El lado femenino

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Respuesta del pediatra Carlos González, cuando alguien en un foro le elogió su “lado femenino”:

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¡Eh, alto ahí! Quiero aclarar que yo no soy ni femenino ni maternal, sino masculino y paternal.

Ya sé que son cosas que se dicen, y que se dicen sin mala intención, y a lo mejor yo también lo he dicho alguna vez, en una época lejana. Pero querría que reflexionásemos para acabar con este tipo de lenguaje sexista y discriminatorio.

Hace un siglo, cuando una mujer iba a la universidad, cuando trabajaba como ingeniera, médico o abogada, se decía que tenían “inteligencia masculina”, o que “llevaba los pantalones”, o que tenía “una actitud muy masculina”.  Y es probable que quienes decían eso lo dijesen como un elogio, e incluso que aquellas primeras mujeres lo aceptasen como elogio. Porque eran las primeras, y aún no habían reparado en las connotaciones de esas frases.

Pero hoy, cualquier universitaria a la que le dijésemos “eres tan inteligente como un hombre” se lo tomaría como un insulto, y con razón. Sencillamente, la inteligencia no es exclusiva del varón, y punto. Pues lo mismo, a mí hace veinte años me parecía un elogio lo del “lado femenino”, pero ya no.

Los varones no somos brutos y violentos. Algunos hay, y también algunas mujeres. Pero otros varones, como otras mujeres, son respetuosos, sensibles o cariñosos, y eso no es tener un “lado femenino”. Yo soy masculino por los cuatro costados.

Hay muchas expresiones en que caemos en ese juego del prejuicio y del estereotipo. De algunos nos hemos dado cuenta y los vamos abandonando, pero otros, inexplicablemente, se mantienen.

Por ejemplo, casi nadie diría hoy en día “el negro que tenía el alma blanca”, “la mujer que es inteligente como un hombre”, “es judío, pero no se le nota nada”, “es gitano, pero muy trabajador”…

Pero todavía se dice lo del “hombre con lado femenino”, o lo del “abuelo con el espíritu joven”. Estamos tan convencidos de que los viejos tienen que ser cascarrabias, aburridos, intolerantes o retrógrados, que cuando vemos a uno activo, divertido, comprensivo o innovador, en vez de reconocer que nuestro prejuicio estaba equivocado, preferimos atribuirlo a una supuesta “alma joven” que habita en su viejo cuerpo. Y del mismo modo cuando un joven estudia en vez de irse a la discoteca decimos que es “muy maduro”, o cuando un español llega a tiempo a algún sitio tiene “puntualidad suiza”. Hasta hay norteamericanos con “una manera muy europea de ver la vida”.

Y si ya era sexista y discriminatorio lo de distribuir las virtudes por sexos, considerando que toda la sensibilidad y el cariño son femeninos y toda la inteligencia y el valor son masculinos, de un tiempo a esta parte he notado en algunos ambientes una tendencia todavía más denigrante, la de considerar todo lo bueno “femenino” y todo lo malo “masculino”.

La opresión, la tiranía, la violencia, la explotación, todo viene del “patriarcado”, todo es “masculino”, y cuando lo hace una mujer es, como no, una mujer “masculinizada”. La solidaridad, la cooperación, el respeto, son por definición “femeninos”. Alguna vez he oído hablar de maneras “masculinas” o “femeninas” de abordar los problemas o de organizar las relaciones sociales. Será porque soy varón, pero ese tipo de discursos me parece muy ofensivo.

Curiosamente, la importancia de la primera hora fue introducida en nuestra cultura por dos varones, Klaus y Kennell (“El vínculo afectivo”). Y su principal detractora fue una mujer, Diane Eyer (“Vinculación madre-hijo, una ficción científica”). Más curiosamente aún, Eyer, considera la teoría del vínculo como una especie de conspiración machista para mantener sometidas a las mujeres, además de una conspiración médica para tener dominadas a las pacientes y sacarles el dinero.

Bueno, ya está bien de rollo (buen rollo, por supuesto).

Saludos

Carlos González

Una respuesta

  1. Alejandra

    Muy bien otra vez, Dr Carlos Gonzalez, y gracias! Somos personas con sensibilidad, inteligencia, valor, madurez, defectos, virtudes, bondad, maldad… y tantas otras cosas! deberíamos comenzar por evitar la famosa preguntita que se hace a la pareja embarazada:” y que quieren, nena o nene?” ya que deberíamos todos querer una personita sana, por empezar…

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