La historia de Isabel

Hola, soy Isabel y quiero contaros como la maternidad ha marcado el rumbo esencial en mi vida, y todo eso sin premeditación ni alevosía, jeje.

Claro que esto traía un origen, lo primero cuando de pequeña, con unos 7 años, le dije a mi padre convencida:- ¡Papá, papá, ya sé lo que quiero ser de mayor!!!… misionera (no veáis que disgusto se llevó y la consiguiente reprimenda que me echó).

Después, ya de adolescente, cuando tuve que decidir qué carrera universitaria elegir, me decidí por magisterio, me gustaban los niños y quería conocer cómo había que enseñarles…

Pero en el aula y en la vida me dí cuenta que no, que realmente la cuestión que a mí me preocupaba era más compleja. Entonces quise seguir con la psicología y ver si encontraba más claves en torno al desarrollo humano, la familia, yo misma…

Y bueno, mi itinerario en la facultad fue poco convencional, como la especialidad educativa ya la tenía y en breve ya estaba colaborando con un gabinete psicológico, comencé a explorar las distintas herramientas que necesitaba seleccionando optativas del campo de la clínica, la psicología social, la organizacional.

El campo de los recursos humanos y la empresa fue donde me estrené como psicóloga (por casualidad y por el aliciente de moda en aquel momento), mi trabajo se centraba en la gestión de servicios en este departamento dentro de una empresa consultora, después pasé a llevar mi centro privado. Pero no, realmente sentía que no era mi espacio, y mira que le ponía ganas, creo que hasta llegué a deprimirme…la frialdad del mundo competitivo de la productividad podía conmigo y acababa siempre del lado de las personas trabajadoras…

No dejé de formarme complementariamente en herramientas humanistas que ahondaran en un enfoque holístico e impulsaran un prisma profesional centrado en la orientación y la respuesta a las necesidades, el diseño de proyectos…

Finalmente un episodio personal determinante, el acompañamiento de la enfermedad y muerte de mi padre (mi papá querido) supuso la ruptura y renacimiento interno en una nueva etapa, que me zambulló en la crítica y comprensión del carácter integral de la enfermedad, así como los procesos y procedimientos naturales de la vida, incluida la muerte.

Ya entonces, con 32 años, busqué mi maternidad pero esta no llegó hasta después de la primera etapa del duelo (en torno al año).

Y es aquí, con una maternidad muy deseada, donde empieza todo un despliegue personal, donde paso a paso descubro sensaciones, necesidades, demandas que parecen invisibles al entorno. Todo un mundo tan bello, tan esencial, tan revolucionario, capaz de replantearte de nuevo hasta la forma de respirar… pero, ¿cómo es que esto no se sabe?, ¿cómo es que esto no se apoya?, ¿cómo es que esto no se magnifica? – me decía constantemente-, criar y disfrutar de hacerlo marca nuestras vidas pero, sobre todo, marca el futuro de la humanidad y del planeta…

Así es como descubrí y encontré la horma de mi zapato, y donde surge mi compromiso con el proyecto asociativo de Sina, articulando todo un impulso provocado por el deseo de transformación y justicia social.

Descubrí que iba a poner todo de mi parte porque esto que yo veía y sentía tan importante y donde la propia ayuda recibida había sido tan trascendente para mí, lo pudieran compartir otras personas, primero las que lo buscaran o estuvieran más receptivas, después debía aprender a manejar los velos y trampas sociales que impiden un comportamiento y espacio saludable para todos. Así es como descubrí y sentí que esto sí me llenaba por dentro hasta el último de mis poros.

Es la razón por la que he dedicado 5 años de mi vida a trabajar intensamente en este proyecto, convirtiéndose en mi faceta personal, laboral, en el campo de aplicación y diseño de todas mis herramientas (internas y externas), así como de las nuevas descubiertas en el camino.

He dibujado a mi paso y casi de forma autodidacta un campo de desarrollo donde se une la actividad de gestión del tercer sector, la psicología y la educación, el desarrollo social y comunitario, el manejo de grupos y el trabajo de equipo y de participación.

Todo un perfil de trabajo complejo, original y apasionante para mí en cuanto a la riqueza de matices, retos y posibilidades creativas. Pero sobre todo, un aprendizaje personal de puesta en escena de virtudes y defectos, alegrías y tristezas de las que aprender y transformar en positivo.

Un camino nada fácil, nada convencional, nada gratuito, pero a la vez muy real y comprometedor, especialmente para una persona como yo donde constancia y tolerancia a la frustración pueden ser el lado bueno de una insuperable tozudez.

Esta historia de maternidad comenzó de forma intensiva con dos bebés de a penas 17 meses de diferencia.

Ahora, 8 años después y con 42 años, Llibertat, mi tercera hija marca una nueva etapa de asentamiento de lo vivido y desde una posición de grupo y responsabilidad compartida, la inercia es mucho más serena, directa y equilibrada, ese es al menos mi deseo, me estaré haciendo mayor…

Una respuesta

  1. Concha

    Hola Isabel. Soy la madre de Laura, no sé si me recordarás. Me parece precioso el escrito que has enviado y me parece emocionante cómo describes un sentimiento tan íntimo como es el de ser y sentirse madre.
    Te comprendo y comparto tus anhelos, ya que yo también he tenido tres hijos a los que adoro.
    Te felicito por el nacimiento de Llibertat (la última vez te vi muy embarazada) y vaya por delante mi deseo de que ese amor infinito e incondicional del que gozamos las madres, sea el viento que empuje la barca en la que estás inmersa de lleno: la maternidad.

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