Madres de Leche

Un artículo publicado en Las Provincias, en el que aparecen varias socias de Sina con historias reales… ¡aunque no lo parezcan!

Una crianza tradicional con lazos de sangre

04.05.08 – L. S. VALENCIA

Muchas madres de leche han sido personas anónimas que en tiempos pasados han salvado la vida de un bebé, también hay ejemplos de mujeres que han ayudado a vecinas, pero la solidaridad se puede producir incluso dentro de una misma familia.

Este es el caso de Mar, Sofía y Ana, tres hermanas que están criando hijos de edades similares y que, en casos puntuales, además de ser mamás y tías, se convierten en madres de leche de sus sobrinos.

“En una ocasión me regalaron unas entradas para ir a la ópera y mi hermana Sofía se quedó con mi hijo Santiago y le dio de mamar”, explica Mar. Desde la naturalidad que supone amamantar con leche materna, Mar apunta que ahora su hermana Ana “ha vuelto al trabajo y los lunes me quedo con Alejandro y con mi hijo y me convierto por unas horas en tía y madre de leche”. Estas tres hermanas quieren dejar claro que amamantar “no es lo raro, es lo normal y defendemos que se haga con naturalidad”.

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Madres de leche

Mujeres que perdieron a sus hijos en el parto y amamantaron a bebés huérfanos o mamás solidarias que dan pecho a otros niños crean vínculos familiares de por vida.

Hoy se celebra el Día de la Madre y en todos los hogares se oirá la expresión de sentimiento que tanto cuesta pronunciar el resto del año: mamá te quiero.

Y aunque una frase hecha del refranero español dice que madre no hay más que una, habrá más de un hijo o hija que no olvide en un día tan señalado recordar la figura de una mujer, la madre de leche, que no dudó ni un minuto en mostrar su lado más solidario y amamantar al bebé recién nacido de aquella vecina que murió durante el parto o de aquella otra que no tuvo suficiente leche para criar al hijo.

Hoy, hijas de leche como Elisa, de la Pobla de Vallbona, o Amparo, de Vilamarxant quieren rendir homenaje no sólo a sus madres biológicas, si no también a las que consiguieron a través de su leche materna solidaria crear unos vínculos de sangre que perduran hasta la actualidad.

“Mi hermana María tuvo una madre de leche y yo tuve otra distinta. La verdad es que eran otras épocas y se vivían situaciones límite, pero mi madre biológica nos pudo sacar adelante gracias a Bárbara y a Modesta”, detalla Elisa.

Y es que la madre de Elisa no produjo suficiente leche para alimentarlas y “mi padre le consultó a un comerciante, un azafranero, si conocía a alguien que pudiera ayudarles a sacar adelante a mi hermana mayor. En uno de los pueblos, en Serra, dio la casualidad que una mujer acababa de perder a su bebé y se ofreció a criarla. Estuvo dándole pecho dos años y mis padres iban a visitar al bebé y a llevar productos del campo”, recuerda Elisa.

Más tarde, cuando nació ella, la historia se repitió, pero con una madre de leche distinta. “En realidad, fue la madre de leche de mi hermana María la que buscó a la que luego me amamantó a mí, Modesta”.

Los padres biológicos de María y Elisa no rompieron nunca el vínculo con estas familias de leche “y siempre hemos ido a visitarlos por fiestas de Serra y nos hemos seguido reuniendo en bodas, bautizos y celebraciones”, añade Elisa.

Otra valenciana que tampoco olvidará la entrega de su madre de leche es Amparo, que perdió a su madre biológica nada más nacer, en el año 1936. “Mi madre, María, murió durante el parto y mi tía Trinidad probó a darme todo tipo de leches, pero nada me iba bien. Casi al mes, el médico le dijo a mi tía que por qué no buscaba alguna madre que pudiera darle leche. Se comentó la noticia por Vilamarxant y vino a casa el marido de una señora que todavía estaba partera, pero que había perdido el bebé. El señor explicó que su mujer estaba dispuesta a darme de mamar para salvarme”, comenta todavía emocionada Amparo.

Esta mujer no olvidará la figura de su tía Trinidad, que se hizo cargo de cuatro niños y un marido viudo, y tampoco de su madre de leche, Marina, que a pesar de su tragedia personal le sacó a flote. “Mi tía me enseñó que tenía que amar a esta mujer por salvarme la vida y yo seguí acudiendo a su casa como una hija más”, detalla Amparo, que añade que ella cuenta con siete hermanos, “los tres naturales que he tenido, de los que conservo una hermana, y los cuatro hermanos de leche, que todavía viven. Cuando mi madre de leche enfermó y estuvo hospitalizada, tanto sus hijos naturales como yo nos turnamos a cuidarla, yo no podía faltar”, explica.

