Elena y Gael. Una prueba más de que la Lactancia Materna siempre es posible. Historia de una relactación.

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Elena ingresó en la Fe embarazada de 31 semanas, muy enferma. Tuvieron que hacer una cesárea de urgencia. Gael pasó a la sección de prematuros de la Fe y ella entró en coma. Recibió un medicamento para “cortar la leche”. El primer contacto entre los dos tardó más de 2 semanas. Cualquiera lo hubiera dado todo por perdido.

Pero, dos meses después, Gael se alimentaba sólo del pecho de su feliz madre. ¿Increíble? Una prueba más de lo único que hace falta para dar el pecho: información, apoyo y voluntad. A veces, mucha voluntad, ¿verdad Elena?

Ella misma nos cuenta su historia…

La intención de este relato es ayudar con experiencia a otras madres que tengan miedo, que no encuentren fuerzas. Muchos me han recomendado olvidar, pero las cosas de la VIDA, de la MUERTE, no se pueden y no se deben olvidar, ya que en ellas están encerrados muchos secretos que se nos quieren desvelar.

Para GAEL, UNA HISTORIA DE LA VIDA

Te miras en mis pupilas,

ríes,

te ríes con mi sonrisa.

Ya no sé mucho más sobre la VIDA …

Lloras mis lágrimas y gritas mis heridas.

respiras,

respiras y siento tu aliento dulce en mi mejilla.

Ya no sé mucho más sobre la VIDA …

Danzas cuando mis manos te adivinan

brillas,

brillas y mi cuerpo se ilumina.

Ya no sé mucho más sobre la VIDA …

Bebes de mi leche, de mi luz, de mi alegría,

bebes,

oigo la música de tu sangre que me da la VIDA

Me has elegido para cuidarte,

para enseñarme,

nuestras luces se han quedado,

se han buscado,

para fundirse, para mezclarse.

Ya no sé mucho más sobre la VIDA …

Te has ganado tu alma, tu vida …

…y las mías

llegaste con una fuerza grande,

olvidaste el MIEDO para LIBERARTE

Si supiera algo más…

Me sentía feliz en mi segundo embarazo, esperando con alegría a que llegara el nacimiento, imaginando un parto no menos fácil que el primero, no menos perfecto. Pero mi camino no iba hacia ese fin y a las 31 semanas de embarazo empecé a encontrarme mal, solo en cuestión de horas estaba ingresada en el Hospital La Fe de Valencia. Cuando vi alejarse en el coche a mi hija de dos años sentí que quizá no volvería a verla más. Tenía miedo.

LA NADA EN REANIMACIÓN

Recuerdo poco más hasta que me desperté, después de varios días, sola, sin hambre, sin frío, sin sed, sin ropa, sin NADA. Me rodeaban equipos y monitores llenos de luces, 7 u 8 goteros, una mascarilla… Miré mi barriga y no lograba recordar si había estado embarazada o no. Mi cuerpo no parecía el mío, no sentía ningún dolor, no podía moverme. Me creí muerta, ¿qué otra cosa podía ser si no comía, si no bebía, si no me movía, si no sentía? Esperé a fundirme con el universo, no tenía miedo, pero pasaban las horas y no ocurría NADA, seguía sola, sin saber NADA. Fueron los días más largos de mi vida, más aterradores, más confusos, los momentos de lucidez se mezclaban con los de auténtica locura, no sentía NADA, y nunca, nunca sucedía NADA. Mi único quehacer era mirar una foto de mi hija Carla y otra de un bebe que decían que era mío. Mi única ilusión, que se volviera a abrir la ventana por la que veía a mis padres, que volviera a entrar mi marido a cogerme la mano. Con gran determinación, de cuando en cuando, me quitaba la mascarilla, el saturador e intentaba marcharme para cuidar a mi hija, pero no podía moverme… Mis “carceleros” me volvían a “encadenar” y me explicaban con una paciencia, que hoy comprendo infinita, la fragilidad de mi salud. No entendía NADA.

