El sentido común y un libro descarriado

Sobre el sentido común de algunos de nuestros pediatras

Muchos de los consejos emitidos en este libro contradicen las recomendaciones que sobre lactancia y crianza ofrecen organismos con autoridad en la materia en base a la evidencia científica, como son la OMS, UNICEF, la Academia Americana de Pediatría y el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría.

Hemos querido ilustrar este artículo de María Berrozpe con fotografías del blog de Sina. Son de padres y madres  que crían con apego, en base al conocimiento de las necesidades vitales de los niños. En Sina respetamos a los padres que optan por otro tipo de crianza para sus hijos.

Lo del “sentido común” depende de los ojos de quien lo mire…

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Publicado por María Berrozpe en http://reeducandoamama.blogspot.com, po

r María Berrozpe. .

El sentido común

Existen muchas definiciones diferentes para el sentido común, pero mi preferida es la siguiente:

Dícese del menos común de todos los sentidos.

Esta es sin duda  la más popular, y en internet aparece en innumerables ocasiones bajo la autoría de un tal H Greeley. Y es que, como bien dice el autor de este artículo que he encontrado en la red al buscar definiciones de sentido común:

…cada grupo de personas va a tener un sentido común distinto, por lo tanto el “sentido común” no es la respuesta universal a todos los problemas, es la respuesta consensuada de un grupo de personas basándose en las reminiscencias de la inercia social a la que se ven sometidos.

Todo lo dicho hasta ahora me lleva a una conclusión: Cada vez que alguien que pretende defender a capa y espada un argumento se ve obligado a recurrir al “sentido común” (“¡Esto es así por sentido común!“), pierde irremediablemente poder de convicción, ya que está demostrando la ausencia de argumentos realmente convincentes.

Os preguntaréis por qué de repente me ha dado por ponerme a reflexionar sobre el sentido común. La razón es que hace unos días me enteré de la publicación del nuevo libro de mi estimadísimo (ene)(a)migo doctor Eduardo Estivill, esta vez en coautoría con el doctor Gonzalo Pin. Y el título del libro me pareció extraordinariamente representativo de lo que nos íbamos a encontrar en su interior:

Pediatría con sentido común para padres y madres con sentido común

¡Ahí queda eso! ¡Y se han quedado tan anchos!

En mi vida había visto un título de libro tan extraordinariamente irrespetuoso e insultante como éste. Es IMPRESIONANTE. Ya veo, doctores Pin y Estivill, que los padres y profesionales que no estamos de acuerdo con la línea de crianza que ustedes marcan no tenemos “sentido común”. 

He echado un vistazo a las 40 primeras páginas del libro, y reconozco que cada una de mis células se me llena de adrenalina cuando leo consejos como éste:

Recomendamos que la mamá alimente al niño siempre que pueda en el mismo lugar, con luz, música ambiental suave y temperatura agradable.

El bebé debe permanecer despierto durante todo el tiempo de la toma. Esto es bastante difícil, pues tiende a quedarse dormido cuando come. Háblale, hazle pequeñas caricias y estimúlale suavemente para que se mantenga despierto.

Esto favorecerá que coma más y empiece a entender que la comida va asociada a estar despierto. La mamá debe seguir las normas de la lactancia materna a demanda o biberón, según su deseo y las recomendaciones de su pediatra.

En sólo siete líneas nunca había visto tantos consejos sin sentido:

1- ¿Alimentar siempre en el mismo sitio?

Entonces no nos movamos de casa durante los próximo meses (o años), no vaya a ser que a nuestro hijo le entre hambre en cualquier lugar y tengamos que volver corriendo para encender el hilo musical, bajar las luces y sentarnos en nuestra butaca de lactancia.

"Este es mi sillón de lactancia en este momento, porque estamos haciendo turismo en familia. A disfrutarlo, porque dentro de un rato será otro que disfrutaremos también."

Esto, dicho sea de paso, va a venir de maravilla a nuestra depresión postparto: en lugar de salir con nuestro peque a la calle todo lo que podamos para disfrutar de la vida al aire libre, el sol, los parques y los amigos, mejor nos obsesionarnos con dar el pecho siempre en el mismo sitio, con una música ambiental adecuada, la luz a la intensidad correcta y la temperatura perfecta.

¡Dios mío! Qué madre desnaturalizada soy.

