Así llegaste, Maia

Por fin, después de un mes y poco, encuentro un ratito para rememorar y escribir los momentos en los que pasamos de ser una, a ser dos… Eso sí, sigo escribiendo con una mano porque un rato, con las dos manos libres, no suelo tener nunca.

.

El día en que anunciaste tu llegada con dos rayitas, papá y yo nos fuimos a fotografiar la noche. Lo recuerdo con mucha melancolía… Subimos a la ermita, a la misma que ocho meses después subiríamos para estimular el parto (ese mismo día, de noche, fuimos al hospital). Mientras la cámara hacía largas exposiciones sobre el trípode, yo me regocijaba con la nueva noticia… miraba a papá y nos soñaba amándote y dándote lo mejor de los dos.

"La luna por pincel". Fotos de Lorena

.

El embarazo estuvo muy bien. El tema que más me preocupó durante el embarazo fue en dónde íbamos a recibirte. Finalmente, naciste en un lugar maravilloso, donde yo me sentí arropada, respetada y capaz de ayudarte como te merecías. Estoy segura de que tu nacimiento, en otro lugar, hubiera sido un “estorbo” y hubiesen hecho lo posible por acelerarlo…

El día 20 de noviembre salíamos de cuentas y esa misma madrugada me desperté con contracciones dolorosas:  “Caray, qué puntual es esta niña”, pensé. Empezamos a contar la frecuencia de las contracciones, venían cada 5 minutos. Me preparé un bañito caliente para hacer la prueba del algodón (si te relajas con un baño y no se te pasan es que empieza el parto…) y al salir notaba las contracciones con más fuerza. A la vez que molestia, sentía mucha ilusión.

A las 6h llamé a la maternidad  y comenté a la matrona de guardia cómo me encontraba. Me dijo que contando que vivíamos a una hora y media, con mucha calma, saliéramos para allá. Llamamos a la yaya para contarle la situación y muy contenta me dijo que iba preparándose.

Por la carretera, aunque en el útero no notaba apenas molestia, en la zona lumbar era como si me pincharan con mil agujas a la vez.

Una vez llegamos, nos atendió Raquel. Nos llevó a un paritorio y me puso monitores, seguía teniendo contracciones cada 5-6-7 minutos. Me hizo un tacto, tomó aire y me dijo: “Mira, te voy a ser sincera ¿vale? No estás ni de pre-parto”.

Uf… ¿Y qué era el parto entonces? Ahí empezaron los pensamientos tipo “¿Pero qué umbral de dolor tengo yo? ¡Qué ilusa! ¡¿Pero yo qué me pensaba que era parir?! ¡Madre mía la que me espera…!”

Raquel, muy dulcemente, me explicó que tenía el cuello blandito y empezando a borrar, pero poco más. Ella nos aconsejaba volver a casa y esperar allí lo que fuera… “Pueden ser 4 horas o 2 días…” Así es que con la mejor sonrisa que pude y con un desmorone total por dentro, le dije: “Pues a casa nos vamos”.

Las contracciones seguían igual de molestas, así es que, aunque podía hacer vida más o menos normal, intentaba descansar lo máximo ¡pero era imposible! La noche del 20 al 21 no dormí… las contracciones iban aumentando el dolor y seguían siendo cada 5 minutos.

El sábado 21 lo pasamos en casita, tranquilitos. La pelota de dilatación fue mi compañera ese día y medio que estuve en casa y no paraba de leer cosas relacionadas con el parto por el foro e Internet. Las contracciones podía encajarlas, respirando y balanceando las caderas. Hasta que llegó una en la que mi reacción fue ponerme de cuclillas cogida del coche… Ahí supe que no tardaríamos en volver a la maternidad. Llamé de nuevo y comenté que iba para allá.

Esta vez la yaya no quiso venir, pensaba que el día anterior había sido “poco útil”. Después agradecí que no estuviera, porque si el papá lo pasó mal viéndome… no quiero ni pensar cómo se lo hubiera pasado la yaya viendo a su hija…

En el coche, papá contaba las contracciones, que ya venían cada 3-4 minutos. El viaje se me hizo bastante largo. Papá necesitaba cenar algo y paró en un área de servicio. De vuelta al coche, papá tuvo que “ayudarme” porque me vino una de las buenas… A partir de aquí lo recuerdo todo como en un sueño…

A las 22h llegamos y apareció Gloria, que me acarició un brazo y me invitó a pasar a paritorios. Monitores y tacto, contracciones regulares y dilatada 1 cm. “¡No, por favor! ¡¡No puedo más!!” Me sentí muy mal en esos momentos… pensaba que algo tan lento y doloroso no podía acabar bien…

Gloria preguntó cuánto hacía que no dormía… “Pues más de 24h, seguro…” Así es que me ofreció ingresar, relajarme e intentar dormir. Accedimos, pero sólo conseguía dormitar dos minutos entre contracciones, poco estaba descansando… Tu padre me daba masajes bien fuertes en la zona lumbar, que era donde se concentraba toda la fuerza. El pobre no sabía qué más hacer, pero él no sabe que sin sus masajitos hubiera sido todo bastante “más” insoportable. También utilizábamos la almohadilla eléctrica de la yaya. Yo me la pegaba fuerte bajo la espalda, a la máxima potencia.