LA LACTANCIA TAN SOÑADA

Un día, no sé si nublado, no sé a que hora, me dieron unas pastillas para inhibir la producción de leche. Primero me negué a tomarlas, si era verdad que tenía un bebé ¿cómo podría cuidarlo sin leche? Tras explicarme la gravedad de mi estado me las tomé y me vendaron el pecho, las lágrimas más espesas que había tenido en mi vida mojaron mi cara y mi cuello hasta la almohada, era verdad, ¡había tenido un hijo! Entonces…, me quitaban el regalo más precioso que podía darle, pero ¡lo recuperaría! No me cabía ninguna duda.

Un día me trajeron un bebé perfecto y tremendamente chiquitín envuelto en una toalla, Gael. Lo cogí. No sentí que fuese mío, no podía ser de otra forma, ni mi cuerpo ni mi mente parecían tampoco ser míos. Cuando se alejó en brazos de una enfermera una fuerza arrebatadora nació de pronto de mi interior y me llenó de una sola idea: recuperar mi mente, recuperar mi cuerpo, sólo eso me permitiría salir de allí y hacerme cargo de ese débil y fuerte bebé que me necesitaba. Me perturbaba la idea de no sentir ese apego tan intenso que se supone sentimos todas las madres hacía nuestros bebés, ¡eso también lo recuperaría! Busqué en mis recuerdos lo que sentí en mi primer parto, al abrazar y amamantar a mi primera hija y con ellos construí mi vínculo, que aún no podía sentir, con Gael. SOÑANDO, imaginando el amor perfecto hacía mi hijo pude saber que tenía que hacer exactamente.

Empecé a mejorar, mis riñones se recuperaban milagrosamente, mis pulmones empezaban a llenarse con energía, podía comer, podía beber, podía moverme, podía sonreir. Los últimos días de mi estancia en reanimación SOÑABA con recuperarme y volver a casa para poder continuar con mi vida. El cariño que me daba mi familia y el personal sanitario me hacía sentirme optimista y con fuerzas para salir de allí. Cuando me pasaron a planta pude bajar a darle los biberones a Gael. Fueron unos días mezclados de alegría y tristeza. Alegría al saber que Gael había tomado leche materna todo el tiempo, de un banco de leche primero y de unas amigas después. Alegría por saber que su papá le había dado tanto amor sacándole de la incubadora para darle casi todos los biberones del día y colocándolo sobre su pecho, piel con piel, varias veces al día desde que nació. Tristeza porque apenas tenía fuerza para sostenerle unos minutos. Tristeza porque me sentía inútil, cualquiera parecía cuidarle mejor que yo. Los médicos no me animaban a dar el pecho, unos porque después de las pastillas creían que no podría, otros porque creían que no debía, que tenía que recuperarme. Veía la cara de entre incertidumbre y lástima con la que me miraban. Yo callaba, sabía que podría. La pediatra de Gael me animó muchísimo y me dijo “las pastillas para inhibir la producción de leche son muy efectivas pero no hay nada que pueda con la voluntad de una madre” ¡Tenía tanta razón!, entonces supe que tendría una ayuda y un apoyo inestimable. Mi formación como asesora de lactancia me permitía conocer la teoría, cómo se podía relactar, pero la práctica era otra cosa. Sabía que mi único enemigo, como para todo en la vida, era el miedo, y mi fuerza, la firme determinación de que íbamos a recuperar lo perdido. Siempre conseguimos lo que queremos, sea lo que sea, solo hay que SOÑAR con ello, SOÑAR de día y de noche hasta que se ilumine ese SUEÑO.

EL TIEMPO EN CASA.