Yo, que he amamantado a mis bebés en los bancos de los parques, sentada en los tranvías, flotando suavemente en una piscina, o en la cima del Jungfrau ¡¡¡¡¿Como habrán sobrevivido a semejante muestra de falta de “sentido común?!!!!”

2 – Lo de que el bebé debe de permanecer despierto durante toda la toma debe de ser una obsesión que tiene el doctor Pin, porque le he leído este consejo en numerosas ocasiones en la sección de consultoría que tiene en la revista Ser Padres.

"Me encanta ver tan satisfecha y feliz a mi niña. Y se ha quedado así a mi pecho y mientras mamaba."

Dicen que es difícil. Por supuesto que es difícil.

Va en contra de la naturaleza del bebé, de la naturaleza de la madre, de la naturaleza de las tetas de la madre y de la naturaleza de la leche de las tetas de la madre; o sea, va en contra de la naturaleza, de la madre naturaleza en sí.

Y por supuesto, ir en contra de tantos factores y tan importantes es evidentemente difícil.

Lo que yo no entiendo es la necesidad de realizar semejante proeza, excepto en el caso de bebés muy prematuros o enfermos que tienden a dormirse sin ser capaces de alimentarse suficientemente.

Pero es evidente que aquí no se refieren a estos casos. La única razón que se me ocurre es un maléfico deseo de complicar la vida al personal porque, de verdad, y con el corazón en la mano:

No hay manera más sencilla, natural, amorosa y perfecta de dormir a tu hijo que dormirlo al pecho.

Dicen los doctores que mantener al bebé despierto favorecerá que asocie la comida a estar despierto… Esta aclaración  no sé por dónde cogerla. Mirad que le doy vueltas y no hay manera.

"¿Hay algo mejor que una siesta veraniega juntas? ¿Quién dijo que cuando eres madre se acabaron las siestas?"

Sólo puedo decir que a mis hijos nunca les he aplicado este “método” de “lactancia sin dormir nunca al pecho” (todo lo contrario: siempre he usado el pecho para dormirlos) y desde luego nunca se me han caído dormidos delante de un plato de lentejas, ni se me ponen a bostezar cuando les saco una ensaladilla rusa.

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3- La frase final tampoco tiene desperdicio: 

La mamá debe seguir las normas de la lactancia materna a demanda o biberón, según su deseo y las recomendaciones de su pediatra.

Sencillísimo. Ya me diréis cómo compaginamos todos estos factores cuando:

  •  La madre sólo quiere que el bebé engorde y crezca bien, pero está agotada porque, como no puede dormir a su hijo al pecho, se obliga a despertarlo antes de ponerlo en la cuna y claro, luego no hay quien vuelva a dormirlo. Así que arrastra unas ojeras hasta las orejas y se muere por dormir cuatro horas seguidas aunque sea sólo una vez al día.
  • El bebé quiere tomar hoy cada 2 horas pero tal vez mañana cada 4, aunque en general por la tarde mejor cada media hora hasta las 4 de la madrugada. Eso estos días, porque dentro de unos días más la dinámica puede ser absolutamente diferente. Y además anda bastante fastidiado porque, cuando por fin coge el sueñecito enganchado a la teta, mamá  irremediablemente lo despierta, poniéndole de muy mal humor y con muy pocas ganas de dormirse de nuevo aunque esta realmente agotado.
  • El pediatra depende de la escuela que siga: Si es de los modernos y bien informados estará de acuerdo con dar libertad absoluta al bebé. Si es de la promoción de los Pediatrasaurus caducus te dará un completísimo horario muy bien especificado de a qué hora serán las tomas y cuántos minutos en cada pecho. Acompañado todo por un detalladísimo horario de papillas varias que deberás (sí o sí) introducir el primer día del cuarto mes de vida. En medio de las dos posiciones, tienes a pediatras que te dicen que “no antes de dos horas pero a demanda” o los que aseguran que “en cada toma debes de dar los dos pechos”.

Les aseguro, mis queridos doctores, que intentar seguir todos los consejos reunidos en estas siete líneas puede cargarse la felicidad del bebé, la madre y la familia entera en un visto y no visto.

Se lo digo por experiencia, porque cuando fui madre primeriza estuve a puntito de caer en sus garras pero, gracias a Dios, reaccioné a tiempo de salvar la crianza y la lactancia de mi hijo. A pesar de todo pagamos las consecuencias de intentar seguir tan absurdas normas con muchas horas de sueño perdidas, horas de llanto ganadas y varias mastitis fulminantes.

