Con los niños NO

Hace un tiempo me llegó un mail de mi idílica ciudad de origen, una mamá denunciando que mientras merendaban en una conocida casa de té, el dueño tocaba indebidamente a su hijita de 6 años en el área infantil. Lo corroboré, el pederasta era un ex compañero de escuela  de mi marido.

Al mismo tiempo, Sofía Herrera, de 3 años y medio, desapareció en un instante, casi a la vista de sus padres, en un camping de Tierra del Fuego, una provincia poco poblada, plana y desierta en el fin del mundo. Sin rastros, sin huellas, sin nada.

Hace unos años se descubrió que Gabriel J.C., de Valencia, animador de fiestas infantiles, cuidador de niños y monitor de campamentos, se filmaba golpeando y torturando a los niños que cuidaba mientras sus padres no estaban. Javier G.D. editaba las imágenes y las vendía por internet.

Jorge Corsi, 62 años, psicólogo especialista en violencia familiar, dirigía esta carrera en la Universidad de Bs. As.: 5 libros editados, asesor del Ministerio de la Nación.  Fue detenido por dirigir una red de pederastas : “autor de los delitos de abuso sexual con acceso carnal, tentativa de abuso reiterada en al menos dos ocasiones, abuso sexual gravemente ultrajante y abuso sexual reiterado en al menos tres oportunidades, y corrupción de un menor de edad”.

Mientras pienso en todo esto y miles de casos más, escucho la estúpida voz de la pediatra de mis hijos  pequeños: “están muy enmadrados, eso no es saludable”; las maestras de la guardería: ”no van con nadie, pegados a mamá todo el día no es bueno”; y la frase más peligrosa, la de todo el mundo: ”Sí, al principio lloran, es normal, pero luego se acostumbran y no lloran más”.

Y llego a la conclusión de que quiero enseñarles a mis hijos, mientras estén bajo mi absoluta responsabilidad, que griten y pataleen cada vez que alguien les intente tocar el cuerpo, tengan título universitario o no; que muerdan, se revelen y se comporten muy mal si quien sea intenta alejarlos de mí; que no confíen en nadie, que sospechen de todos, que me obliguen a oír sus berrinches, que no paren de decir “mamá” hasta que yo los mire.

Las cosas malas pasan cuando los padres no están cerca. No podemos criarlos dóciles y complacientes cruzando los dedos para que no les pase nada. No podemos repetirles miles de veces que dejen de llorar, que no es nada, porque nos van a creer. No podemos enseñarles a obedecer sin cuestionar, porque nos van a hacer caso. No podemos ser parte del enemigo.

Si Madeleine hubiera gritado y pataleado, si Sofía se hubiera tirado al suelo y hecho un berrinche, si todos esos niños se hubieran portado mal y desconfiado, si no se hubieran subido al coche, si le hubieran contado a su madre, si su madre hubiese sabido escuchar…

CON LOS NIÑOS NO

Polly

Mamá de SINA

Comentarios Cerrados.