Al llegar a casa sentí que no había TIEMPO que perder. Probé con un sacaleches, nada, ni gota, ni ese día ni el siguiente, ni los días posteriores. Gael llegó a casa veinte días después de nacer y, nerviosa y expectante, lo puse al pecho. Se cogía con fuerza, solo hacía falta conseguir que fluyera la leche. Seguí estimulándome con el sacaleches 4 ó 5 veces al día: primero comenzó a salir una leche espesa y anaranjada, seguramente la que se había producido antes de tomarme las pastillas que se había quedado almacenada. Mientras, Gael se alimentaba en biberón de sus mamás de leche. A los pocos días construimos un relactador con un biberón y una sonda nasogástrica. Así conseguía tomarse media toma, la mejor de las veces, la otra media con el biberón. Era más complicado de lo que parecía. La sonda le daba arcadas si no estaba bien puesta, o no le salía leche, o le salía demasiada. Costaba casi una hora darle 40 ó 50 ml. A veces parecía que no avanzábamos, o incluso que íbamos hacia atrás. Un día no chupaba del relactador, otro no se cogía bien, y las tomas eran eternas. Su papá siempre me mostraba el lado positivo y yo dejaba que me lo enseñara. Cerraba los ojos y nos imaginaba tumbados, tranquilos, yo amamantándole feliz, él casi dormido, moviendo su mandíbula lentamente, a ratos. Soñaba con el calor entre su barriga y la mía…

Los días pasaban y supe convertir el cariño y atención de los que me rodeaban en descanso y esfuerzos para lactar. El TIEMPO se pasaba entre las largas tomas de Gael, la estimulación con el sacaleches y el resto de cuidados; no hacía nada más en todo el día y era mucho, todavía estaba muy débil.

LA LECHE FLUYE BLANCA POR FIN

Hay cosas que no se aprenden en un libro (…)

Felizmente, aquí hay un maestro.

Como siempre.

Todo está siempre “aquí”. Al alcance de la mano. Si se sabe verlo.

Ese maestro –una vez más- es el bebé.

Es él quien va a enseñarle, a instruirla.

Con la única condición de que usted sea modesta.

Y suficientemente simple, suficientemente abierta para seguirlo.

(Frédérick Leboyer)

Algo más de un mes después de su nacimiento un hilito fino de leche blanca desliza del sacaleches al biberón. Fue suficiente para avivar nuestra ilusión. ¡Era tan poca! Pero aún así la poníamos en el relactador. Cada día había un poquito más, y según crecía la cantidad crecía mi apego al bebé. Quería tenerlo tan cerca de mí como fuera posible. Un par de semanas después comenzamos a pensar en dejar el relactador, pero Gael aún era tan pequeño…, ¿tendría bastante alimento? Dudábamos. Fuimos a hablar con la pediatra que lo cuidó al nacer. Nos miró y con la sublime seguridad de los que no tienen miedo, nos dijo que lo habíamos conseguido. Me sentí más ligera, más radiante, más libre.

Al llegar a casa guardamos todos los biberones, las sondas y lo puse al pecho. El cambio fue espectacular, en mí y en el bebe. Él, más activo, por fin lloraba para llamarme, más feliz, y empezó a engordar espectacularmente. Yo, con más fuerza, y ya irreversiblemente vinculada a él. Ahora sí sabía cuidarle, sí sabía amarle. Ese camino de esfuerzo, de dolor, de emociones, de ilusión que es el parto te une para siempre con tu bebé, para que lo puedas querer y cuidar. Cada contracción te permite perder la razón y hacer aflorar el instinto, la pasión. Para nosotros todo eso fue la lactancia que no se nos dio sino que tuvimos que recorrer un largo camino para conseguirla.

Nos queda el reto de aprender tantas cosas, de crecer, de iluminar por todo lo que hemos recibido. El reto de vivir con pasión cada instante.

No hubiéramos podido sin las mamás de la leche regalada, gracias.

No hubiéramos podido sin la iaia que se ocupó de la casa, gracias.

No hubiéramos podido sin los amigos que nos dieron ánimos, gracias.

No hubiéramos podido sin la pediatra que nos quitó el miedo, gracias.

No hubiéramos podido sin la alegría de su hermana que hace imposible no sonreír, gracias.

No hubiéramos podido sin el papá que nos dio amor, cariño, y nos sostuvo cuando los ánimos faltaban, gracias.

Gracias a Gael, la primera vez que nos vimos me dio a beber su intensa luz e hizo que sanara.