Si es que nos lo están poniendo en bandeja. A pesar de que en un primer vistazo da la sensación de ser un libro escrito desde el amor y el respeto a las necesidades de los hijos, a la que lees un poco con detalle queda clarísimo que, al menos en lo que a crianza se refiere, es un manual para adiestrar hijos que “no molesten” y que hagan todo lo que sus padres quieran: duerman cuando los padres quieran y donde los padres quieran; coman cuando los padres quieran, lo que los padres quieran y donde los padres quieran; y todo pasando por encima de las necesidades básicas y genuinas de nuestros hijos desde el mismo momento del nacimiento.

www.mamadelola.com

Eso sí, parece que la numerosas críticas a las polémicas obras del doctor Estivill (no sé nada de las dos publicaciones del doctor Pin) han dado sus frutos porque es evidente la suavización y el enmascaramiento de su discurso inicial.

¡Quién le ha leído y quién le lee, doctor Estivill!

Pero lo cierto es que hay situaciones en las que ponerse en un punto medio no es honesto – o se da lactancia a demanda o no se da, o se aplican métodos conductistas en la educación o no se aplican, o respetas las necesidades de tu hijo o no lo haces, o sigues tu deseo maternal o no lo sigues –  por lo que su discurso actual queda muy poco coherente.

Además de que supone un peligro porque engaña sobre sus verdaderas intenciones con palabras suaves y buenos propósitos.

Por ejemplo. Lo que escriben sobre la lactancia materna en estas cuarenta páginas. Lo representan como “un gran dilema“: dar el pecho o no darlo. Como una mera “opción personal“.

Así se cargan de un plumazo el hecho evidente de que dar el pecho es la opción por defecto, lo natural, y que cualquier opción diferente se toma cuando hay probadas evidencias de que esta primera no es posible. De esta manera presentan la lactancia artificial al mismo nivel de prioridad que la lactancia materna.

Y No. La lactancia materna y la lactancia artificial no pueden tener la misma prioridad a la hora de elegir entre una y otra.

Eso es como decir que el hecho de que el bebé empiece a caminar con sus piernas o ponerle unas prótesis artificiales es “un gran dilema” y “una opción personal”.

Creo que para cualquier persona en sus cabales amputar las piernas a un niño sano para que ande con prótesis le parece una aberración y una bárbara crueldad.

Por motivos culturales, sociales o políticos la lactancia materna ha sido sistemáticamente ignorada y despreciada en los últimos siglos en nuestra sociedad occidental y por eso poca gente se escandaliza hoy en día de que una madre se plantee siquiera la posibilidad de no darle pecho a su hijo porque sí, porque no le apetece.

Pero ustedes, doctores Estivill y Pin, tienen LA OBLIGACIÓN de luchar contra esta actitud tan mayoritaria desde su posición de médicos que conocen, no las ventajas de la lactancia materna, sino los inconvenientes y efectos indeseados de la lactancia artificial.

Porque esa es otra. En todo buen manual de pediatría que se precie no se puede dejar de hablar de las “ventajas” de la lactancia materna. ¿Verdad doctores?

Pues tampoco. Hoy en día cualquier manual de pediatría y crianza que se precie de estar actualizado y de apoyar las recomendaciones de las más importantes sociedades de pediatría y de la misma OMS, no debería hablar de las ventajas de la lactancia materna, sino de los inconvenientes de la alimentación con leche de fórmula.

Es un matiz extraordinariamente importante porque define claramente que la opción por defecto debería ser siempre la lactancia materna, dejando la leche de formula para los casos en los que la primera es ABSOLUTAMENTE imposible.

Que los hay, no lo dudo, y la madre que se encuentra obligada a recurrir a la leche de fórmula por encontrarse en uno de estos casos, desde luego que no es una mala madre, ni es peor madre que la que puede dar teta a su hijo.

El siguiente párrafo no puedo leerlo sin una taza de tila delante. Casi me produce urticaria reproducirlo aquí:

En cualquier caso, las fórmulas infantiles de leche son la alternativa. Como lo serán probablemente más adelante, cuando tengáis que comenzar a preparaos para volver al trabajo y os veáis obligadas a dejar de amamantar a vuestro bebé (podéis leerlo en el siguiente capítulo).

Lo único que puedo hacer ante este despropósito es dejaros la maravillosa obra editada por La Liga de la Leche en la que varias madres nos cuentan cómo mantuvieron su lactancia al retomar su vida laboral: Las hijas de Hirkani. Menos mal que no tengo acceso al siguiente capítulo del libro porque no acabaría nunca este post.

