El vínculo entre padres e hijos es clave para la autoestima

publicado en: Varios crianza | 1

Una de las cosas más importantes que un padre puede hacer por su hijo es velar por que su autoestima sea lo mayor posible.

La autoestima se define como la percepción emocional que uno tiene de sí mismo, algo así como el amor a uno mismo y viene determinada, en gran parte, por la relación que los demás mantengan contigo (si alguien es rechazado por los demás, tendrá probablemente baja autoestima), por la percepción que los demás tengan de ti y por cómo se sienten estando contigo.

En los primeros años de vida los niños entablan las primeras relaciones con sus padres y hermanos, siendo la relación más intensa emocional y físicamente hablando la que se crea con sus padres y, sobretodo, con el referente primario, que suele ser la madre (aquella persona a la que acudes cuando realmente hay problemas).

Esa relación entre padres e hijos, ese vínculo que debe crearse debe ser fuerte y sólido para que el niño mantenga una autoestima elevada y pueda afrontar las vicisitudes de la vida con seguridad y confianza. Sobre este vínculo ha hablado Margarita Ibáñez, psicóloga del servicio de Neonatología del Hospital de Sant Joan de Déu, diciendo lo siguiente:

Los bebés vinculados a su madre se sienten protegidos, desarrollan una especie de confianza en los demás que les funciona, y eso hace que más tarde sean socialmente más competentes. Si tienen problemas piden ayuda, y la consiguen.

Un niño con un buen vínculo con un adulto sabe y siente que es importante para esa persona, mientras que el adulto, normalmente la madre, siente lo mismo con respecto a su hijo. Este sentimiento en el niño, el sentirse importante y tenido en cuenta, es la base de una buena autoestima y de la seguridad en sí mismo, con las que funcionará el resto de su vida.

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Te quiero por ser quien eres, no por lo que haces

Un vínculo estrecho hace que el niño se sienta bien consigo mismo y se sienta querido, simplemente, por existir y por ser quien es. Esta autoestima es sana y más sólida que aquella que se fundamenta, como sucede en demasiadas ocasiones, en las cosas que uno hace bien o mal.

Mucha gente cree que el único camino para hacer que un niño tenga una autoestima alta es reforzar sus conductas positivas y alabar aquello que hace bien para que se sienta bien consigo mismo. Es cierto que esto puede ayudar a un niño a mejorar la percepción que tiene de sí mismo, pero es un camino demasiado endeble, ya que en el momento que emprenda caminos más dificultosos cuyo resultado no sea el esperado, él mismo se sentirá defraudado consigo mismo y sentirá que puede empezar a perder el amor de quienes le amaban cuando hacía las cosas bien.

Por esta razón lo importante es tener un vínculo estrecho, sano y fuerte en el que el niño pueda acertar, equivocarse, portarse bien y portarse mal y no se sienta menos querido por ello. El amor no tiene que ver con lo que nos gusta o no nos gusta de nuestros hijos y por eso cuando hacen algo mal debe quedar claro que “te quiero mucho, hijo mío, pero esto que has hecho no me gusta”.

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El 40% de la población no consiguió un buen vínculo en la infancia

El 60% de la población tuvo en su momento un vínculo estable que les otorga seguridad y confianza y les ayuda a establecer relaciones sociales sanas y competentes. Esto hace que quede un 40% restante (que se dice pronto) de personas que no consiguieron estar realmente vinculados con ningún adulto y que han crecido convencidos de que nadie les va a ayudar porque son menos importantes o porque no merecen esa ayuda. Ibáñez comenta lo siguiente al respecto:

No confían en que pedir ayuda les vaya a servir de algo, y no la piden, o lo hacen con gran escenificación emocional, pero sin esperar respuesta.

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En las unidades de Neonatología se han puesto manos a la obra

Se le está otorgando tanta importancia al vínculo entre padres e hijos que en las unidades de neonatos prematuros se está empezando a promover e intentar facilitar la presencia prolongada de los padres.

No sólo para que los bebés pasen tiempo con sus padres y les conozcan, sino también para que los padres pasen tiempo con sus bebés y sientan la necesidad de querer criar y cuidar de sus hijos sobre todo y ante todo (vamos, que se enamoren mutuamente).

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Los brazos tienen mucho que decir

Ángela Arranz, enfermera responsable de la sala de prematuros de la Maternitat del Hospital Clínic de Barcelona comenta que muchos padres “siguen sin darle importancia al contacto con su bebé, o piensan que se va a acostumbrar a estar en brazos, ¡y que eso es malo!”.

Ya es hora de desterrar semejante aberración. Los brazos y el contacto con los bebés forman parte de las pocas armas de que disponemos para hacerles sentirse seguros, tranquilos y amados.

Cuando un niño llora, sufre. Nada mejor que mamá y papá para calmar ese sufrimiento y hacerle sentir amado e importante: “Shhh, tranquilo pequeño, mamá está aquí, ahora y siempre que me necesites”.

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Publicado por Armando en bebesymas

www.elperiodico.com

Una respuesta

  1. Muy buen artículo, si señor. Porque éste es un vínculo para toda la vida… porque a pesar de que algunas veces hagamos las cosas no tan bien como a nuestros padres les gustaría, SIEMPRE serán nuestros padres y estarán ahí, aunque sea en el silencio…

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