Elena Carrió – Diciembre 2007


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17 Respuestas

  1. Hola Elena,

    soy Laura, mamá de Ibai, de 16 meses. Conocí a Sabrina embarazada de Noah en Acuario, donde coincidimos en la preparación al parto y el postparto.
    Cuando empecé a ir a Sina coincidí con ella allí de nuevo, y me comentó que estaba donando leche para un bebé (Gael) cuya mamá estaba muy enferma y no le podía amamantar. LA historia me conmovió, por un lado por el drama en sí de tu enfermedad y del pronto nacimiento de tu hijo, por otro lado porque Sabrina estuviera amamantando a 3 niños a la vez, los dos suyos y uno ajeno.

    Había vuelto a oir de tí en Sina, incluso ví una foto tuya y de Sabrina con vuestros bebés publicada en un periódico.

    Hoy he entrado por mi primera vez en el blog de SINA y he leído tu crónica. He acabado llorando y con los pelos de punta por esta historia de CORAJE y VALOR.
    Quisiera darte la enhorabuena, a tí y a toda tu familia.

    Normalmente me pongo enferma cuando oigo las frases de “Fulanita no ha podido dar el pecho a su bebé porque no tenía bastante leche ” o “porque su leche no era buena”. Hoy tengo un argumento más para animar a las mamás a dar el pecho.

    GRACIAS.
    Un abrazo muy, muy fuerte,

    Laura

  2. Nila Torres

    ELENA ERES SIMPLEMENTE MARAVILLOSA…
    NO SABES CUANTO ME CONMUEVES, TENGO UN HIJO DE 8 AÑITOS Y ESOTY EMBARAZADA DE 30 SEMANAS, LOS TORMENTOS DEL EMBARAZO SIMPRE ME RODEAN, LOS MIEDOS SIMPRE ESTAN PRESENTES. LE PREGUNTO A MI ESPOSO QUE SI LLEGARA A FALTAR LE HABLE DE MI A MIS HIJOS… PERO HOY TU ME HAS DADO ALGO MUY BELLO BORRAR ESOS MIEDOS SACARLOS DE MI MENTE.
    Y DEJARME SOÑAR… NO SABES LO VALORABLE QUE ES LEER ESTO, TAMBIEN FELICITO A TU ESPOSO CUIDALO EL TE AMA.
    TODO ESTO ME LLENA DE AMOR PROFUNDO Y FECUNDO. DIOS BENDIGA ESA AMOR DE FAMILIA Y LOS COLME DE AMOR, QUE ESTA EXPERIENCIA LES SIRVA PARA LIMENTAR DE AMOR TODA SU VIDA.
    Y TU GAEL TIENES UNOS PADRES EJEMPLARES LUCHADORES.
    DESDE AQUI LES DESEO TODO EL AMOR DEL MUNDO. Y TE VUELVO A DECIR ELENA ERES MARAVILLOSA Y TU ESPOSO UN ANGEL…

  3. Concha

    Elena, eres una verdadera “madre coraje”. Conocía algo de tu historia a través de Laura, mi hija, pero al leerla contada por ti expresando toda la emoción de los momentos vividos, me invade un sentimiento de inmensa alegría por ver cómo tu amor de madre es tan fuerte que salva tu vida y revitaliza la de tu hijo.
    Te envío mi apoyo y mi amor por ésta lucha a favor de la defensa de la naturaleza en la crianza.
    Mi cariño a todas la madres, también. Y en especial, a las mamás de Sina.

  4. Leía tu relato mientras amamantaba a mi peque de 4 meses, y me sentí tan emocionada!! gracias por sacarme estas lagrimitas.
    un abrazo.

  5. Hola Elena,

    Gracias por hacer conocer tu historia.

    Eres un gran madre. Has luchado por recuperar el vínculo madre-hijo y por una lactancia que nunca aceptastes como perdida y que después de mucho esfuerzo recuperaste.

    Con tu experiencia seguro que estás ayudando a muchas mamás que no entienden porqué no reconocen a sus hijos después de nacer o aquellas que piensan que cuando se corta la leche ya está todo perdido.

    Un abrazo.