… El hecho de alimentar al bebé con biberón facilita que los padres participen en la alimentación y refuercen su papel paternal desde el principio.

Por supuesto, ¡el padre que no alimenta a su bebé ni es padre ni es nada! ¿Dónde se ha visto que se respete la necesidad del bebé de tomar y chupar teta?

De excursión en la montaña con papi

De nuevo un documento de La liga de la Leche, donde los padres que quieran ejercer su papel siguiendo como directriz las necesidades de su hijo encuentran ideas estupendas de como hacerlo: Papel del padre en la lactancia.

Conviene subrayar que dar el biberón puede ser un momento de contacto entre ambos igual de intenso y emotivo. Todo depende del amor con que se haga.

El padre tiene un papel fundamental en la lactancia y podrá aprovechar multitud de oportunidades para vincularse con su hijo, que le permitirán al mismo tiempo cuidar a la madre.

Todos los momentos con el bebé pueden ser intensos y emotivos. Desde bañarle hasta cambiarle el pañal o llevarle a pasear al campo.

Dar el biberón no tiene nada que no tengan esos otros momento y en cambio sí carece de algo fundamental: no respeta completamente las necesidades del bebé.

Porque el biberón, no lo olvidemos, es un sustituto del pecho que sólo debe ser utilizado cuando el pecho no está disponible.

Incluso aunque venga llenito de leche materna, el pecho siempre será más agradable y beneficioso para el bebé y por lo tanto el uso del biberón debería quedar restringido a los momentos de verdadera necesidad, y no a los caprichos del resto de la familia de alimentarle.

¿Otras diferencias? Las fórmulas artificiales de leche se digieren más despacio que la materna, por lo que la frecuencia de las tomas acostumbrará a ser más dilatada. 

¿Y no se les ocurre, caballeros, que esta característica de la leche materna, lejos de ser una ventaja que permite distanciar las tomas, es una desventaja para el aparato digestivo del bebé que puede influir negativamente en su desarrollo, e incluso provocar enfermedades en el futuro?

Por supuesto, en este prometedor libro no podía faltar una referencia a la “esclavitud” que puede suponer la lactancia materna si no se cuenta con la imprescindible ayuda de unos biberones que permitan a la madre liberarse y que otra persona alimente a su bebé:

Que des el pecho no quiere decir que seas imprescindible. Utiliza un extractor de leche o sacaleches para guardar una cantidad (en el frigorífico se puede conservar hasta 2 días, y congelada hasta 3-6 meses) y que el padre o alguna persona cercana pueda, en un momento dado, alimentar al bebé si tú no puedes hacerlo o si quieres descansar un poco.

También te será de utilidad si tienes un acúmulo excesivo de leche para lo que demanda tu bebé.

De nuevo esa imagen de la madre que está que se muere por separarse del niño. Que está cansada de su niño. Que necesita que otros se ocupen del niño para que ella pueda descansar.

De nuevo esa imagen de la lactancia como un grillete alrededor del cuello de la mujer, atándola irremediable y trágicamente a la boca de su hijo. Y nada sobre los momentos de tranquilidad, relajación , intimidad, contacto amoroso y fusión física y espiritual que regala la lactancia  a la diada madre-bebé (¡Ah! claro, recordemos que la madre no se puede relajar al dar el pecho porque tiene que estar pendiente de que el bebé no se duerma. Se me había olvidado).

Nada sobre las otras múltiples tareas que el padre, la abuela o la suegra pueden hacer para ayudar a la madre a concentrarse y fusionarse con su hijo.

Y nada sobre la necesidad importantísima, especialmente en este primer mes de vida del pequeño, de que se produzca el ajuste entre la producción y el consumo de leche. Ajuste que se verá dificultado si la madre se dedica a sacarse leche con el sacaleches para tener reserva en la nevera o para que el resto de la familia tenga el honor de alimentar al bebé.

El sacaleches debería usarse sólo para descargar un poquito el pecho demasiado lleno, lo suficiente para que deje de molestar. Pero si se utiliza demasiado sólo provocará una sobreproducción que puede llegar a ser muy dolorosa y molesta.

Señores doctores: ¿No se les ha ocurrido que la madre lo que necesita es el tiempo, la libertad, la tranquilidad y el apoyo necesarios para alimentar y dormir a su hijo y con su hijo cuando ambos quieran y necesiten?

