Una vaca que indigna tanto a madres como a pediatras

http://blogs.elpais.com 29/X/2010  Por: Cecilia Jan

Una teta siempre triunfa en los medios de comunicación. Pese a todo lo que ha llovido desde que el pecho desbocado de la italiana Sabrina –“boys boys boys”- amenizara la Nochevieja de 1987 a millones de españoles, el axioma sigue plenamente vigente. El Mundo lo sabía cuando publicó la foto de portada del Magazine del domingo 17 –una modelo desnuda pintada y con cuernos de vaca con un bebé en brazos-, con un titular igualmente provocador: Madre o vaca.

Entre los “indignados” por lo que consideran un ataque a la lactancia materna no sólo se cuentan los casi 9.000 que así se han declarado en Facebook, los más de 9.300 firmantes de una carta al director aún por enviar o una decena de madres blogueras, sino también la Asociación Española de Pediatría (AEP).

Las reacciones, tanto a la forma como al fondo del reportaje, que pone en duda las evidencias científicas sobre los beneficios del amamantamiento, han sido tan numerosas que, una semana después, el diario ha publicado un reportaje bis, que no una rectificación, para explicar la polvareda levantada.

“Como periodista y madre lactante de un bebé de 20 meses, el reportaje me ha parecido cuando menos ofensivo, por no hablar de poco riguroso y parcial, y las imágenes que lo acompañan no sólo son de pésimo gusto, sino que también resultan insultantes”, escribía Vivian Watson en su blog Nace una mamá, que refleja el sentir de muchas otras en bitácoras y comentarios.

No es sólo la opinión de lactivistas -“talibanas de la teta que han renunciado a casi todo”, las califica la ex diputada y miembro del Consejo de Estado Amparo Rubiales en El Mundoo de la “guerrilla lactante” -como las llama la periodista Begoña Gómez, de ADN-.

“Cuando lo leí, sentí un doble enfado, no sé si fue mayor como madre o como científica”, me explica Mª del Carmen Iglesias de la Cruz. Doctora en Farmacia y profesora de Biología Celular e Histología en la Universidad Autónoma de Madrid, escribió, fruto de esta indignación, una larga carta de defensa de la lactancia materna, llena de enlaces a estudios científicos, que una amiga suya colgó de la web www.peticionpublica.es y que, movida a través de la página de Facebook, tiene más de 9.300 firmas de apoyo.

El reportaje también ha puesto en pie de guerra a numerosos pediatras, entre ellos el Comité de Lactancia Materna de la AEP en pleno. “La impresión es que el enfoque estaba en contra de la lactancia materna”, me dice María Teresa Hernández Aguilar, coordinadora del Comité, “aparte de un enfoque totalmente ofensivo en las fotos, con un símil muy desafortunado porque precisamente el niño que no es amamantado es el que toma leche de vaca”. No hay que olvidar que la leche de fórmula es leche de vaca, a la que se añaden y quitan componentes para imitar la leche materna.

La comparación de las madres lactantes con vacas sólo se usa en fotos y titulares (los interiores son incluso más llamativos, con la misma modelo a cuatro patas y el bebé debajo, titulado La era de las madres vaca). El propio diario explica que “tienen un elemento de provocación para fijar la atención del lector”.

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Argumentos científicos

Uno de los argumentos más polémicos del reportaje es el de que las evidencias científicas de los beneficios de la lactancia materna no son concluyentes, apoyándose en las menciones a un informe médico, a otro reportaje publicado en The Atlantic hace año y medio (que fue contestado en su día por asociaciones científicas), y en las opiniones de dos feministas (ninguna médica). Dice el Magazine:

El mencionado informe de la American Academy of Pediatrics reconoce que las investigaciones sobre las ventajas de la lactancia materna ‘sugieren’ disminución de enfermedades en los bebés, ‘se asocian con un rendimiento ligeramente mejor’ en pruebas de desarrollo cognitivo del niño, ‘posiblemente’ indiquen una disminución del riesgo de osteoporosis para la madre… Se sugiere, se asocia, se indica… Pero ¿se puede afirmar categóricamente que los niños criados con biberón tendrán un peor desarrollo físico, cognitivo o afectivo que los criados al pecho? Hasta ahora no hay pruebas concluyentes.

“Sí hay pruebas concluyentes”, asegura Hernández Aguilar. La coordinadora del Comité de Lactancia Materna de la AEP aporta enlaces de reseñas científicas de estudios consistentes, entre ellos, un informe de 2007 del Departamento de Sanidad de EE UU que analiza decenas de estudios de alta calidad.

“Pero los científicos somos muy prudentes antes de decir que algo es al 100%”. Es decir, se usan términos como “sugieren, se asocian o se indica” no por falta de evidencia, sino por la prudencia y el escepticismo normal en los científicos. “Hay que conocer mucha terminología para saber lo que dice exactamente un estudio”, afirma.

La pediatra quiere dejar claro que “los profesionales sanitarios no tratan de martirizar ni culpabilizar a las mujeres para amamantar”, en referencia al primer testimonio del reportaje, una madre con una experiencia nefasta –grietas, la niña no se enganchaba, los médicos presionaban para que siguiera intentándolo- que se hubiera solucionado simplemente si un profesional con la formación adecuada le hubiera ayudado a colocarse correctamente al bebé.

Lo que se pretende desde la Organización Mundial de la Salud, UNICEF o la Asociación Española de Pediatría es dar formación para que sepan apoyar a la mujer que quiera amamantar. Se pretende que la mujer tome una decisión informada sobre los riesgos y los beneficios, y después, ayudarla.

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Madres esclavizadas

Aparte de los científicos, el otro argumento “en contra” de la lactancia materna más contestado es que impide el desarrollo profesional de la madre, incluso que las campañas a favor de la lactancia materna son una conjura para devolver a las mujeres a sus casas en época de crisis. “Si se siguieran al pie de la letra las recomendaciones de la OMS (lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, y con otros alimentos hasta los dos años), el mercado laboral se vaciaría de mujeres en edad reproductiva”, dice el reportaje.

Eloísa López contesta en el blog Una maternidad diferente:

Que esto no es todo o nada. Que cuando la mamá se incorpora al trabajo se puede dar alimentación complementaria, recurrir a la lactancia mixta (bibe cuando mamá no está y teta cuando está) o sacar leche para luego dársela. En el mejor de los casos, esto durará cuatro o cinco meses ya que en cuanto el bebé empiece a comer de todo tendrá de sobra con las tomas de leche que haga estando su madre en casa… Vamos, que me parece todo un insulto a las madres trabajadoras que han dado el pecho –y lo siguen haciendo- a sus hijos durante años.

Según los datos de la AEP, a la salida del hospital, la mayoría de las madres (80%) dan el pecho, a los tres meses solo el 52,5% toman leche materna en exclusiva, y a los seis, el 36%.

Por tanto, a los tres meses, el 47,5% de los niños toman algún biberón, y a los seis, el 64%. Sin embargo, no llega al 2% el número de padres que se toma alguna de las 10 semanas de baja de maternidad que se pueden ceder al hombre (en 2009, 5.726, frente a 340.512 bajas maternales concedidas).

Es decir, aunque no amamanten, las madres también se quedan en su casa durante las 16 semanas de baja. Claro que hay un problema de desigualdad de género en el mercado laboral, pero, ¿por qué echarle la culpa a la lactancia materna?

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