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Una figura inolvidable

Hoy día, que la mortalidad de madres durante el parto es afortunadamente la excepción, y que hay soluciones avanzadas para alimentar a los bebés, la figura de la madre de leche ha caído casi en desuso, pero todavía quedan ejemplos que sorprenden en pleno siglo XXI.

“Durante el embarazo tuve una infección y me hicieron cesárea. Estuve tres semanas en coma inducido en la Unidad de Cuidados Intensivos de La Fe. El bebé, como era prematuro, estuvo en incubadora. Los primeros días estaba intubado, pero luego había que darle leche”, explica Elena.

La suerte quiso que Elena, que ya tenía otra hija a la que dio pecho, fuera socia de una asociación pro lactancia materna, Sina, “y dos amigas de la entidad, que tenían bebés de la misma edad, se ofrecieron a donar leche para alimentar a mi hijo”.

Como es lógico, las dos madres de leche, Sabrina y Eva, pasaron los correspondientes controles de salud en el hospital La Fe -con la colaboración del servicio de Neonatos y con Sina– para corroborar que estaban sanas.

“Mi marido iba a recoger la leche materna e incluso aplicó el método canguro, de ponerse el bebé piel con piel para crear el lazo afectivo, regular el calor y para que oyera el corazón de mi esposo”, señala Elena.

En este caso el papel de las madres de leche fue fundamental, “porque yo quería que tomase leche materna desde el principio. Además, cuando salí de la UCI, como me dieron unas pastillas para cortar la subida de leche, tuve que esperar un mes para que el método de relactación que realicé me permitiese tener de nuevo leche”, añade.

Como detalla Tania, de Sina, “era importante encontrar madres con hijos de meses similares, porque la leche materna va cambiando y adaptándose a las necesidades del bebé”.

Elena asegura que sigue conservando el vínculo con Eva y Sabrina “y de hecho nos hemos hecho inseparables y las familias vamos de senderismo juntas”. Su hijo, Gael, tiene ahora once meses y tiene el orgullo de decir que todavía le amamanta.

Sabrina también se siente feliz de haber ayudado. “Yo daba leche a mi bebé Noah, a otro hermanito y Gael, pero creo que ha sido un esfuerzo que ha valido la pena”.

Las historias de Elisa y Amparo, que parecen de un tiempo remoto, y la de la joven Elena -vivida recientemente- han visto la luz gracias a la colaboración de dos entidades valencianas que defienden la lactancia materna: Amamanta y Sina.

“Hay una generación entera de madres e hijos de leche y nos parecía importante que no se perdieran estas anécdotas que forman parte de la historia de las mujeres de muchos pueblos y ciudades. Siempre la historia está escrita por hombres y estos casos de madres solidarias que lo dieron todo por salvar la vida de unos bebés son vitales. Eran heroínas”, explica Salomé Laredo, de la asociación Amamanta. Como añade Laredo, “forman parte de la historia de los pueblos escritas a base de leche y sangre”.

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Elena y Gael. Una prueba más de que la Lactancia Materna siempre es posible. Historia de una relactación.

4 Respuestas

  1. silvia

    Me encanta la idea.
    No es peligroso en caso de madres y o bebés con SIDA ó enfermedad infecto contagiosa?
    Cómo se procedería?

  2. elblogdesina

    En la mayoría de los casos ni la enfermedad ni su tratamiento van a hacer daño al niño a través del pecho, ni la lactancia va a hacer daño a la madre. Sin embargo, sí existen excepciones. En el caso de enfermedades, el SIDA sí se transmite a través de la leche materna. Aproximadamente un 15% de los hijos de madre portadora se habrán contagiado durante el embarazo y parto y otro 15% a través de la lactancia. Una madre con hepatitis C y SIDA sí puede contagiarla hepatitis C al bebé amamantado. En el caso de tratamientos casi todos son también compatibles pero igualmente existen excepciones. Por ejemplo, no es recomendable amamantar durante la quimioterapia. Para saber la compatibilidad de un medicamento con la lactancia podemos consultar http://www.e-lactancia.org. Las madres de leche siempre han sido personas de total confianza en las familias.

  3. Sonia Tapia Velàsquez

    Chicas de SINA.-
    En realidad las madres de leche constituyen desde siempre el método más humano para amamamantar. Si vemos hacia el pasado remoto, siglos XII – XVI se denominaba lactancia mercenaria y salvó muchas vidas.
    En nuestros días se cumple tan sólo a nivel de familias y en pocas oportunidades.
    A partir de considerar el pecho como objeto sexual, las mujeres y hombres actuales temen compartir la lactancia materna. Revitalizar y apoyar esta práctica es un èxito de ustedes que pretendo incentivar entre mis pacientes.

    Felicidades,
    Un abrazo cordial de
    Sonia Tapia

  4. e escuchado q sin necesidad de ser madre, puedes ser madre de leche, es sierto eso??

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