Mi parto después de cesárea

Me puse de parto una madrugada de sábado de Luna nueva. Era tarde, había tomado aceite de ricino para tratar de que se iniciara el parto por miedo, o mejor dicho, terror, de llegar al lunes y que me propusieran de nuevo una inducción o una cesárea.

Las contracciones comenzaron, suaves pero salvajes desde el inicio. Pensé que podía ser preparto, pero algo en mí decía que no, que era mejor que descansase. Me fui a la cama, traté de dormir pero no podía. Las contracciones cada vez eran más fuertes.

En una contracción no soporté el dolor y me levanté de golpe. Noté algo líquido, dije, ¡¡ostras!! Mi chico me preguntó qué pasaba y le dije que esperase para asegurarme.

Al levantarme un líquido caliente comenzó a fluir entre mis piernas, empecé a reír y le dije: “¡¡cariño, melocotón!!!”. Durante el embarazo habíamos visto una peli de dibujos, ace ige, en la que melocotón es la palabra clave para indicar que la mamut está de parto.

Mi chico se llevó a mi hijo a casa de mi madre, mientras me despedía me puse a llorar y al cerrar la puerta pensé que esa era la última vez que hablaba de nosotros tres, ahora seríamos nosotros cuatro. Lloré bastante y la cosa se paró un poco pero no duró mucho esa pausa, lo justo para relajarme, tomar aliento y contar a la gente que necesitaba mentalmente en ese momento lo que estaba sucediendo.

Cuando volvieron, me puse a cuatro patas sobre la pelota de dilatación y creo que también hice ejercicios de rotación de caderas. Hubo risas, me hice fotos, qué felicidad, estaba de parto. Me había puesto de parto yo solita, sin drogas.

Cuando no pude más me fui al hospital, empezaba a amanecer. Tenía pensado ir a un hospital que estaba lejos, pero de camino decidí que no quería ir hasta allí porque necesitaba tener a mi hijo cerca. Así que fui al hospital donde 18 meses antes había  ingresado para inducir en la semana 39, donde me había sentido maltratada completamente… pero esta vez, estaba informada y esa era mi armadura.

Llegué, bailaba con las contracciones y reía cuando cesaban. Qué sensación, sabía lo que era estar de parto.

Me pasaron y comenté que tenía contracciones pero que no sabía indicar la frecuencia, no lo había ni mirado, y que venía con la bolsa rota. Me hacen un tacto, tengo 1 centímetro de dilatación, la niña no estaba encajada, el cuello estaba en posterior… con esa exploración, lo mejor era no ir ni a paritorio, así que me fui a una habitación tranquilamente.

Recuerdo ese tiempo a cuatro patas mordiendo la cama, que ilusa si aún “casi” ni dolía… por lo menos comparado con lo siguiente. Me hicieron un monitor y otro tacto, estaba de 3 cm y las contracciones eran rítmicas, me dejaron elegir si me quería ir a paritorio o quedarme en la habitación y volví a la habitación porque había ducha y me calmaba mucho.

Poco a poco se fue parando, así que usé ese tiempo para caminar. Cundió un poco el pánico al pensar que se había acabado. En ese momento me dijeron que lo mejor era ir ya a paritorio, por las horas que llevaba con bolsa rota que ya eran más de 12. Allí fui, pensando que se terminaba todo.

Al llegar me pusieron monitor y no había nada. Mi chico me susurró que no me preocupase, que se había parado porque como buena mamífera mi niña estaba esperando a que bajase el Sol. Pensé que era estúpido y no sé por qué, ahora al recordarlo me emociono.

Efectivamente así pasó, no hizo falta que se hiciera de noche, sólo que no fuera tan de día. Empezaron de manera salvaje, otra vez a cuatro patas y aquí empieza a patinarme la memoria, aunque es cierto que día a día recuerdo más detalles.

Al principio las soportaba a cuatro patas, después ya no pude con eso. Me puse de rodillas al borde de la cama, tirándome para atrás en cada contracción sobre Juan.

No quería que hablase, no puse mi música ni hablé con mi hija en voz alta. Necesitaba silencio.

Mi chico me decía que tenía cara de planeta parto, que yo podí,a que todas podíamos. Yo le decía entre sollozos que yo no podía, que no podía más, que estaba agotada.

