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“Tus manos son para proteger”: campaña contra el castigo físico

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Darle un azote a un niño podemos pensar que no tiene consecuencias, se ha hecho toda la vida y no ha pasado nada. Posiblemente muchos lectores nos contarán que los recibieron, y están seguros del amor de sus padres y que ese comportamiento no dejó secuelas, se han convertido en personas pacíficas y no guardan rencor. Sus padres lo hicieron lo mejor posible y unos azotes o pescozones no dejaron marca en ellos, asegurarán. Pero si, los azotes tienen consecuencias.

Obviamente, si no rechazamos aquella conducta errónea de nuestros padres tenemos posibilidades de repetirla con menos dificultades.

Al fin y al cabo, dirán, que un azote no es maltrato, no es una paliza, y se sobrevive sin daño aparente. Pero es violencia, y la violencia no puede ser la medida del amor de los padres a los hijos ni es una buena manera de educar con el ejemplo.

No hay ninguna aportación científica seria que aporte datos a favor de los azotes. Más bien al contrario, las modernas investigaciones neurológicas y psicológicas aportan datos en el sentido contrario. El estrés, el miedo y el dolor si dejan marcas.

Un niño que recibe un comportamiento violento de sus padres interioriza que la violencia puede ser aceptable si se ejerce contra alguien más debil o aduciendo una buena causa. No se siente dueño de su cuerpo ya que aquellos en quienes más confían lo agreden “por su bien”.

La paciencia y el agotamiento puede hacer mella en nosotros y también la tensión en una situación de peligro real. Entonces brota de nosotros esa violencia interiorizada en la infancia y la repetimos como medida extrema.

Pegar un azote o un pescozón es pegar, y del mismo modo que no consentiríamos que nadie nos ponga la mano encima bajo ninguna circunstancia, a nuestros hijos les debemos enseñar que nadie puede tocarlos a ellos ni pegarles, bajo ninguna causa, ni siquiera los adultos que tenemos autoridad sobre ellos.

Pegarle a un niño, insultarle, gritarle o amenazarlo con castigos físicos o abandono emocional no es un buen ejemplo (“los niños hacen lo que ven”). Puede servirnos a los adultos para que salga la rabia o el enfado, pero a costa de hacerlos recaer en el más debil.

La obediencia por miedo no es obediencia, es represión. La educación nace del ejemplo, la comprensión, la paciencia y el amor, no de perder el control y descargar la violencia en los niños.

En el estado emocional de miedo, rabia e impotencia en el que queda un niño que sufre un grito o un azote no hay nada que se pueda aprender ni interiorizar. Las normas o los comportamientos correctos que queremos inculcarles, el respeto hacia los otros, no hay forma de asimilarlo si ellos no están siendo respetados en su integridad física y moral.

El disimulo, la mentira, la desconfianza y la percepción del mundo como un lugar donde los actos no tienen consecuencias lógicas, sino castigos, no es el mejor modo de educar en la convivencia y la confianza. Lo que hará un niño al que se le pega será aprender a que no lo pillen por miedo, no a que su acción errada se autoexplica a si misma confortado por sus padres para asimilar el daño que ha podido realizar.

El niño no relaciona el castigo con el hecho acaecido, sino con la persona que lo agrede. Y muy raramente tiene éxito como medida que cambie el problema de fondo, si no es con el terror a un nuevo castigo.

Además, el castigo físico ya es un delito en España y no se tipifica su intensidad aunque se encuentre que una sociedad permisiva y acostumbrada a estos comportamientos no puede todavía controlar todos estos sucesos y la ley suele activarse solamente en los más graves o llamativos. Sin embargo, las autoridades son muy claras al respecto. Pegar un azote, tirar del pelo, dar un pescozón o un pellizco ya no tienen refrendo legal alguno como medios de corrección adecuada.

Las consecuencias de los azotes a nivel psicológico y moral son inevitables, y nuestro papel como padres no es repetir los errores de quienes nos educaron lo mejor que sabían, sino educar a nuestros hijos en la canalización sana de los conflictos.

www.bebesymas.com

6 Respuestas a “El castigo físico sí tiene consecuencias”

  1. hectorsaurio dice:

    Me ha encantado ver mi artículo recogido en vuestro blog. Gracias.
    Mireia Long

  2. Concha dice:

    También son preocupantes los maltratos que no se ven, que no son tan evidentes. Prohibir, castigar, amenazar, chantajear. gritar… todo es un maltrato que de manera sutil va calando en las criaturas. Luego nos sorprendemos de que sean niños hiperactivos, desobedientes, agresivos… todos esos “calificativos” y esos lamentos que a diario sueltan algunos padres.

  3. Camu dice:

    Totalmente de acuerdo. Muchas veces sin querer terminamos gritando, amenazando o chantajeando y creemos que porque no les levantamos la mano no es un maltrato! Nada mas lejano de la realidad pues a veces el “maltrato psicologico” al que se ven expuestos muchos niños termina siendo incluso más dañino.
    Los niños copian todo lo que ven, sobre todo de sus padres, así que si ven que los gritan y tratan mal, aprenderan eso, lo harán o dejarán que otras personas también los traten así.
    No confundamos educar y “ser firmes” con gritar o castigar, que bueno que ahora en blogs como este tengamos tanta información a la mano que nos muestre lo peligroso que puede ser un trato así, sacémosle provecho!
    Y felicitaciones por el artículo!

  4. MARIEL dice:

    Leo,´pienso y comparto vuestras opiniones, pero qué hacer o cómo hacer para no gritarles y sacarlos violentamente cuando van a meter los dedos en un tomacorriente o cuando están saltando y a punto de caerse de una altura o cómo explicarles en la vía pública o supermercado o en una fiesta mientras se retuercen, contorsionan y gritan porque quieren algo que no deben actuar así….si espero llegar a mi casa para hablar de lo sucedido ellos ya lo olvidaron e hicimos el papelón donde hemos estado. Además entre 1 y 2 años no puede apelarse al razonamiento…en fin, es duro y la mayoría de las veces un grito y un sacudón los resguarda de un peligro inminente

  5. Camu dice:

    Hola Mariel, lo que te puedo decir en mi humilde opinion de madre es que hay una gran diferencia entre un grito “agresivo” que puede expresar nuestro enojo o colera por un mal comportamiento y el grito de ¡¡peligro!!. Creo que este ultimo es necesario en algunos casos, pero vamos no todo el tiempo están totalmente en peligro no?. Te digo como experiencia personal que a veces las que estámos más asustadas de lo normal somos las mamás o papás, pero cuando se necesita, un grito de “no!! alto!! eso no!!” es totalmente necesario. Luego de eso ( lo mas inmediato pasado el peligro) sería bueno que hablen amorosa y calmadamente con el niño explicándoles lo que pasó y porqué ustedes tuvieron que actuar de ese modo.

    Respecto a las rabietas hay libros y libros que hablan de que cosas puedes hacer, en internet y blogs como estos también, pero claro con los niños siempre estamos en “prueba y error” tenemos que ver que es lo que pasa especialmente con c/u de ellos. Eso sí si hacen alguna rabieta es porque “algo les pasa”, lo más recomendable sería que lo cargues y te lo lleves a un lugar tranquilo en ese momento y una vez esté más calmado trates de conversar de lo que pasó, no importa si tiene un añito, igual háblale, poco a poco van a irse comprendiendo mejor.
    Mucha suerte y animo, de seguro lo estás haciendo super bien!

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