No se cuánto tiempo pasó cuando le dije a papá que no podía más, necesitaba saber cosas para motivarme… Llamamos a Gloria y bajamos a paritorio para valorar. Estaba de 3 cm… “Todavía” empezaba el parto y Gloria, viendo que casi no me tenía en pié, me ofreció la epidural. “¡¡No!! ¡La epidural no!” pensaba yo.

La enfermera me puso un calmante, para que consiguiera dormir. De nuevo, subimos a la habitación, pero no noté ninguna mejoría y seguimos pasando las contracciones como antes.

Los gritos que salían de mi interior eran de escándalo, nunca había emitido un sonido semejante. Salía desde las entrañas y recorría todo el interior hasta salir por arriba. Después de todo, papá miraba el vídeo del expulsivo en la habitación y yo no reconocía los sonidos:

-“¡¿Qué es eso?! ¿La niña llorando?”

-“No, eres tú en las contracciones…”

Papá lo describe como una gata en celo de mi tamaño… imagínate. Y lo más gracioso es que comenta que conforme la contracción aumentaba de intensidad, mi voz se emitía más aguda. Ya ves, somos “apañàs” hasta para esto, jijijijiji.

Papá ya no podía más y finalmente rompió a llorar… “Qué impotencia, no sé cómo puedo ayudaros”

Volvimos a llamar a Gloria. Bajamos de nuevo al paritorio, 5 cm. Llena la bañera y allí me quedo de 5h a 7h de la madrugada, escuchando el cd que había preparado con cariño, flotando completamente en el agua, con la cabeza apoyada en un cojín flotante. Qué gustazo. La primera hora me relajé bastante y pude descansar algo más que en la habitación. Papá dormía en la cama del paritorio… La música y el ambiente tenue y cálido me hicieron muchísima compañía, fue lo mejor, poder evadirme con la música en esa situación. Recuerdo especialmente una canción del circo del sol en la que se oye la lluvia y a una mujer y a un hombre medio cantando-medio hablando…(http://www.youtube.com/watch?v=pC7qHSAAW0k)

La segunda hora el agua se estaba enfriando y empezaba a estar algo incómoda… las contracciones volvían a ser de las de “no puedo más”, así es que les pedí que me ayudaran a salir.

A las 7h subimos hacia la habitación y casi al llegar, sentí correr líquido por mis piernas: “me he meado”. Y al ver que no paraba de caer dije: “ah no… son las aguas”

Yo casi no tenía fuerzas ya para levantarme de la cama en las contracciones, por lo que algunas las pasaba acostada. Creo que me puse a llorar de impotencia y desfallecimiento…

Volvimos a llamar a Gloria y volvimos a bajar a paritorios: 6-7 cm. Gloria “intenta” hablar conmigo y me ofrece la epidural. Eran las 9h de la mañana y decidí hacer uso de ella. Llamaron al anestesista que ya llegó con Raquel, la matrona que relevaba a Gloria y que me había atendido el viernes 20.

Me pusieron una pequeña dosis y un poco de oxitocina para no parar el proceso. Todo bien explicado, preguntándome y hablándome muy dulcemente. Me recosté en la cama del paritorio y, aunque seguí sintiendo las contracciones hasta el final, dolían mucho menos y pude dormitar. Seguían despertándome… pero respirándolas, las podía encajar perfectamente.

Después de unas 3-4 horas, empecé a sentir las contracciones mucho más fuertes. Ahora entiendo que, seguramente, estaba dilatada completamente. Allí, a mi lado estaban Raquel, papá y Carmen la anestesista, mirándome, en silencio, cuidándome muy sutilmente… ¡Qué bien lo hizo papá! Aunque él diga que le aparté la mano de golpe cuando quiso acariciarme, jijijiji.

Allí, acostada de lado, empecé a notar una super-presión en el culete… Ahora, cuando venían las contracciones, sentía ahí la fuerza bruta. Entonces empujaba fuerte tranquilamente como me había sugerido Raquel. Ella llevaba una linterna que encendía de vez en cuando para ver cómo iba la cosa.