Le decía que quería otro tacto, que necesitaba saber como estaba. El me decía que no, que me dejase llevar y ya está. Ahora recuerdo sus palabras con un cariño alucinante. En ese momento, le odié cada vez que decía algo de eso. Sentí ganas de donarle mi útero y que sintiese él lo que era, y después si tenía narices, me dijese que yo podía…

Grité que quería anestesia, él me lo alargaba. Jamás lo hubiese pensado, pero mi novio fue la mejor doula que podía haber tenido al lado. Le quiero más desde ese día, ya no es sólo mi amor, mi amante, el padre de mis hijos y el hombre de mi vida. Hoy, es también la persona que me apoyó en mis locuras y me animó a traer al mundo a mis hijos. Yo parí fisicamente, él sufrió de impotencia al verme gemir y no tener remedio alguno más que sus palabras, que me ayudaban poco. Parimos los dos.

Hubo un cambio de turno a las 9 de la noche del día 13, era mi matrona, la única persona de la que tengo un buen recuerdo de mi primer parto. Era ella y se lo dije, le conté el parto y me dijo algo que no recuerdo, pero me daba a entender que esta vez sería diferente. Era sincero, se lo noté en los ojos y confié.

Me hizo un tacto, 5 cm, y llevaba casi 24 horas de parto. Pero el cuello estaba muy blandito, la niña aún alta y encima en posterior y de cara, de ahí el dolor tan intenso que tenía en el culo y la necesidad absoluta de estar a cuatro patas. Al salir oí que decía: “esto pinta bien”. ¡¡SII!!

Me dio una pelota de dilatación y me tumbé sobre ella, me dormía entre contracciones y me caía para los lados así, que mi chico me agarraba para que pudiera “descansar”.

Estuve poco así, pronto sentí la necesidad de ponerme de lado y levantar la pierna en cada contracción. Poco a poco sentía que el dolor de culo pasaba más arriba.

Ahora sé que esa postura abre la cadera y ayuda a que el bebé se coloque bien, pero en ese momento, me lo pedía mi cuerpo.

En algún momento del parto vomité, creo que 2 ó 3 veces. Así que no sentí hambre en ningún momento. No sé si bebí, eso no lo recuerdo.

La niña, llevaba 2 o 3 horas con taquicardia. Había que descartar un sufrimiento fetal y me hicieron una prueba de gases. Vino la ginecóloga y la matrona y le pedieron a mi chico que saliera, a él estas cosas le impresionan mucho y yo no protesté.

Pensé: “éste es el momento, ahora me dicen que cesárea porque no dilato. Llevo más de 24 h de parto, hace 2 horas estaba solo de 5 cm y además la niña empieza a protestar…”

Me hace un tacto primero, me dice que estoy de 9-10, que hay un reborde pero que estoy casi en completa!! Que la niña ya no está en posterior pero que está muy alta.

Le pregunto si así podría ser un forceps o algo, me dice que no, que para parto instrumental tiene que estar en un segundo plano por lo menos y la mía está en un tercero.

Se me saltan las lágrimas y empiezo a decir de manera compulsiva: por lo menos sé lo que es llegar hasta aquí, sé lo que es casi parir.

En ese momento entra una auxiliar, dice un número y ella me dice: “Adriana, están perfectos. Podemos esperar más”. Aún lloro al recordarlo.

Esperemos. No me encuentro bien de pie, ni tumbada sólo de lado o sentada.

Mi cama es articulada, me la ponen tipo silla y me ponen una barra para que haga fuerza o lo que sienta que debo hacer.

Al sentarme siento una presión. La matrona se va. Le digo a Juan que tengo ganas de empujar que por favor avise.

Va a por la matrona que aún no estaba ni en el control y le dice que no empuje porque aún me queda un reborde y me puedo desgarrar.

Juan entra y me lo dice. Juan… ¿cómo no voy a empujar si mi cuerpo empuja solo? Vuelve y se lo dice a la matrona que vino un poco desganada.

Creo que pensó que era una paranoia mía. Al llegar ella me tumbo. Me mira y me pregunta:  “¿Estás a gusto boca arriba?” Acabo ese empujón y cansada le respondo que sí. Me pregunta que si estoy segura, porque el reborde que me habían dicho antes ya no estaba y se le veía el pelito.

Empujo otra vez, al terminar, me vuelve a preguntar y le digo que no. Me puse de lado y en cada pujo agarraba mi muslo y tiraba de él para arriba con fuerza.