  6. Gracias Elena por contarnos tu historia, me ha conmovido y estoy convencida que servira para que otras madres con problemas mucho menos graves tomen fuerzas y seguridad para amamantar con exito,
    un abrazo,
    Eva

  7. ceci galará

    todavía me ruedan las lágrimas por la cara!
    Porque la lactancia es algo milagroso. Justo antes de leerte mi bebé me llamó, se llenó la pancita y volvio a dormirse acurrucado con su papi. Tiene un año y medio y disfrutamos la lactancia como una fiesta.

    Tu relato esta lleno de amor, y el amor es lo que nos une a todas las madres, y por eso me emocionan así tus palabras.

    Bendiciones para ti y tu familia.

  8. Sin palabras, esto es lo que se llama amor de madre. Gracias por compartir tu historia con nosotras, estoy relactando a mi bebe y esto todavía me ha dado mas fuerzas de las que tenia.
    Un beso enorme para toda tu familia y para ti en especial

  9. He leído muchas veces tu historia y cada vez me emociona más.
    Hoy la he querido compartido en mi blog.
    Gracias Elena, gracias Gael.

  10. […] “Durante el embarazo tuve una infección y me hicieron cesárea. Estuve tres semanas en coma inducido en la Unidad de Cuidados Intensivos de La Fe. El bebé, como era prematuro, estuvo en incubadora. Los primeros días estaba intubado, pero luego había que darle leche”, explica Elena Carrió. […]

  11. eres maravillosa

  12. Gracias por tu relato: Realmente eres un gran mujer y madre. Me dejaste con un nudo en la garganta

  13. Uauh… estoy impresionada y conmovida. Gracias por compartir un testimonio tan inspirador y ENHORABUENA!!!

  14. Tatiana

    ¡Qué sabia es la naturaleza que sabe dar la fuerza necesaria a una madre para que saque adelante! ¡Qué bello es el ser humano que, como obra divina, conoce sus funciones y finalidades! Pero sobre todo, que bello es el Universo que rodea a un bebé, a sus padres a todos aquellos que han hecho posibe este milagro. Enhorabuena por vuestra perseverancia, por vuestros deseos cumplidos y sobre todo por la satisfacción que nos dais a todos aquellos que creemos en la maternidad como la realización de una mujer y la lactancia materna como ese “cordón umbilical” que nos une a nuestro bebé para el resto de nuestras vidas. Un fuerte abrazo.

  15. lourdes

    Elena me paso algo parecido.
    relato un poco mi historia, por si puede ayudar a alguien.
    Tuve a mi hijo el 1 de julio 2011, parto natural ,en muy pocas horas y todo muy bien ( pensé- las clases de goya y la natacion para embarazadas han servido para algo) a los dos dias de nacer nos vamos a casa super ilusionados mi marido y yo.
    Mi hijo me cogio el pecho a los 15 minutos de tenerlo y desde entonces hacia sus tomas muy bien, y la primera semana hizo 300gr de peso, toda familia contentos imaginaros el primero para nosotros y para sus abuelos tanto maternos como paternos.
    y a los 8 dias de su naciemiento empezó nuestro sufrimiento, me dolia la barriga, me decian que eran que el utero se estaba volviendo a su ser(los llamados :entuertos o algo así),
    el dia 9 seguia doliendome, volvia a ir al medico y medecian que tenia un tapon , que me pusiera una lavativa…
    el dia 10 volvi a ir al medico, ya me dolia muho ,que caundo daba el pecho no podia colocarme a mi bebe y le decia no le peges patadas a mami que le duele la barriga, y me digeron que eran gases y me mandaron aerored, esa misma tarde volvi a ir al medico y me dijeron que no sabian lo que tenian que fuera a la capital a urgencia que alli me podrian hacer mas pruebas y asi fué.
    Una vez en el hospital, me hicieron muchas pruebas y NO veían lo que tenia, cada vez me dolia más, hasta el punto de no poder ni andar, me llevaron en silla de ruedas, y luego en camilla, porque estuvien dos dias haciendo las mismas pruebas y nada. al final el cirugano decidio abrir y operarme…dicen que tenia peritonitis en un estado muy abanzado, me limpieron , me quitaron el apendice, y me miraron todo por dentro, hasta llamaron a los ginecologos para que examinaran las tropas, en fin sali de la operacion y en reanimacion pude ver a mi mario y una foto de mi hijo, me dolia los pechos los tenia el triple de mi tamaño y me notaban vultitos, le dije que me trajera un sacaleches y empecé a sacarme la leche cada 4 horas de noche y de dia, como en reanimacion estaba llena de cables y no podia moverme me ayudaban la enfermeras y luego a los 5 dias en la habitacion me ayudaban mi familiares. esa leche la teniamos que desechar porque con la medicacion no era compatible para el bebé.
    Mientras mi hijo tomo biberones de leche en polvo, le dijeron a mi marido que fuera a un banco de leche pero estaba tan nervioso y tenso como para “perder el tiempo de un lado para otro”
    los medico me decian que lo que hacia era una tontería porque mi hijo no volveria a tomar el pecho, y yo tenia tantas ganas de volver a sentir sus labios mamando que me daban fuerzas y le decia- bueno pues si no me coge el pecho se lo doy en bibi que tendrá mas vitaminas que lqas otras leches.

