La lactancia materna en La Biblia

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, sucedió que una mujer de entre la gente alzó la voz, y dijo:

« ¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron! »

Pero él dijo:

« Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.

(Lc 11,27-28)

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"Descanso en la huida a Egipto", Orazio Gentileschi. 1625

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El nacimiento de Moisés (legendario profeta para el judaísmo, el cristianismo y el islam) ocurrió en circunstancias en las cuales el monarca egipcio de la época había ordenado que todos los niños varones que tuviesen los esclavos hebreos fueran arrojados al Nilo.

Iojebed dio a luz a un hijo varón y le mantuvo escondido durante tres meses. Cuando no pudo mantenerlo oculto durante más tiempo, en lugar de entregarlo a los soldados egipcios lo colocó a la deriva del Nilo en una pequeña cesta embadurnada con barro en su interior y brea en el exterior, para hacerla impermeable. La hija del faraón, llamada Batia, descubrió al bebé, lo adoptó como su hijo, y lo llamó Moisés, que significa ‘salvado de las aguas’.

Miriam preguntó a la princesa Batia si le gustaría que una mujer hebrea cuidara al bebé. Entonces Iojebed se hizo cargo del niño y lo amamantó durante dos años. Era su madre real, pero a los ojos de todos, sólo una nodriza. Cuando Moisés creció, fue entregado nuevamente a la hija del faraón.

“¿Quieres que yo vaya y llame una nodriza de entre las hebreas para que te críe este niño?”. “Ve”, le contestó la hija de Faraón.

Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño. Y la hija de Faraón le dijo: “Toma este niño y críamelo que yo te pagaré”.

La Biblia. Éxodo 2: 7-9 (siglo IX a.C.)


“Hijo, ten compasión de mí que te llevé en el seno por nueve meses, te amamanté por tres años y te crié y eduqué hasta la edad que tienes”.

La Biblia, Segundo libro de los Macabeos, 7:27. (124 años a.C)

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“Señor, no es orgulloso mi corazón, ni son altaneros mis ojos,
ni voy tras cosas grandes y extraordinarias que están fuera de mi
alcance, al contrario, estoy callado y tranquilo, como un niño
recién amamantado que esta en brazos de su madre .
¡Soy como un niño recién amamantado!”

El Rey David en el Salmo 131:1-2

"Sagrada familia". Van Orley. 1522. Museo del Prado (Madrid)

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“Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto: mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes. Porque así dice el Señor: Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo.”

Isaías 66, 13 (S. VIII a. C.)

Sobre este trozo dice Naomi Stadlen en su libro “Lo que hacen las madres, sobre todo cuando parece que no hacen nada”, en el capítulo “El poder del consuelo”:

[…] Las madres descubren en seguida que los bebés responden a determinados gestos de consuelo. <<Hacia la segunda semana -señala Judy Dunn en su extraordinario libro Distress an Confort– comprobamos que la voz humana es más eficaz para calmar a un bebé que un sonajero o una pelota>>.

La capacidad de una madre para consolar se ha registrado desde la antigüedad. <<Como consuela una madre a su hijo>>, decía el profeta Isaías en el siglo VIII a. C.* Durante siglos, la gente ha observado cómo los adultos sometidos a tortura o un dolor extremo lloraban por el consuelo de sus madres. Incluso los estudios sociales recientes demuestran que la gente se siente reconfortada con la sonrisa y el saludo de una mujer, mientras que un hombre que se comporta del mismo modo provoca ansiedad.

* Nota al final del libro: Is 66, 13. La traducción literal del hebreo es <<como consuela una madre a un hombre…>>, lo cual demuestra el valor duradero del consuelo maternal. Isaías estaba comparando el consuelo de las madres con el consuelo divino […]”

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