Sobre el neomachismo y la crianza con apego

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Ronda por Internet desde hace unos días un artículo de opinión muy interesante acerca del neomachismo, que está generando (creo yo), bastante controversia por algunos de los puntos que toca.

Su autora, Amparo Rubiales, profesora de Universidad, abogada y consejera de Estado, define el neomachismo como el resurgir del machismo, la defensa de la sociedad patriarcal y la subordinación de las mujeres, sin realizar una crítica abierta a la igualdad (cualquier persona que criticara hoy en día la igualdad sería, con razón, señalada), pero luchando contra ella mediante el acoso y derribo de los “efectos secundarios” que genera:

Son manifestaciones de ese miedo a la igualdad que los neomachistas tratan de extender de diversas maneras: sacralizan, por ejemplo, la lactancia materna, culpabilizando a las madres que no pueden practicarla; hacen responsables a las mujeres de los problemas de los menores, con la teoría del “nido vacío”; y del aborto ni hablemos, parece que es un capricho de algunas.

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Están todos los que son, pero no son todos los que están

Los neomachistas huyen, según comenta, de la igualdad, porque la temen. Es por ello que hacen crítica abierta a la inclusión de la mujer al mercado laboral, no desde el punto de vista de sus capacidades o incapacidades, sino entrando por la puerta de atrás, criticando la pérdida de su función de madre.

Y tiene razón Rubiales cuando saca a la palestra este tema, y acierta abriendo los ojos a muchos ciudadanos sobre las nuevas armas del machismo, sin embargo el artículo lleva implícito un doble sentido que provoca una mala interpretación: si los neomachistas defienden la lactancia materna y están de acuerdo con la teoría del nido vacío, las personas que defienden la lactancia materna y que están de acuerdo con la teoría del nido vacío son neomachistas, y esto no es cierto.

Muchas madres que han optado por no amamantar a sus hijos con leche materna o que no han logrado hacerlo y muchas madres que han regresado a su puesto laboral tras las dieciséis ridículas semanas de baja por maternidad, pueden ver en este artículo una perfecta defensa del feminismo y la igualdad, quedando relagad@s a neomachistas, como digo, todo aquel hombre o mujer que les haya hecho sentir mal (directa o indirectamente) por no haber amamantado a sus hijos o por haberse separado de ellos con tan sólo 4 meses de edad.

Ojalá me equivoque y nadie haga esta lectura de este artículo, porque es un error.

Es criticable y detestable que haya personas que adulen la lactancia materna y que luchen porque las madres se queden en casa cuidando de sus hijos para que el hombre siga dominando el sistema (están todos los que son), sin embargo muchas madres y padres, defendemos la lactancia materna y el cuidado de los hijos durante los primeros años de vida, no pensando en el hombre y su reinado, sino pensando en los niños y su futuro (pero no son todos los que están).

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La igualdad no es ser iguales

Si las personas neomachistas son las que hablan del nido vacío, las personas que aceptan que la mujer se incorpore al trabajo cuando su hijo es aún bebé deben ser feministas, ya que luchan por no perder su puesto de trabajo y por seguir demostrando que son tan capaces o más que los hombres a la hora de desempeñar los mismos trabajos.

Muchas mujeres se reincorporan convencidas de que es lo que quieren/deben hacer, pero muchas otras lo hacen porque no tienen más remedio. Entonces, ¿se es feminista porque se quiere, o porque no hay otra opción?

La mala interpretación de este artículo ha llevado a que muchas mujeres que han optado por coger excedencias o dejar de trabajar para cuidar de sus hijos, por amamantar de manera prolongada pensando en el bienestar de ambos o simplemente para disfrutar de todo lo que rodea a la lactancia, se hayan sentido atacadas y heridas por sentir que les llama neomachistas y por dar la espalda, por lo tanto, al feminismo y a la igualdad.

Sin embargo, la igualdad de la que habla la autora parece ser poco respetuosa también con las mujeres, ya que la lucha del feminismo no tiene que centrarse en ser iguales, sino en respetar las diferencias, que las hay.