¿No se les ha ocurrido que todas esas absurdas normas sobre que el niño no se duerma al pecho, duerma en su propia cuna y  se le duerma de una determinada manera y a unas determinadas horas, o se le vaya “enseñando a dormir” para que así deje dormir a sus padres… son las causantes de que el niño y su cuidado sean vistos y sentidos por su madre y su padre como una esclavitud, como una imposición de la que se necesita “descansar”?

¿No se les ha ocurrido, señores doctores, que la madre SI ES IMPRESCINDIBLE para su hijo, dé o no el pecho?

¿Han oído hablar de la herida primal?

¿Realmente creen que un sacaleches y un biberón van a cambiar la necesidad que la criatura tiene de su madre?

¿Realmente creen que dificultar con sus normas la capacidad de la madre para satisfacer las necesidades más básicas de su criatura ayuda a ninguno de los dos?

A propósito, otro detalle extraordinariamente esclarecedor. El apartado titulado Ventajas de la lactancia materna” contiene unas 90 líneas de texto (sí, me he molestado en contarlas) de las cuales sólo 20 están dedicadas a la lactancia. El resto, unas 70 (todavía dentro de este apartado), hablan sobre el biberón y su preparación, así como de los famosos cólicos.

¿Hace falta comentar nada más sobre esto?

Me temo, doctores Estivill y Pin, que ustedes sólo pretenden quedar bien con la tendencia actual de apoyar la lactancia desde todos los ámbitos, pero sin la menor intención de hacerlo realmente. Queridos lectores, aquí os dejo un ejemplo de un texto que realmente pretende explicar e informar sobre los beneficios de la lactancia materna, escrito por Mireia Long en Bebes y Más. Pasen y comparen.

¿Qué pretenden exactamente vendiendo tanto consejo sinsentido? ¿Que Nestlé y compañía les paguen los viajes a congresos? No se me ha pasado el inquietante paralelismo entre los consejos que ya he citado y los que vimos hace unos meses en el vídeo editado por Nestlé sobre el sueño de los bebés

¿Cuál es su principal objetivo escribiendo libros como éste?

¿Vender millones de libros a madres y padres angustiados, inseguros, con el deseo enmudecido, solos, asustados ante lo que se les viene encima con el nacimiento de su hijo y que además arrastran ellos mismos las consecuencias de su propia herida primal?

Porque, evidentemente, los padres que escuchamos nuestro propio deseo maternal/paternal no necesitamos que nadie nos venda un manual de pediatría tan lleno de “sentido común”.

No, los padres que hemos descubierto dónde están las respuestas para satisfacer a nuestros hijos en sus verdaderas necesidades, sólo necesitamos a los pediatras para algún antibiótico ocasional, el control de una fiebre alta, unos mocos rebeldes, unos puntos de sutura en una herida especialmente profunda o las vacunas de rigor. Y ya está.

"El Dr. Mendez (prefiero no llamarlo "mi pediatra", porque no es de mi propiedad) no me ha dicho que hoy tenía que venir al parque, ni que ahora tenía que mamar mi hija ni mi hijo darme un beso. Pero YO LO SÉ, y ellos también."

Yo no necesito que mi pediatra me diga cómo, dónde y con quién deben de dormir mis hijos. No necesito que me diga que le enseñe a dormir o que le ofrezca comida cada 3 minutos hasta que se la coma. Eso está fuera de su competencia.

La crianza de mi hijo es cosa mía, no de su pediatra. Cuando mi hijo, por enfermedad o accidente cae en un estado patológico, entonces acudiré a su pediatra. Pero antes no. Antes sería obligar a este respetable profesional a asumir una responsabilidad que me corresponde a mí, no a él/ella.

Y con este libro es lo que ustedes pretenden. Que los padres nos olvidemos de lo que íntimamente sabemos, desoigamos nuestros más profundos deseos y dejemos la crianza de nuestros hijos absolutamente en sus manos. Y desde luego, siguiendo sus consejos se entra en una dinámica tan adulterada y dificultosa que ya no queda más remedio que estar irremediablemente enganchado a sus manuales para tirar hacia adelante. 

Doctores Pin y Estivill, su pediatría del sentido común sólo consigue convertir el ejercicio de la crianza de nuestros hijos en un infierno de normas absurdas y necesidades insatisfechas.

