Mejor una madre española que un libro

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Miriam González y Nick Clegg, en febrero, tras el nacimiento de Miguel, su hijo pequeño

Miriam González es la esposa del líder liberal británico, tercera fuerza política del país. Nacida en Olmedo (Valladolid), ha protagonizado un enfrentamiento con una escritora gurú de padres primerizos

El Mundo (6/II/2010)

Todos los padres primerizos británicos conocen a Gina Ford. Muchos de ellos porque se han puesto en manos de su guía para cuidar de sus hijos.

En España la editó EDAF en el año 2007 y se titula El bebé satisfecho. Sus críticos aseguran que incluye métodos rígidos e inhumanos. Sus defensores dicen que ayuda al niño a adentrarse en las minucias de la cotidianeidad.

Según la autora, no se debe dejar dormir al niño más allá de las siete de la mañana ni mirarle a los ojos después de las 10 de la noche. Se le debe dejar llorar 12 minutos antes de calmarle e inculcarle unos hábitos estables y cronometrados.

Dos millones de ejemplares y un cierto mal genio con la prensa le han otorgado a Ford un estatus de intocable, extraño en un país adicto a socavar mitos y reputaciones. La bula se le terminó, sin embargo, hace unos días. Y no de la mano de alguno de sus rivales en las librerías sino de un adversario inesperado. Nick Clegg (43 años), líder de la tercera fuerza política británica: el Partido Liberal-Demócrata.

Todo empezó con un gruñido en una entrevista. El político llegaba ojeroso y su entrevistadora preguntó por qué. «Porque no he pegado ojo», dijo Clegg, que confesó que se había despertado a acunar al niño en cuatro ocasiones: a la una, a las dos, a las cuatro y a las cinco y media de la madrugada.

Fue entonces cuando la periodista sugirió que debería probar con los métodos de Gina Ford. A lo que Clegg respondió: «Ni se te ocurra mentarme a Gina Ford porque no paro…». Y durante un rato no paró. Dijo que su método era «una estupidez», que atentaba contra sus «instintos paternales» y que le recordaba «a uno de esos manuales de instrucciones de Ikea».

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Vallisoletana

Unas frases que pusieron a Clegg en el disparadero de Ford y de sus fans pero que le han reportado eco y atención en los informativos. La pugna entre Clegg y Ford nunca hubiera llegado a las páginas de La Otra Crónica de no ser porque su esposa y sus tres hijos son españoles.

Ella se llama Miriam González, tiene 41 años y nació en la villa vallisoletana de Olmedo. Desarrolló su carrera en Bruselas y en el Foreign Office y ahora trabaja como abogada en un bufete de la City. El matrimonio pasa los veranos en España y sus niños llevan nombres españoles: Antonio (ocho años), Alberto (cinco) y Miguel (10 meses).

Como muchos otros británicos, los Clegg llegaron a Gina Ford por un amigo. Un colega del partido le regaló el libro a Nick y al principio se pusieron en sus manos, aunque sólo en parte. Por ejemplo, nunca dejaron la cuna en una habitación aparte. Y tampoco cumplieron con el requerimiento que obliga a la madre a darle el pecho al niño sosteniéndolo con una mano mientras con la otra bebe un vaso de agua.

Hasta que una noche los dos dijeron basta. Por enésima vez, su primogénito había roto a llorar y Nick, aún somnoliento, dijo a su esposa: «¿Qué dice el libro?». Ya despierto, se lo pensó mejor: «Ok, hasta aquí hemos llegado. ¡He subcontratado a ese libro mis instintos paternales!».

Al principio, hubo quien pensó que el incidente podía perjudicar a Clegg, al enfrentarlo con millones de personas que siguen los métodos del libro. Sin embargo, ha ocurrido precisamente lo contrario. El asunto ha elevado el perfil mediático del líder liberal y le ha otorgado el favor de miles de padres primerizos. La inmensa mayoría de los comentarios en los foros refrendan la postura de Nick, un político joven y cercano al que se le cae la baba con sus hijos.

Ahuyentada la hipótesis de un castigo de la opinión pública, quedaba por ver cuál sería la reacción de Gina Ford. Entre otras cosas porque son célebres sus malas pulgas. Hace tres años, se querelló contra la web Mumsnet por albergar comentarios críticos de sus lectores.

Esta vez Ford se ha limitado a responder con un comunicado lacónico y cortante: «Vivimos en una democracia y los padres tienen todo el derecho a elegir (…) pero Clegg ha insultado a dos millones de votantes». Los dos millones que compran sus libros.


A PRIMERA VISTA…

FLECHAZO. Miriam y Nick se conocieron en el Colegio de Europa de Brujas. Él era un antropólogo deseoso de entrar en política. Ella, hija de un senador de UCD y licenciada en Derecho. En cierto modo fue un amor a primera vista. Aunque lo refrendaron unas clases de sevillanas y los pinitos de Nick con el español, que aprendió de la mano de un curso de cintas con acento mexicano.

A DISTANCIA. Nick trabajaba a caballo entre Sheffield, Londres y Bruselas. Miriam, miembro del gabinete del comisario Chris Patten, se quedaba en la capital belga. Con la elección de Nick como diputado, los dos se vinieron a vivir a Londres. Miriam trabajó primero en el Foreign Office y luego se fue al bufete para el que trabaja. El matrimonio tiene tres hijos y vive en una casa coqueta en el barrio de Putney.

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