Una mujer tiene que luchar para que se respete que es mujer, no para ser una mujer casi hombre. En la lucha por demostrar que las mujeres pueden hacer lo mismo que los hombres, no sólo han demostrado que son capaces de hacerlo, sino que han llegado casi a serlo (y no todo lo que conlleva ser hombre es positivo).

De este modo se ha perdido el respeto a la diferencia entre hombres y mujeres y las mujeres que quieren ser madres con todas las consecuencias y que quieren dejar de trabajar para criar a sus hijos o amamantarles de manera prolongada, tengan que perder privilegios con respecto a los hombres, su trabajo e incluso su imagen de mujer ante la sociedad, porque criar a los hijos en casa no conlleva ningún beneficio en cuestión de estatus sino que, más bien, supone una pérdida del mismo.

Por eso creo que la lucha por la igualdad debería ser toda aquella que permitiera a una mujer poder ejercer de madre sin perder su puesto de trabajo. Que pudiera cuidar de sus hijos, criarlos y amamantarlos durante los años que hiciera falta sin perder su puesto de trabajo, su salario y su estatus social. Eso es decir “¡Eh!, yo soy mujer, soy así, soy diferente y quiero que me respeten por serlo”. Vamos, que la lucha debería ser para favorecer que cada mujer pudiera elegir su camino.

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No todos los discursos feministas vienen del feminismo

De igual manera que no somos machistas ni neomachistas todos los que trabajamos para fomentar la lactancia materna y que decimos, basándonos en las últimas investigaciones (y en el sentido común), que los niños deberían criarse en casa, con sus padres y sobre todo con su madre durante los primeros años, no todos los que llevan a cabo discursos a favor de la igualdad y el feminismo son personas feministas.

Si, como he comentado, ser feminista es luchar por la igualdad entre hombres y mujeres y es aceptar que la teoría del “nido vacío” no es más que palabrería, un empresario podría ser considerado también feminista.

“La mujer no puede andar con excedencias ni medias jornadas, porque pierde parte de su independencia económica con respecto al hombre y porque se anula también la posibilidad de crecer profesionalmente. Además, la madre que cuida de sus hijos los sobreprotege y los mima en exceso, creando finalmente personas con poca capacidad para recibir los reveses de la vida. Si tenemos en cuenta además que los bebés se espabilan mucho en la guardería y que así se fomenta su independencia, queda claro que lo ideal es que la mujer regrese al trabajo tan pronto acabe su baja maternal”, es un discurso que podría definirse como feminista (quizás algo exagerado por contener varias premisas en un solo párrafo muy concentrado), pero que en boca de un empresario pierde esa intención.

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Resumiendo

El machismo, y por consiguiente el neomachismo, atentan contra la igualdad de derechos y oportunidades utilizando la maternidad, o el hecho de dejar en manos de terceros la crianza de nuestros hijos, como arma arrojadiza.

Los que creemos que esta sociedad tiene muchas cosas que mejorar y que el cambio vendrá, no de nosotros mismos, sino con el cambio de generación, luchamos para que las mujeres y madres cojan “al toro por los cuernos”, demuestren que “detrás de cada gran hombre (y cada gran mujer), hay una gran mujer, su madre” y que críen y eduquen, junto al hombre, a los futuros adultos del mañana desde una perspectiva más respetuosa, atendiendo a sus necesidades de afecto y de aprendizaje acompañándoles en el camino hasta que ellos sean capaces de tomar el suyo propio.

El mensaje es el mismo, pero no así el objetivo. Tacharnos a los segundos de machistas es un error como lo sería declarar a los empresarios feministas por querer que las mujeres sigan con sus carreras y trabajos tan pronto como les sea posible y puedan seguir “compitiendo” con los hombres.

La igualdad no debe ser equiparar el estilo de vida de todas las mujeres al estilo de vida de los hombres, sino aceptar que somos diferentes y permitir que aquella mujer que quiera dedicar su vida a su trabajo, como cualquier hombre, pueda hacerlo, que aquella mujer que quiera poder trabajar, pero quiera ser madre y no “morir en el intento”, pueda hacerlo sin perder nada y que aquella mujer que quiera dedicarse a ser madre, pueda hacerlo sin ser tachada de “machista” o “antigua”.

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Publicado por ARMANDO en bebesymas

www.elpais.com/articulo/opinion/neomachismo

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