Pasó el tiempo y Raquel me dijo: “Ponte los dedos y notarás a Maia, que ya está cerca”. Y efectivamente, sentí tu cabecita blandita, calentita y con pelo… ¡Qué emoción! “¡Mira papi!” le dije a papá y él acercó su mano “¿Es ella?” dijo emocionado…

Cuando empujaba tenía mucho calor y me quité el camisón. Papá me mojaba la frente con un paño húmedo y fresquito. Seguí empujando cuando venían las contracciones y gemía en plan gutural. Nunca hubiera imaginado tanta capacidad pulmonar y tanta fuerza en mi cuerpo.

Me sentía rara acostada de lado: “quiero cambiar de postura, quiero sentarme”, dije como pude. Me sacaron la sillita de partos y me senté en ella, entre las piernas de papá que estaba sentado en la cama. Empujé y empujé. Notaba en algunos pujos cómo volvías a “subirte” para arriba. Y ahí estabas, dentro de mí, avanzando muy poquito a poco para tocarnos. Nunca, ni cuando me dabas patadas durante el embarazo, te había sentido tan parte de mí y tan adentro de mis entrañas…

Raquel puso un espejito para que papá viera todo. “¡Tócala Lorena, tócala!” Allí estabas… coronando. “Mi niña… ya estás aquí, pequeña”.

Raquel había llamado a Enrique, el ginecólogo, hacía un momento. Al cabo de un rato llegó y encendió el radio-cd, que a nadie se le había ocurrido encender esta última vez. La música llegó con él y con el colofón. Entre unos pujos y otros, recuerdo escuchar Bohemian Rapsody y pensar “¡Qué guay! ¡Queen!”… http://www.youtube.com/watch?v=2VXc2eZtPN0

Enrique se acercó, me acarició, me sonrió y se agachó de cuclillas a esperar recibirte.

Recuerdo los ánimos de todos cada vez que empujaba “¡Muy bien cariño! ¡Bien, bien, bien!” Notaba mucho escozor, era tu cabeza intentando salir. “¡Un poco más cariño! ¡Ahora sopla suave, sopla suave!” Y saliste de mí… te sentí escurrir entre mis piernas y Enrique te llevó veloz a mi pecho.

.

Me mirabas levantando la cabeza como si no fuera contigo el acabar de nacer. “¡Hola cariño! ¡Hola!” Papá lloraba detrás de nosotras y después me contó que estuvo casi media hora sin poder hablar. Ojos rasgados como papá y el pelo… ¡Cuánto pelo! ¡Y yo me reía de los cuentos de viejas! ¡Qué melena,  señor!

.

Mientras te acariciaba y besaba, empujaba por último la placenta, sí que da gustito como cuentan…

Enrique me puso 4 puntos en la piel que había saltado, pero que ni siquiera sangraba…

El día 22 de noviembre, a las 15:03h, llegaste. Día de Santa Cecilia, para darle el gusto a tu padre y primer día de los sagitario para dárselo a tu madre, desde el primer momento haciéndonos felices.

Lorena y Maia

La redacción del relato ha coincidido con la mejoría de nuestro “problemilla” con la lactancia. Ahora volvemos a estar unidas, sin tensiones, sin horarios y sin apenas dolor. Y por eso necesitaba recordar lo que fuimos y cómo empezamos a ser lo que somos.

Gracias, Maia, por venir a enseñarme tantas cosas (¡¡he aprendido tanto en tan poco tiempo!!). Soy más humilde, más tolerante y sé querer más que nunca (jamás pensé que fuera capaz).

Gracias a papá por ser una prolongación nuestra. Por estar ahí en cada momento duro y por saber hacer las cosas tan bien sin apenas hacerse de notar.

Gracias a la yaya y al resto de la familia por apoyarnos desde el primer momento en la decisión de recibirte de la manera más humana, sin su apoyo no hubiéramos seguido adelante.

MAIA

Se acabó lo bueno, y ahora empieza lo mejor: una vida juntos, papá, tú y yo. Ahora sé lo que nos estábamos perdiendo…

Lorena

Mamás de SINA VII: Lorena

http://diminutosretratos.blogspot.com

2 Respuestas

  1. Concha

    ¡Quina plorera! (Que manera de llorar) Me vuelve a emocionar leerlo. Eres una maravillosa campeona…
    Felicidades por tu parto y por saber transimitir tus emociones y querer compartirlas.
    Un abrazo cariñoso.

  2. Lorena

    Gracias Concha!!
    El relato es “el pago” de una deuda con todas las mamás o abuelas 😉 que han escrito el suyo.
    Todos los que he leído en todo este tiempo me ha emocionado, me han hecho sentir y me han hecho aprender… así es que no podía hacer otra cosa que transmitir mi propia experiencia para las que vienen…
    Otro abrazo para tí.

Comentarios Cerrados.