Sentía que me hacía caca, lo pasé fatal. Le dije que iba al baño y me dijo que no, ¡que me cagase! Que no pasaba nada.

Empujé con fuerza pensando que me hacía caca y no pasó, le pregunto a mi novio si quería ver el pelito y él se asomó.

Me pusé eufórica, PUEDO TOCAR!!? Me dijo que sí, me metí los dedos y la noté. Grité: “¡¡Que blandita!!”

Me preguntó si quería un espejo: ¡SIII!. Me pusieron un espejo gigante y ahí estaba. Saliendo de mí, partiéndome, y yo ya no sentía dolor. Sentía gozo y emoción.

Se me quitó la sensación de hacer caca y empezó la presión y los pinchazos. A los segundos empecé a decir, “¡¡el aro de fuego!!” Mi novio me agarró la mano, creo que pensó que lo decía porque dolía… nada que ver, ¡era el aro! Cuantas veces soñé con cómo sería y ahora estaba ahí en mi vagina, sintiéndolo porque estaba ayudando a nacer a mi hija.

Miré de nuevo al espejo y había un hilillo de sangre, me había desgarrado un poco pero yo solita. En esa habitación no había tijeras, ni paños estériles ni nada. Estaba pariendo en un entorno seguro y cálido. Con pocos espectadores y todos emocionados.

Un último empujón y ahí estaba la cabeza fuera. Le quitaron su vuelta de cordón y con una contracción sin yo hacer nada salió el cuerpo como un pececillo suave, húmedo y resbaladizo.

Me la pusieron encima, ambas desnudas. ¡No llora! Lo grite asustadísima. Mi matrona rió y me preguntó que para qué quería que llorase.

Ahí reaccioné, no sabía si llorar o reír así que hice las dos cosas. Mientras decía entre sollozos y risas: “La he parido yo, la he parido yo”.

La enfermera preguntó que si alguien había mirado la hora y es que estábamos todos tan emocionados que se nos había olvidado. En ese momento eran las 8:01 h, así que supusimos que había nacido un minuto antes.

Cómo olía, cómo me miraba. Quería gritar por la ventana que había parido, que podíamos.

Me dieron sólo un punto y pronto salió la placenta.

Me siento poderosa. Me siento más femenina, siento que puedo lograrlo todo… Es curioso, pero ahora veo mi innecesárea como algo mágico que me hizo aprender, como un camino hacia una meta que ha sido ésta y de la que no cambiaría ni un punto. Tal vez de haber tenido un parto mediocre, no habría luchado por esto.

Así que Gonzalo, gracias por hacerme madre, enseñarme tantas cosas y guiarme hacia el parto de tu hermana.

Y Amalia, gracias por hacerlo tan bien y curar mis heridas.

Adriana

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Gracias, Adriana, por compartir tanto con nosotras.

Grupo de Trabajo Comunicación y Reivindicación (Sina)

“Mi relactación”, por Adriana

“Mi parto vaginal después de cesárea (PVDC)”, por Adriana

12 Respuestas

  1. Concha

    No puedo evitar derramar unas lágrimas… mi alma de Doula estaba contigo mientras te leía, aunque no necesitaras de ninguna otra compañía gracias al maravilloso padre de tus hijos.
    Felicidades por tu logro, por empoderarte con ello.
    Y por tus hijos… por tu familia.

    Con Amor.

  2. Anna (Tavernes de Vgna)

    Uufff, no puedo dejar de llorar. Ojala mi segundo parto sea como este despues de una anterior cesárea.
    Enhorabuena y muchas gracias por dejarnos compartir tu historia.

  3. Como una mamífera, así deseo parir a mi segundo hijo, como tú, confiando en la naturaleza, con mucho amor y respeto. Gracias por compartir tu experiencia, todos los detalles, todas las emociones… Voy a abrazar a Natxo, mi hijo de 1 año, nacido por cesárea respetada en Acuario, y le contaré como me siento tras leerte… que poco a poco, la herida sanará, que le amo…

  4. Felicidades Adriana!era el parto que querías.

    Precioso relato y preciosas las fotos.

    Un besazo enorme

  5. soraya

    Precioso… se me encharcan las pupilas, como dice Sabina.
    Un beso a los cuatro!

