesárea se ha programado sin participar la mujer activamente en la decisión, puede inducir diversidad de emociones: tristeza, baja autoestima por no haber podido parir, por haber fallado físicamente (especialmente en casos que se ha pautado por pelvis estrecha) y rabia o decepción, especialmente en aquellos casos que se han informado posteriormente y han descubierto que su cesárea no era necesaria.

Una cesárea programada puede hacer que un bebé nazca de forma prematura y tener algunas dificultades, por ejemplo, de lactancia iniciales que, si no son bien acompañadas y solventadas, podrían acabar en más frustración y desolación.

En algunos casos la prematuridad necesitará atención especial, con lo cual la mujer con una cirugía mayor se encuentra en su proceso de recuperación teniendo que atender a su bebé yendo y viniendo de casa al hospital, preocupada por su salud y bienestar.

La evidencia científica ha demostrado los beneficios psicológicos en la madre de no separarse del bebé tras la cesárea, manteniendo un contacto constante piel con piel, aparte de los beneficios sobre el bebé.

En cualquier caso, si la mujer ha podido decidir de forma informada y consensuada, teniendo en cuenta todas sus circunstancias y factores, también los emocionales, siendo acompañada en todo el proceso y ayudándola en las dificultades, será más fácil su adaptación y su recuperación de forma satisfactoria.

http://www.elconfidencial.com

Cristina Silvente*Cristina Silvente

www.cristinasilvente.com

Psicóloga especializada en el ámbito perinatal y socia de El parto es nuestro.  Es coaturoa del libro sobre pérdidas gestacionales tempranas Las voces olvidadas, de próxima publicación.

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Una respuesta

  1. Genial artículo, pero a veces hay otras causas también. Cuando tras hablar con una mujer embarazada sobre la importancia de los tiempos en cada proceso, cuando informas de no acudir al hospital a la primera contracción e intentar pasar el casa el máximo tiempo posible, cuando sabes con certeza que la falta de información, el miedo y la propia desconfianza conducen casi con seguridad a una cesárea… y a pesar de todo, así ocurre, el sentimiento de frustración y tristeza aparecen. Sólo me queda aceptar que he hecho lo que debía y la última decisión, la responsabilidad es de la propia madre. Que sea lo que tenga que ser y sea ella quien sane sus heridas. Sólo resta acompañarla en este proceso… si quiere.
    Artículos como este deberían ser el pan nuestro de cada día hasta que las cesáreas lleguen a ser una cuestión de necesidad, y no se realicen por otras múltiples causas.
    Gracias por la difusión.

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