    a los 20 dis llegue a casa y abracé al peque con una fuerza increible, queria transmitirle toda mi energia positiva, mi amor, mi fuerza, mi cariño…..Una vez alli el niño hacia dos tomas de mi leche ,y una de polvo, no tenia pecho para todas las tomas…hasta poco a pococ que iba teniendo mas hasta que casi todas las hacia de mi leche pero en bibi.
    Hasta que un dia “solos” en casa, mi marido puso a nuetro bebé en sus brazos y me lo puso en el pecho, el lo sujetaba y yo le amamantaba, fue maravillosos, una union entre los tres increible. estuvo así un tempo hasta que poco a poco lo puede cojer yo.
    Fue muy importante en todo este tiempo el apoyo de amigas que acababan de ser madres, y de varias asociaciones de lactancia, como la de canarias, o la de malaga y de un libro “Un regalo para toda la vida”, que me lo estuve leyendo y releyendo durante todo el embarazo
    terminando mi relato decir que todo el mundo puede dar el pecho si quiere, solo necesita voluntad como dice elena y apoyo, y gracias a las nuevas tecnologias el apoyo se puede encontrar en muchos sitios, como en este.
    besos a todas las madres lactivistas y ánimo en esa labor tan maravillosa

  16. elblogdesina

    ¡Gracias por tu relato!

  17. SANDRA

    Hola! Uff, que historias! Son muy emotivas! Nada que ver con lo mío. Tengo una niña de dos meses. Cuando nació pesaba 3kg 370g, enseguida me la pusieron en el pecho. Me dieron una pezonera porque tengo pezones planos, cogía bien. Al segundo día ya me estaba subiendo la leche. Al día siguiente nos dieron el alta, pesaba 2kg 900g, me digeron que era normal. A los 15 días teníamos cita con la pediatra, todo bien y que era normal que bajara de peso, 2kg 7oog, yo me empecé a preocupar, todos decían lo mismo, que era normal. La siguiente cita con la pediatra conincidió con su primer mes de vida, todo bien hasta que la pesaron, 2kg 500g, y mira que les dige que me preocupaba ese bajón. Y ellos con lo mismo. Empezó a tomar mixto hasta ahora, ya pesa 4kg y pico, ya se a recuperado, siempre la doy primero el pecho y después el bibe, hace 1 semana que pienso en volver a la lactación exclusiva, el problema es que lleva unos días que cuando le doy el pecho empieza a llorar, con los 2, y no puedo dejarla sin comer, a sique la doy el bibe y se lo toma tranquila, se esté acostumbrando a lo fácil y no me gusta ni un pelo. Hoy a tomado algo, pero lo mismo, la e tenido que dar el bibe. Mi pareja no me apoya, siempre que la doy el pecho le da por discutir y así no puedo, no mama bien como para encima ponerme nerviosa, prefiere que le siga dando el bibe. ¿Cómo puedo empezar a darle sólo el pecho? Gracias. Un saludo a todas las madres!

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