“¿Cómo llegué a ser mamá canguro?”, por Noelia

La primera vez que me probé el fular, embarazada
La primera vez que me probé el fular, embarazada

Aún no estaba embarazada (pero ya quería estarlo) cuando ví un fular por primera vez. Fue en Vinçon, en Barcelona. Un folleto explicaba que en los países que llevan así a los bebés no existe el cólico del lactante.

Me pareció muy tierna la idea, aparte de lo de los cólicos. Así que cuando ya estaba muuuuy embarazada, conseguí que mi yaya me regalara mi primer fular, uno elástico (a ella le parecía algo muy raro, como a casi todo el mundo). Aún no tenía ni idea de lo importante que iba a ser para mí aquella decisión.

La primera vez que salimos de casa, Olivia iba dentro del fular, tumbadita. Pero luego no fue tan fácil.

-Teníamos el carro de moda. Y estábamos convencidos de que se tenía que acostumbrar a ir en él, como todos los bebés. Como si fuera necesario; ¡por su bien! Y salíamos de casa con todos los complementos: el carro, el fular, ¡la babybjorn!… y nunca duraba en el carro más de 20 minutos. Bueno, al menos nos servía para llevar todo lo demás.

-El verano tampoco ayudó mucho, Olivia nació en abril. El calor llegó pronto y con el fular nos asábamos, así que lo aparcamos durante un par de meses. Mis brazos se pusieron duros como piedras. Porque ella, claro, seguía prefiriendo estar en brazos.

-¡Ah!, además solíamos llevarla mucho de cara afuera, como te indican en la mayoría de instrucciones de portabebés. Y, claro, desde nuestro punto de vista adulto, parecía que así iba mucho mejor, que no se iba a aburrir. ¡Cuando me enteré de lo malo que era me sentí tan mal! (el típico sentimiento maternal de culpa, pero ¿qué culpa tenía yo, si no lo sabía?).

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padres23 ©2009 Mamá de Lola mamadelola.com

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-Sobre todo al principio, me costaba elegir ropa adecuada. Eso de la lactancia y el porteo todo junto ya te cambia bastante la vida. Si encima quieres ponerte la misma ropa de antes, aunque no se abra, suba o baje con facilidad… ¡estás perdida!

Vamos, que nuestros comienzos fueron bastante torpes. Afortunadamente, Olivia se empeñó en no querer el carro y yo tampoco puse mucha resistencia. Y, más o menos a los 4 meses, llegaron a nuestras manos “Bésame Mucho” y “El concepto del continuum”. Los dos primeros libros que nos abrieron las puertas a otro tipo de crianza. Y los foros de internet… benditos foros. Ahí nos terminamos de convencer.

Ese mismo mes pusimos a la venta el carro. Y en poco tiempo teníamos también una bandolera de anillas y un mei-tai. Así podíamos combinar según nos apetecía. Por cierto, hace unos meses aún nos hicimos con una Ergo.

Hoy nos declaramos unos convencidos de los portabebés. Han cambiado tanto nuestra vida (junto con la teta y la crianza con apego en general) que hemos cambiado de vida. Y ahora hemos abierto una tienda dedicada a los bebés con un enfoque muy particular: intentamos transmitir todo lo que hubiéramos necesitado para tener un inicio mejor. Y eso incluye, por supuesto, el “porteo”. Es nuestra sección preferida.

En fin, Olivia ha paseado, corrido, ha ido en bici, de compras, a cafés o restaurantes, en metro, bus, ha tomado teta, ha comido otras cosas, ha bebido, ha jugado, se ha echado unas siestas de campeonato, me ha acompañado a hacer todo tipo de cosas subida a uno u otro portabebé.

Ahora tiene ya 4 años. Y como aún le gusta ir en brazos de vez en cuando, ocasionalmente aún los utilizamos. Mi espalda ya no aguanta lo de antes, así que no creo que nos quede mucho… ¡¡Pero que nos quiten lo bailao!!

Escrito por Noelia, en redcanguro. Noelia es madre voluntaria de SINA.

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