Qué pena que, en lugar de cultivar sus respectivas especialidades, en las que no dudo que sean ustedes brillantes, escribiendo todo lo que les venga en gana dentro de sus respectivos campos y en las revistas científicas en las que corresponde, se dediquen a meterse en donde nadie les llama, utilizando su prestigio para validar unos consejos que hacen más mal que bien y que se hunden por su propio peso.

Dejen la crianza para las madres y los padres. Nosotros, cuando algo no funcione o tengamos dudas, acudiremos a los profesionales que consideremos oportunos: pediatras, psicólogos, pedagogos, maestros… Y por favor, no nos tomen por ignorantes e incultos.

Un detallito muy esclarecedor de su libro: no tiene sección de bibliografía. Esto significa que ni siquiera se molestan en citar esas fuentes con un rigor científico tan máximo, como ustedes dicen.

Todas las obras científicas basadas en evidencias tienen que tener las citas de las fuentes originales. Se ve que ustedes no lo han considerado necesario porque, total, su obra sólo la van a leer padres, abuelos, cuidadores y educadores. ¿Para qué molestarse en citar nada?

Para finalizar diré que por principio estoy absolutamente en contra de la quema de un libro. Para mí los libros son sagrados y su censura me recuerda las épocas más negras de nuestra historia. Pero en este caso sí que me gustaría recomendar al Ministerio de Sanidad español que en la portada de nuestro protagonista añadiera un pequeño párrafo alertando de los indeseables efectos que conllevará para la salud mental y física del bebé, su madre y toda la familia, seguir sus consejos sobre crianza.

Informar para prevenir nunca está de más.

Publicado por María Berrozpe en http://reeducandoamama.blogspot.com

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8 Respuestas

  1. Genial el artículo de María y genial la recopilación de fotografías para ilustrar las tonterías (sin perdón) de estos señores.
    Como siempre, Gracias.
    Abrazos.

  2. Preciosas las fotos! Mejor iría el mundo con sentido común…que desconectados están algunos de ese sentido 🙁

  3. Marian vlc

    aplaudo los comentarios de maría berrozpe y vuestra selección de fotos.

  4. Muchas gracias por reproducir mi artículo. Y tus fotos me han encantado muchísimo!!! Son preciosas!!!!!!!

  5. elblogdesina

    GRACIAS a ti, María, por escribirlo y permitirnos reproducirlo en nuestro blog. Nos alegramos de que te hayan gustado las fotos.
    Un abrazo.

  6. ana gonzalez

    Me encanta!!!! jajajja!!! como reí con tus ironias!!!!! y estoy de acuerdo, soy doctora y mi abuela me ve con esa mirada calumniadora cuando doy de mamar a mi bebé de 9 meses a toda hora!!! y me encanta… romper esquemas!!!

  7. Muy de acuerdo en todo, salvo en un punto. Los métodos de Estivil no son conductistas, salvo quizás alguna versión muy muy primitiva y mal enfocada del conductismo. En el conductismo dejar llorar a un bebé sería impensable, porque se está negando una necesidad fisiológica, y porque funciona mucho mejor ir “en positivo”. Por poner un ejemplo funciona mucho mejor (y encima no es cruel) enseñar a un niño a hacer cosas constructivas, como pintar, o jugar a lo que sea, que irle enseñando todo lo que no debe hacer. Imagino que la mezcolanza viene de que sí puede ser conductista no hacer caso a un niño que sabemos tiene una pataleta por un capricho, pero eso es muy distinto de dejar llorar a un niño que se siente solo, o hambriento, o quizás tenga molestias o lo que sea. Vamos, es que lo que propone esa gente ni en los manuales de conductismo para perros.

  8. elblogdesina

    Estimada Livia:

    El nombrar a métodos como el de Estivill (herencia del método Ferber) como conductistas, viene de que es un método que trata de cambiar una conducta sin pararse a ver qué motivos subyacen en el comportamiento que se está dando.

    El que un niño llore cuando se va a dormir y se le deja solo se puede deber a miedo, ansiedad, sensación de peligro… incluso a que se encuentre mal y necesite cuidados. Si tratamos ese comportamiento aislando la conducta y trabajando sobre la extinción de la misma, lo único que conseguiremos es un niño que reprime sus emociones y que acaba teniendo la sensación de que no es escuchado cuando el adulto no está cómodo con su comportamiento. Pero eso no solucionará el problema que da motivo a esa expresión emocional. Lo tapará y las consecuencias de no haber dado solución se verán en el futuro.

    Un saludo,

    Asociación Sina

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