  6. Vanessa

    Adriana, sigue emocionandome leer tu parto. De nuevo felicidades y me alegro muchisimo por los cuatro. Al padre de tus hermosos hijos, felicitarle por apoyarte al 100%. (Iress).
    Lo siento pero no me deja acentuar.

  7. Adriana

    Gracias chicas!! Hoy hace un mes que pude, que pudimos. Y aqui estoy con mis tres amores durmiendo y leyendo una y otra vez esto…Que 30 horas tan preciosas dios mio.
    Muchas gracias a todas por los comentarios!! me suben la moral que no veas.

    Concha, suerte la de Laura de tenerte como madre. Sabes? esa noche estuve contigo. Te escribi un mensaje privado por CN contandote lo que estaba pasando, como me sentia y la pena que me daba tenerte fisicamente tan lejos pero me dijo que tenias el buzon lleno 🙁 Aun asi, te lo digo ahora! 😀

    En fin, que parte de mi parto, os lo debo a vosotras 😀 sin quitarle el merito a Amalia, que lo hizo como una autentica champion!!

  8. Me has emocionado. Mi espinita clavada es la cesárea que me hicieron, que sí, que era necesaria, que sí, que era por el bien de mi hija, que sí, que mi ginecólogo esperó todo lo que pudo, pero aún así, tengo esa espinita clavada.
    Leerte es pensar que yo algún día puedo conseguirlo. O por lo menos, ver que mi revancha con la naturaleza viene de la mano de mujeres como tú.

  9. silvia

    A mi tambien me robaron mi primer parto…pequé de ….cuando entre en la clinica on sabía que tenía “hora de caducidad”..y así fue…”cesarea preventiva por posible sufrimiento fetal”..no sé si reir o llorar…bueno! ya he llorado bastante y me queda refugiarme en la esperanza de poder dar a mi segundo hijo el parto que se merece….ahora estoy d e6 semanas….si todo va bien mis dos amores se llevaran 2 años justos…he pensado todo: tenerlo en casa, irme sola al bosque (en serio, sin ayuda de nadie: o paro a me muero)pero creo que al final me escudaré en la gran lección que me dió el parto de mi hijo “mayor” (dios! si solo tiene 16 meses!)y lo tendré en una clinica…eso sí…sabiendo lo que se ahora y si me enfrento y tengo que arrancar los pelos con el personal sin duda que lo haré….

    Me he emocionado mucho leyendo tu relato….es maravilloso! gracias por compartirlo!!

  10. Sé que esto es de hace tiempo… pero lo acabo de leer y he sentido una emoción tan grande que no he podido evitar escribir. Hace 9 meses me hicieron una cesarea pq “era una cesarea de libro”. Yo, después de 3 abortos, no quería ni oir hablar de riesgos… y si lo quería parir sería bajo mi responsabilidad pq estaba de nalgas. Salí de allí con la idea de que si tenía más hijos iban a tener que nacer por cesarea… hoy, planteándome tener otro hijo y leyendo e investigando mucho, llego a tí y leo esto y me emociona!! Ahora, gracias a relatos como el tuyo y a gente que se esfuerza porque las madres conozcamos lo que es realmente necesario y lo que son “innecesareas” , sólo me queda encontrar un ginecólogo en Valencia que esté a favor de un parto vaginal después de una cesarea, porque ahora se que es posible…y quiero parir a mi siguiente hijo, necesito vivir esa experiencia…
    Gracias, gracias, gracias, gracias….

  11. elblogdesina

    Estimada Laura:

    Si necesitas contactar con más personas en relación con este tema, te aconsejamos que visites la web de El Parto es Nuestro y la lista de Apoyocesareas.

    Suerte con tu próximo parto y feliz maternidad.

    Un saludo,

    Asociación Sina

  12. Me he emocionado leyendo, sueño con que la próxima vez pueda disfrutar del parto, no como el anterior(va a hacer 1 año en abril) que también acabo en cesárea (innecesárea si me hubiesen respetado, maniobra hamilton, fisura bolsa en amniocentesís, rotura de bolsa al llegar al hospital, oxitocina, ni se que medicamento oara oarar el parto porq estaban las contracciones revolucionadas y no dilataba, monitorización interna por lo que no me dejaban hacer nada, mil manos tocandome y echando a mi pareja, etc…). Sueño con que dentro de un año más o menos que vayamos a pro el 2°, tener un parto más normal y sobretodo un preparto en que no me toquen sin mi permiso.

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